Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

El propósito del dolor

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15:2.

El versículo de hoy muestra el lugar de las pruebas en la vida del cristiano. -El ser humano no fue creado para sufrir. El dolor es una experiencia intrusa en la vida del hombre, y vino después de la entrada del pecado en el mundo. El dolor nace en la mente del enemigo; pero Dios, en su infinito amor, lo toma y lo transforma en un instrumento de crecimiento y de puri­ficación, para el ser humano. Eso es lo que dice Juan 15:2: “y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”.

El verbo “limpiar”, en griego, es kathairo, e involucra la idea de purifi­cación a través del sufrimiento. El verbo más adecuado sería “purgar”. ¿To­maste purgante alguna vez? Es horrible; pero, más horrible son los efectos colaterales, el dolor de estómago, la incomodidad, el malestar. Pero, a pesar de eso, aceptas el purgante porque sabes que te estás limpiando de las impu­rezas.

Jesús hace lo mismo con nosotros, al permitir que el dolor llegue a nues­tras vidas. Él desea que crezcamos, que seamos limpios. ¿Para qué? Para que llevemos más fruto. Es en el dolor que se aprende a depender de Dios; es a través de las lágrimas que, muchas veces, encontramos lo que habíamos perdido hace ya mucho tiempo: la maravillosa experiencia de comunión con Cristo.

Conozco más de una persona en cuya vida el dolor fue redentor. Mien­tras las cosas iban bien, cayeron en la monotonía de la vida y dejaron a Jesús en un segundo plano. Perdieron el primer amor; se volvieron miembros de un club religioso y nada más. Pero de repente, el cielo azul de esas personas se cubrió de nubes cargadas de tormenta. De un momento a otro empezó la tempestad, y la embarcación parecía zozobrar.

En ese momento, sin saber adonde ir, se acordaron de Jesús y volvieron los ojos hacia él, en busca de ayuda. A partir de ese momento, la vida cristia­na de esas personas se volvió una vida exuberante y llena de frutos, para la gloria de Dios.
Por eso, si hoy no hay sol en tu horizonte, recuerda que “todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”.



Ultimos comentarios
  1. Silvia
  2. Irre
  3. Myrna
  4. lorena
  5. Jonathan Sanchez
  6. hecnoemartz
  7. Gabriel
  8. pastora nicoya
  9. guadalupe contreras armenta
  10. Patricia Gabela
  11. edith pimentel
  12. LUIS ALFONSO
  13. Claudia Velazquez
  14. mercedes
  15. MARYLUZ

Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recibe las nuevas
reflexiones en tu correo!

Escribe tu dirección de email: