Ahora es el tiempo aceptable

“En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he

socorrido” (2 Corintios 6:2).

 

PUEDE QUE lo sorprenda, pero no todo lo que se llama arrepentimiento es

genuino. Hay arrepentimiento genuino y arrepentimiento falso.

Un ejemplo de falso arrepentimiento es lo que llamaremos

arrepentimiento pasajero. El apóstol Pablo fue llevado ante el

gobernador Félix. “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del

dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó y dijo: “Ahora

vete, y cuando tenga oportunidad, te llama­ré'” (Hech. 24:25). El

gobernador estaba profundamente convencido, pero su arrepentimiento era

pasajero. Básicamente estaba diciendo: “Ya hablaremos más tarde y, si

te he visto, no me acuerdo”.

Otro ejemplo de falso arrepentimiento es el casi arrepentimiento. El

rey Agripa y su esposa habían oído hablar de Pablo. Agripa era judío

y estaba ansioso de escuchar personalmente al hombre de quien tanto

había escuchado.

“Pablo relató la historia de su conversión desde su empecinada

incredulidad hasta que aceptó la fe en Jesús de Nazaret como el

Redentor del mundo. Des­cribió la visión celestial que al principio

lo había llenado de indescriptible terror, pero que después resultó

ser una fuente de mayor consuelo: una revelación de la gloria divina,

en medio de la cual estaba entronizado Aquel a quien él había

despreciado y aborrecido, cuyos seguidores estaba tratando de destruir.

Desde aquella hora Pablo había sido un nuevo hombre, un sincero y

ferviente creyente en Jesús, gracias a la misericordia transformadora”

(Los hechos de los apóstoles, p. 323). Cuando Pablo terminó su relato,

el rey le dijo: “Por poco me persuades a hacerme cristiano” (Hech.

26:28).

Otro falso arrepentimiento es el arrepentimiento temporal. Cuando yo

era estudiante en Mount Vernon Academy, en Ohio, cada curso académico

tenía una semana de oración en primavera y otra en otoño. La noche

del viernes el orador invitaba a los alumnos para que dieran testimonio.

Se formaban largas colas de estudiantes que querían testificar por el

Señor. Incluso aquellos que con an­terioridad habían mostrado poco

interés por las cosas espirituales, esperaban para dar su testimonio.

Cierto año, cuando la semana hubo terminado, muchos de los alumnos

confesaron que se adelantaron solo porque la emoción del mo­mento los

empujó a sentir arrepentimiento. Pronto volvieron a las andadas.

Mañana veremos las características de un verdadero arrepentimiento.

 

Dios te bendiga,



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