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¡Levántate!

“Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”. Salmo 37:23,24.

Isaías es un joven cristiano. Aprendió a depositar su confianza en Dios desde niño, y las cosas siempre le fueron bien. Hace cinco años, inició un negocio. Iba viento en popa. Lamentablemente, quiso dar el paso más largo que las piernas, y hoy la empresa está hundida en un mar de deudas.


El joven empresario entró en pánico. Se desesperó y, arrodillado, pregun­tó a Dios: “¿Por qué permitiste todo esto, si yo siempre te coloqué a ti en el control de mi empresa?”


Isaías necesitaba entender el texto de hoy. ¿Qué sucede cuando el ser hu­mano permite que Dios ordene su camino? La vida es una experiencia de crecimiento y de prosperidad. La palabra hebrea traducida como “ordenar” es kuwn, que significa afirmar, dar seguridad, establecer. ¿No es eso lo que toda empresa necesita para dar resultado?

Cuando tus pies vacilan caminas con timidez; tienes miedo de arriesgar, no te atreves a avanzar. ¿Qué te falta? ¡Que Dios establezca tus pasos, que dé firmeza a tus pies!

Conozco gente inteligente, capaz, luchadora y tenaz, que no prospera. Cualquier iniciativa termina en frustración. Entonces culpa a los demás y, si no encuentra a otros para culpar, transfiere la causa de su fracaso a la “mala suerte” o al “destino”.

Por otro lado, el hecho de que Dios ordene tus pasos, como es el caso de Isaías, ¿quiere decir que estarás libre de dificultades? ¡No! Vives en un mundo de dolor y tristeza. Muchas veces, tus pies resbalarán; encontrarás hoyos traicioneros en tu senda, trampas, lodo, y hasta arena movediza. Pero, ahí entra la segunda parte del texto: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado porque Jehová sostiene su mano”.


Esta es la figura del padre, que camina llevando a su hijo de la mano. Los pies del niño pueden resbalar, tropezar, porque es niño; pero, mientras el padre lo sostiene de la mano, el niño no queda caído.



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