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Restauración total

¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Dios vuelve a traer a Sion.

Isaías 52:8.

La carta iba dirigida a la Asociación Publicadora Interamericana y decía así:

“Hace cuatro semanas atravesaba un ataque depresivo muy fuerte. Había planeado encerrarme en mi casa y acabar con mi vida y la de mis hijas, pero ese día un señor llamó al timbre de mi casa con mucha insistencia. No quise abrir. Esperaba que se cansara y se fuera. Ante su insistencia, me dije: “Es un vendedor. Voy a deshacerme de él”. Al abrir la puerta encontré a un señor de baja estatura que me saludo por mi nombre.

-“¿Cómo me conoce usted?, dije.
El respondió muy amablemente:
-“Usted es una persona muy importante y todos la conocen”.
-“¿Qué quiere?”, le dije.
-“vengo a traerle un hermoso tesoro para usted y su familia”.
-“¿Qué es?”, contesté a secas.
-“se trata de una hermosa colección de libros que transforman la vida de las personas”, me respondió.
-“no tengo ningún interés en sus libros, señor. Muchas gracias, retírese que voy a cerrar la puerta”.
El hombre nuevamente insistió:
-“necesito solo un minuto y le mostraré”. Después de tanto insistir, y siendo que me interesaba mi tiempo, compré tres libros. Los tomé y los tiré sobre el sofá.

“yo había planeado quitarme la vida esa noche. Al pasar frente al sofá, me llamó la atención el título de uno de esos libros. A pesar de todo, ¡que linda es la vida! Al empezar a mirar el primer capítulo, titulado “La belleza de la vida”, me sentí identificada con el primer renglón: “ya he perdido las ganas de vivir, todo es triste para mí”. Quedé impresionada y me senté a leer. A medida que devoraba sus páginas, iba sintiendo en mí una transformación. Cuando concluí esa noche el libro, habían desaparecido de mi aquellos planes suicidas. Sentía paz en mi alma. Mi vida desde entonces ha vuelto a ser feliz. Había estado separada de mi esposo y he vuelto a rehacer mi hogar y hoy somos una hermosa familia”.

Al final de su carta, esta señora expresaba su deseo de conocer al autor de la obra y de volver a ver al vendedor del libro. Estoy segura de que ese hermano vendedor aquella mañana puso su vida en manos de Dios para poder ser un canal a través del cual se efectuara un milagro de restauración. Hagamos nosotros lo mismo y salgamos a cumplir el propósito divino en nuestras vidas!!!

Cristo está llamando a hombres y mujeres, empeñados a luchar por la verdad, que no teman predicar el evangelio, por la gracia y el poder del salvador.



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