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Todo el Honor

Nuestras vidas suelen girar alrededor de nosotros mismos, así nos ha enseñado la corriente del hombre por el hombre, el humanismo.
Más Dios requiere de nosotros, que le demos un lugar a El, especial, primero, de honor.
Si algo le preguntas al Dios del Universo, si algo has logrado , si algo buscas, comienza por darle a Él el lugar que merece.

Hoy hablamos de darle Honor a Dios como base de nuestra vida, y no con una parte de nosotros,  no de labios, no como una regla. Sino todo, todo el Honor, completo, a El.
“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón, está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un  mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”. Isaías  29.13
Nuestra diaria actitud, debería ser, honrar al Señor, en todo lo que hacemos. Levantar el Nombre de Jesus, como una bandera de honor sobre nosotros,  declararnos bajo Su bandera, y hacerlo a El famoso, no a nuestras actitudes ni menos a nuestros dolores ó problemas, o anhelos.

Miramos tanto a la gente, que olvidamos al Dios que hizo la gente.
Nos concentramos  más en las acciones, que en el Dios que las permite.
Nos enfocamos tanto en los dones, milagros y necesidades, que olvidamos al Dios de toda unción.
Dice el primer y mas grande mandamiento :
Amarás al Señor tu Dios,con todo tu corazón,y  con toda tu alma y con toda tu menteMateo 22.13

Nos concentramos en el segundo mandamiento, y ponemos el enfasis en amarnos a nosotros, o a los demás.
Pero el NO cumplimiento del primer mandamiento , invalida a todos los demás-
Cuando escucho a grandes personas, hablar horas de sus historias y logros personales, me pregunto si yo conozco otro evangelio. El evangelio que yo conozco es tan simple, Dios me ama intensamente, y quiere que yo sea su hija, y que entre en relación personal con El, Dios quiere que yo le ame, y le adore a diario,  y a cambio tiene mil promesas con que añadirme todo y que me sobreabunde, porque El, me ama de una manera obstinada y perfectamente increible.
Y me permite hacer muchas cosas por Su fuerza en mi, pero la gloria sigue siendo suya.

El evangelio que salvó mi vida, está en cada versículo de la Palabra de Dios, que me habla de amor, humildad, salvación. Y de donde colocar mi agradecimiento y honra.

He escuchado muchas palabras  los últimos días sobre qué hacer en la vida, y cómo.
Pero la Biblia, la voz escrita de Dios me dice, que el Padre no busca gente  llena de dones, sino que busca, sencillamente, adoradores
“Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán  al Padre en espíritu y verdad. Porque también el Padre, tales adoradores busca que le adoren”. Juan 4.23

Adorar, es una diaria actitud de dar honor y amor, al Dueño de la vida. Y exige, que dejemos de centrarnos en nosotros mismos, para centrarnos en El. La adoración va en dirección opuesta de mí misma y sale como un río de agradecimiento y honor dirigido al cielo.
La adoración tiene que ver con dar honor a lo que Dios es , es una actitud de dar, de llevarle Honor.
Tal vez mil oraciones de intercesión , no puedan cambiar tu vida. Pero te aseguro, que minutos de adoración real, pueden lograrlo.
Para adorar, necesitas conocer a Dios. Necesitas buscarle cada día con un corazón dispuesto.
Y mientras le buscas con todo tu ser, y le honras, Dios se ocupa de sanarte y suplirte.

Te invito a hacer un alto, salirte de tus problemas personales, salir de todo humanismo centrado en tí mismo o en otros,  poner música de adoración, y  extender tus brazos al cielo, dando Honor, al Rey de toda la tierra, bajo cuyo Nombre, toda rodilla, se doblará.
“Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea Honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”. 1º de Timoteo 1.17

Reflección extraída del sitio http://bahiaesperanza.blogspot.com/

Memoria fallida

LEA:  Salmo 119:33-40
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. —Salmo 119:37
Un artículo en la revista New York Times relacionaba el aumento de almacenamiento en las computadoras con la disminución de datos en la mente humana. Nuestros ayudantes electrónicos ahora recuerdan números telefónicos, direcciones y otras informaciones que solíamos aprender de memoria. En los colegios, la memorización y la recitación oral están desapareciendo del plan de estudios. Según el Times, nos hemos convertido en «productos de una cultura que no hace valer el desarrollo de las habilidades de la memoria».

Y, sin embargo, como seguidores de Cristo, jamás nos hemos encontrado en mayor necesidad de guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones (Salmo 119:9-11). Memorizar las Escrituras es más que un ejercicio mental útil. La meta es saturar nuestras mentes con la verdad de Dios para que nuestras vidas sean conforme a Sus caminos. El salmista escribió: «Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin […]. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino» (Salmo 119:33,37).

¿Por qué no comenzar a memorizar las Escrituras? La constancia y la revisión diaria son elementos clave para el éxito. Y, al igual que el ejercicio físico, esta disciplina espiritual mejora cuando se realiza con un pequeño grupo o con un amigo.

No olvidemos recordar y seguir la sabiduría de la Palabra de Dios que nos da vida.

Ayudar al que sufre

LEA:  1 Corintios 13
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. —1 Corintios 13:13
Al preguntar a personas que sufren, «¿quién te ayudó?», nadie menciona a catedráticos de teología de algún prestigioso seminario ni a ningún filósofo famoso. Todos tenemos la misma capacidad de ayudar a los que sufren.

Nadie puede empaquetar o embotellar la respuesta «apropiada» al sufrimiento. Cuando preguntamos a los que están sufriendo, algunos recuerdan a algún amigo que con alegría los ayudó distrayéndolos de su pesar. Otros consideran ese enfoque insultante. Algunos quieren una charla franca y honesta; otros encuentran dicha conversación insoportablemente deprimente.

No existe una cura mágica para la persona que sufre. Por encima de todo, dicha persona necesita amor, porque este instintivamente detecta lo que hace falta. Jean Vanier, fundador del movimiento L’Arche (El Arca), para los que sufren discapacidad, dice: «Las personas heridas, que han sido quebrantadas por el sufrimiento y la enfermedad, sólo piden una cosa: un corazón que las ame y se comprometa con ellas, un corazón lleno de esperanza en ellas».

Puede que tal amor sea doloroso para nosotros, pero el apóstol Pablo nos recuerda que el amor verdadero, «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:7).

En Su habitual forma de hacer las cosas, Dios usa a personas corrientes para producir Su sanidad. Los que sufren no necesitan nuestro conocimiento, sino nuestro amor.

DESTELLO DE LUZ

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Destello de luz

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Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

Juan 10:9

Hace varios años visité las catacumbas que usaron los cristianos durante la persecución para preservar su vida. La historia de las catacumbas es grande y larga. Las catacumbas no las inventaron los cristianos, ni surgieron por causa de las persecuciones. Eran cementerios subterráneos donde los paganos enterraron a sus muertos durante muchos siglos. No solo en Roma existen las catacumbas. También las hay en Chiusi, Bolsena, Ñapóles, Sicilia oriental y en el norte de África. Cuando Roma se hizo cristiana, los cristianos siguieron sepultando a sus muertos en las catacumbas.
Es interesante que las catacumbas sean tan grandes y que estén tan escondidas que ni un rayo de sol es capaz de penetrar en su interior. Fuera, el sol resplandecía con toda su fuerza, pero dentro de estas cuevas éramos incapaces de ver las palmas de nuestras propias manos. Sin embargo, al encender un fósforo para prender la antorcha, la lobreguez desapareció. Parecía que cuanto más densa era la oscuridad, más hacía brillar un insignificante fósforo. Casi parecía que no hacía falta el sol.
Tan pronto uno acepta a Jesús como su Salvador personal, sus pecados son perdonados para siempre y su destino es alterado drásticamente. Jesús dijo: «Yo soy la puerta» (Juan 10: 9). Al entrar por esa puerta accedemos a una vida totalmente diferente. No más inseguridad, no más temor, no más condenación, no más tinieblas. Una vez fuimos ciegos, destinados a la oscuridad y a la eterna separación de Dios, pero ahora el Sol de justicia nos ha convertido en hijos de luz. Después de que pasamos por esa puerta, Dios desea moldearnos a la «semejanza de su Hijo» (Rom. 8: 29), hasta que nuestro único deseo sea llevar el orgullo al corazón de nuestro Padre celestial.
Hay momentos en que el moldearnos a semejanza de Jesús puede ser doloroso. Parecemos a Jesús implica que hay que desechar el odio, la envidia, la hipocresía y los malos pensamientos, que son factores de nuestra vieja naturaleza que desean regir nuestras vidas. A cambio, desarrollaremos, aunque sea mínimamente, algo de su gloria en nuestra vida que nos convertirá en destellos de luz para este mundo.
Dios quiere que tú desarrolles la imagen y semejanza de su Hijo en tu vida. Quiere que cuanto más densa sea la oscuridad que te rodea, más brille tu luz. Un Hombre humilde, acompañado de sus doce discípulos, puso de cabeza al mundo con su evangelio. El impacto que tú puedes causar hoy a través de la semejanza con Jesús es incalculable.

Octubre, 19 2009

Milagros de todos los días

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Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letra y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Hechos 4:13Regresaba a mi país después de terminar mis estudios en el seminario teológico. En el mismo autobús, y sentado en el asiento de al lado, venía un compañero de estudios. El tiempo no alcanzaba para conversar de todo lo que la explosión de la vida estudiantil que acabábamos de terminar nos sugería. Me contó una anécdota que acababa de experimentar en el restaurante donde el autobús se había detenido para que los pasajeros almorzáramos.
Cuando se dispuso a pagar, la señorita que atendía la caja le dijo: —Joven, usted va a pasar en el autobús por Nicaragua, ¿verdad? —Sí —replicó mi compañero.
Entonces ella le pidió encarecidamente que le entregara a su mamá una cartita que contenía dinero, cuando pasara por ese país. Mi compañero aceptó, pero pronto comenzó a temer que pudiera haber algo ilegal dentro de aquel sobre y que tuviera problemas en la frontera. Así es que se dispuso a abrir el sobre con el dinero que la joven le había entregado. Pero además sacó la carta para comprobar que era cierto que la joven mandaba aquel dinero para su madre. Sus ojos se detuvieron en las primeras líneas de la carta, que decían: «Querida mamá, espero que te encuentres bien. Decidí mandarte esta cartita y el dinero con este joven porque observé su comportamiento en el restaurante. Fue muy paciente cuando la gente se le colaba. Siempre se mostraba muy sonriente con las personas que le servían, y dejó su mesa completamente limpia cuando se levantó. De inmediato supuse que era cristiano y que este sobre no podía estar en mejores manos».
Mi compañero había sido analizado y evaluado sin que lo supiera. La joven cajera pensó que solo un cristiano podía comportarse así. Debemos saber que siempre hay alguien que observa nuestro comportamiento. ¿Qué han visto quienes te han observado? ¿Han llegado a la conclusión de que has estado con Jesús? Cuando los dirigentes religiosos observaron a Pedro y a Juan, llegaron a la conclusión inevitable: «Estos han estado con Jesús». ¿Han llegado otros a la misma conclusión después de observar tu conducta? ¿Cómo nos ven los demás?
Dar un poco más de lo que tu horario exige, llegar un poco antes e irte un poco más tarde de tu trabajo, son, en realidad, pequeños milagros que haces a diario, y que tienen una sola explicación: ¡Has estado con Jesús!

Que Dios te bendiga
Octubre, 20 2009
si tienes un Pedido de Oración cieloestrellaazul@hotmail.com
oramos por ti.

Tiempo de jubilarse

LEA:  Mateo 16:24-28
Y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. —Mateo 16:25
Después de haber trabajado como maestra durante 40 años, Jane se jubiló. Ella y su esposo estaban esperando la llegada de su primer nieto.

La jubilación es ese período en la vida en el que muchas personas simplemente se relajan, viajan o disfrutan de sus aficiones. Pero Jane se enteró de un ministerio que trabajaba con jóvenes en situaciones de riesgo, en una ciudad cerca de su casa, y sintió que debía involucrarse. «Me di cuenta de que hay muchachos que tan sólo están esperando y que yo podía marcar una diferencia», dijo. Comenzó a enseñar inglés a un joven liberiano que se había visto forzado a huir de su país de origen por causa de la guerra civil. Aunque estaba en un ambiente seguro, no entendía el nuevo idioma. Ante esta oportunidad ministerial, Jane dijo con una sonrisa: «Podría ir de compras para mantenerme ocupada, pero ¿me divertiría lo suficiente?»

Jane está marcando una diferencia. Tal vez ha aprendido un poquito de aquello a lo que Jesús se refería cuando dijo: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16:25). Entregarnos al Señor a través de la ayuda a los demás demanda abnegación, pero un día Jesús recompensará ese esfuerzo (v.27).

Sigamos el ejemplo de Jane de amor a Dios y a los demás, sin importar cuál sea la etapa de nuestra vida.

BASTA UNA SAMARITANA PARA CONVERTIR UNA CIUDAD

 

basta una samaritana para convertir una ciudad

Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?. Juan 4:28,29

Lo que no habían hecho los discípulos escogidos, los colaborados más intimos y especiales del Salvador —Pedro, Andrés, Felipe, Natanael…— lo hizo una mujer de corazón valiente, una mujer extranjera que apenas acababa de conocer a Jesús. Lo que ellos habían mantenido en secreto, esta mujer lo publicó inmediatamente. Y, lo que es aún más admirable, en lugar de las burlas, la indiferencia o la hostilidad que cabía esperar, los habitantes de Sicar prestaron oído al relato emocionante de la pecadora; se habían sentido ganados por la sinceridad de su cristianismo y ahora la pequeña ciudad se trasladaba en bloque para ver a Jesús.
Dios tiene necesidad de nosotros. Basta una samaritana para convertir una ciudad. Pero Dios necesita a esa samaritana. No lo puede hacer sin ella. A Dios le hacen falta los apóstoles para difundir el evangelio en el mundo. Esos apóstoles son los padres en el hogar, el estudiante en el colegio, el aprendiz en la fábrica, la costurera en su taller, el empleado en su oficina. Es ese cristiano que habla, que escribe, que lee, para contarle al mundo la alegría, el gozo y la paz que ha encontrado en Jesús. Es el cristiano que enseña a los demás a ilusionarse por el bien. Es el cristiano que hace a los demás amar a Jesucristo a través de su conducta limpia, por encima de todas las cosas. Es el medio más eficaz para evangelizar al mundo.
Dios te llama hoy para ser su instrumento, como la samaritana, en la evangelízación de un mundo perdido. Te necesita para restablecer la paz entre los hombres y para conducirlos de nuevo hacia Dios. El Señor te ha asignado un lugar especial en su viña. Nadie más puede ocupar tu lugar. Eres una persona única; no hay otra como tú. Nadie más puede realizar tu tarea ni ocupar tu lugar. Usa los dones que el Señor te ha dado. Haz la obra del Señor según tus talentos y tus circunstancias. Como la samaritana, abre las compuertas de tu corazón, deja que se desborde tu vida cristiana, tu testimonio, tu gozo, tu salvación. Pon de cabeza a tu ciudad, crea un impacto cada día dondequiera que te encuentres, revoluciona tu vecindario, haz popular a Jesús. Que él sea el tema de conversación, dondequiera que vayas. Deja brillar tu luz.

Que Dios te bendiga,

Octubre, 16 2009

si tienes un Pedido de Oración cieloestrellaazul@hotmail.com

USTEDES DEBEN SER MIS TESTIGOS

Ustedes deben ser mis testigos

             

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:18

        Zacarías, el padre de Juan el Bautista, quedó completamente asombrado, petrificado, cuando el ángel le comunicó la noticia de que su esposa Elisabet concebiría un hijo. No podía creerlo. Había suficientes razones para dudar: su mujer era estéril y ambos eran de edad avanzada. En tales circunstancias, desde el punto de vista humano, era imposible que ella concibiera y diera a luz un hijo.
La incredulidad de Zacarías fue reprendida por el mismo ángel que le dio la buena nueva. «Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar [...], por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo» (Luc. 1:20).
Sabemos que el Espíritu Santo reproduce a Cristo en nuestra vida, pero en el relato del nacimiento de Juan el Bautista hay otra función que el Espíritu Santo desempeña en la formación de la iglesia. Había una multitud orando fuera del santuario mientras Zacarías ofrecía el incienso: «Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario» (Luc. 1: 21). Esperaban escuchar la voz del sacerdote. Deseaban escuchar su bendición. Lamentablemente, Zacarías no tenía voz; estaba mudo, no podía hablar.
Una de las características de Lucas, tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, es que introduce los discursos que presenta con la expresión: -lleno del Espíritu Santo-, Lucas dice que cuando Zacarías fue lleno del Espíritu «al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios- y «profetizó» (Luc. 1:64,67).
El Espíritu Santo le da voz a la iglesia. Cuando una persona es llena del Espíritu Santo, habla y testifica de Jesús. Hace a la iglesia testigo de Cristo. ¿Tienes tú voz para contar al mundo las maravillas de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable? El Espíritu Santo está dispuesto a darnos esa voz que el mundo necesita escuchar. Multitudes están afuera, esperando que tú les hables de salvación.
Cuando escuchamos hablar a niños pequeños no podemos diferenciar si el que habla es un niño o una niña; pero cuando alcanzan la adolescencia, algo pasa con la voz. Tiene más volumen; el sonido cambia. La iglesia lleva ya dos mil años de existencia. Nuestra voz debería ser más fuerte y con más volumen. Las personas deben reconocernos, deben saber quiénes son los adventistas, cuáles son nuestras creencias. No debe haber confusión cuando hablan de nosotros. ¿Tiene Dios una voz en tu hogar, en tu trabajo, en tu universidad? Dondequiera que te encuentres, ¿tiene Dios una voz en ti?

QUE SEMILLA PLANTAS?

¿Qué semilla plantas?

Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrada, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra. 

Marcos 4:31,32

Qué es como el grano de mostaza? El reino de Dios. Nuestro Señor dijo: «¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué lo compararemos? Es como el grano de mostaza-. -El reino de los cielos- y -el reino de Dios-, son lo mismo. Mateo es el único que usa la expresión -el reino de los cielos-. La usa 31 veces. Pero solo usa 5 veces la expresión -reino de Dios-, que es la única que usan los otros evangelistas.
¿Qué es el reino de los cielos? Es uno de los temas más importantes de la Biblia. El •reino de los cielos- o -reino de Dios- era el tema de la enseñanza de Jesús y fue el tema de la predicación de los apóstoles y de los setenta. Muchas de las parábolas de Jesús comienzan con -el reino de los cielos es semejante a”. Su evangelio era la buena nueva del reino. «El “reino de los cielos” se estableció en la primera venida de Cristo. Jesús mismo era el Rey, y fos que creían en él eran sus subditos. El territorio de ese reino era el corazón y la vida de los subditos. Evidentemente el mensaje de Jesús se refería al reino de la gracia divina. Pero, como Jesús mismo lo indicó claramente, el reino de la gracia antecedía al reino de la gloria (ver DTG 201-202; CS 394-3951- [Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 309).
¿Por qué comparó nuestro Señor al reino de Dios con un grano de mostaza? «El germen que se halla en la semilla crece en virtud del desarrollo del principio de vida que Dios ha implantado en él [...), Tal ocurre con el reino de Cristo (...]. ¡Y cuan rápido fue su crecimiento, cuan amplia su influencia! [.'..] Pero la semilla de mostaza había de crecer y extender sus ramas a través del mundo [,..), De esta manera, la obra de la gracia en el corazón es pequeña en su comienzo. Se habla una palabra, un rayo de luz brilla en el alma, se ejerce una influencia que es el comienzo de una nueva vida; y ¿quién puede medir sus resultados?- [Palabras de vida del gran Maestro, pp. 55, 56).
¿Ya está plantada la semilla de mostaza en tu corazón y en tu vida? ¿Estás sembrando muchas semillas de mostaza en el corazón de la gente? ¿Qué semillas plantas?.

Que Dios te bendiga

Octubre, 14 2009

NO LO VEMOS

No lo vemos

Respondiendo Jesús, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?- Y el ciego le dijo: -Maestro, que recobre la vista-. Y Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:51,52

Esta es la inspiradora historia del ciego Bartimeo. Aquí se ven las peculiaridades de la historia de los Evangelios. En Mateo 20:29 dice que eran dos ciegos. Pero aquí y en Lucas 18:35 dice que era uno solo. Nuestro texto de hoy proporciona una valiosa información. Dice que el ciego se llamaha Bartimeo. Hay quienes aseguran que esa palabra significa “hijo de Timeo”, es decir, “hijo de un ciego”. El ciego Bartimeo era hijo del ciego Timeo.
Bartimeo preguntó qué ocurría, pues el gentío que se movía a su alrededor no era normal en Jericó. Cuando le dijeron que Jesús de Nazaret estaba pasando por la ciudad, Bartimeo se estremeció. Hacía tiempo que esperaba esta oportunidad. Jesús estaba cerca y el creía que podía devolverle la vista. Sin perder tiempo, sin ninguna inhibición, comenzó a gritar; -Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí-. Los gritos eran estridentes, casi ofensivos, para un personaje tan importante como Jesús de Nazaret, quien se encontraba en el apogeo de su fama y de su popularidad. La gente comenzó a reprenderlo, diciéndole que se callara. Pero Bartimeo no estaba dispuesto a desaprovechar su única oportunidad de ser sanado por Jesús, y siguió gritando.
“Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle*. ¡Qué gloriosa oportunidad! La Biblia Reina-Valera dice: -Él, arrojando su capa, se levantó». Pero la Biblia de Jerusalén dice que Bartimeo -dio un brinco- para acercarse a Jesús.
-Era el hijo ciego de un padre ciego, lo cual empeoraba el caso, y hacía la curación más maravillosa, y, así, más apropiada para tipificar la curación espiritual realizada por la gracia de Cristo en aquellos que no solo nacieron ciegos, sino de padres que eran ciegos- (Matthew Henry’s Commentary, t. 5, p. 423).
Después de caminar entre sombras, abrir los ojos y observar el rostro de jesús y las cosas maravillosas de este mundo tiene que ser algo indescriptible. Es algo similar a lo que sucede cuando acudimos a Dios en oración y rogamos: -Señor, ten piedad de mí, que soy pecador-, y Dios responde con su inigualable misericordia.
El ruego de Bartimeo fue: -Maestro, quiero ver-. ¿Por qué no hacemos una petición así de sencilla? Necesitamos ver la voluntad de Dios en nuestra vida; necesitamos ver las necesidades físicas y espirituales de quienes nos rodean y, sobre todo, necesitamos ver nuestros pecados. Gritemos, como Bartimeo, -Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi.

Que Dios te bendiga,

Octubre, 13 2009

PERDONATE A TI MISMO

Perdónate a ti mismo

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  1 Juan 1:9

Una señorita emigró a los Estados Unidos. En su Cuba natal había sido una católica muy devota, y acostumbraba confesar sus pecados al sacerdote. En su nuevo hogar; afrontó el problema de que no podía confesar sus pecados en inglés. El problema pronto se convirtió en una crisis. Un día supo que había un sacerdote que hablaba los dos idiomas y, después de dar con él, lo convirtió en su confesor.
Pero un día se encontró con la noticia de que su confesor había sido transferido a otra parroquia y el problema se presentó de nuevo. No tenía a quién confesarle sus pecados. La crisis la llevó a la necesidad de confesar sus pecados en inglés, idioma que todavía no dominaba. Nuestra heroína pidió a una amiga bilingüe que tuviera la bondad de ayudarla a traducir sus pecados para poder confesarse. Ella practicó una y otra vez la frase -Perdóneme, padre; he pecado-, y finalmente llegó al confesionario. Después de pronunciar la frase -Perdóneme, padre; he pecado-, sacó su lista donde tenía sus pecados traducidos al inglés. Pero descubrió que el confesionario estaba muy oscuro y que no podía leer la lista. Intentó una y otra vez leer la lista, pero no pudo hacerlo, y al fin se dio por vencida. Salió del confesionario llorando. Un sacristán que la vio llorando la escuchó decir en un susurro: -No puedo ver mis pecados-.
Aquella fue una declaración muy profunda. Y tú, ¿puedes ver tus pecados? Es decir, ¿no puedes verlos porque los reconoces y los confiesas? ¿No puedes verlos porque Dios ya los ha echado a lo profundo del mar y ahora están tan lejos de ti como lo está el oriente del occidente-, como dice el salmista? ¿0 no puedes verlos porque no los reconoces ni aceptas tu culpabilidad ante Dios?
Nuestro tema de hoy nos asegura que si confesamos, recibiremos el perdón. Es una de las afirmaciones más claras de la Biblia: -Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
¡Qué maravillosa seguridad! Deberíamos aceptar eso con todo nuestro corazón. Lamentablemente, muchas veces seguimos sintiéndonos culpables de los pecados que hace tiempo confesamos. Creemos que Dios nos perdona, pero nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos. Es como si creyésemos que es nuestra obligación sufrir, pagar algo, hacer expiación. A veces confundimos los problemas que vienen como resultado del pecado con algún tipo de castigo por el pecado, y, si sufrimos ese “castigo”, nos sentimos “perdonados”. Dejemos toda duda y aceptemos hoy el perdón divino.

Que Dios te bendiga

Octubre, 12 2009

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