El acto inicial

Por muy grande que sea una obra de teatro o concierto, o cualquier otro acto siempre tiene un acto inicial. Un acto que abre la expectativa, para que el acto principal esté con completa emoción. Para que la gente este expectante a recibirlo, a vivir, a  tener la oportunidad de estar ahí.

Muchos artistas han comenzado siendo el acto inicial. Simplemente porque no eran tan grandes como el que iba a presentar después de ellos. Pero siempre ha sido una oportunidad valiosa ser el acto inicial, porque es la oportunidad de ser un día conocidos a través de otra persona. A ellos lo llaman; teloneros. Y ser telonero siempre es un privilegio. Porque a través de la fama del otro ellos comienzan a ser famosos.

Nosotros debemos prepárarnos para ser el acto inicial antes de la venida de Jesús, porque la venida de Jesús va a ser el acto principal. La gran venida de Jesús va a ser algo poderoso. Una obra majestuosa al cual nosotros tenemos el llamado a hacer todos los preparativos para que la gente este expectante para este día.

Jesús estaba antes hablándoles a los fariseos, llevaba llamándoles la atención de múltiples formas y les venía diciendo que se debían arrepentirse.

En Lucas 13: 6 – 9 dice:

Entonces les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: “Mira, ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno?” “Señor —le contestó el viñador—, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en adelante dé fruto; si no, córtela.”  (Lucas 13: 6-9 NVI)

Yo había pensado muchas veces que las parábolas había sido una estrategia de Jesús para facilitar el entendimiento de ellos, y es todo lo contrario.

En Mateo 13:13  dice:

“13 Por eso les hablo a ellos en parábolas:

»Aunque miran, no ven;
aunque oyen, no escuchan ni entienden.” (Mateo 13:13 NVI)

 

Él lo hacía para que ellos se dieran cuenta para que a pesar de que les estaba hablando con un lenguaje totalmente común, ellos aun así, no iban a entender. Cuando les habla una vez más de esta higuera, está hablando a un pueblo que conoce qué es una higuera, que conoce qué es un árbol que no da fruto y conoce que un agricultor cuando ha sembrado un árbol y no da fruto, pues, lo debe cortar y sembrar algo que sí dé fruto

Entonces, Él les dice que deben arrepentirse, que deben empezar actuar, que deben dar las buenas nuevas, entre más cosas. Pero ellos no dimensionan de los que les está hablando. Y Él les dice esta parábola.

Esta es la relación entre Jesús, nosotros y Dios. La higuera somos nosotros, el que intercede es Jesús y el señor de la finca es Dios. El problema que nosotros tenemos en nuestra vida es que nuestra vida es tan lejana de Dios que no hemos dado frutos de ninguna manera. Dios nos ha dotado de grandes cosas. A algunos les ha dado entendimiento en muchas cosas, les ha dado talentos increíbles como de hacer cosas que nadie mas es capaz de hacer o simplemente le ha dado la capacidad de liderar a otros, como bien el entendimiento de lo que nadie más entiende.

La higuera no se creó solo para ser una higuera, se creó para que por medio de ella hubiera fruto, fruto que llenara la tierra de otras muchas más higueras. Y así la tierra fuera teniendo más. Y Dios dice que nosotros fuimos llamados a preparar el camino, a llevar las nuevas buenas a los demás.

Un hombre que dio ejemplo de esto fue Juan, Juan el bautista. A él lo denominan de muchas formas, el precursor. No porque fue el primero en llevar la palabra, si no, porque simplemente anticipó la venida de Jesús. Por eso en Isaías dice que era la voz que se oía desde el desierto gritando que algo iba a pasar y ese algo era Jesús y él decía que a pesar de lo que el tenia, algo mejor iba a pasar, algo mejor iba a venir. Alguien con el cual ni seria digno de atarle las sandalias.

Cuando le preguntaba que si él era el Mesías, él decía: no soy, yo no soy la luz, yo soy testigo de la luz. Esta frase tan profunda que dijo Juan es lo que nosotros debemos anhelar en nuestra vida. En el sentido que nuestra vida debe ser simplemente testimonio de Jesús, que la gente este anhelando salir de donde está, que la gente anhele simplemente lo que nosotros tenemos, pero no porque nosotros lo tenemos, si no porque, nosotros somos testigos de lo que Jesús ha hecho en nosotros

Muchas personas dicen: Para que llevar flores a una tumba, si lo pudo haber hecho cuando la persona estaba viva? Que bueno que nosotros pudiéramos ser leyendas en vida, leyendas no solamente antes las personas si no en el cielo, porque nosotros seremos reconocidos porque fuimos testigos de la luz de Cristo antes los demás  y simplemente fuimos los precursores de esa segunda venida de Jesús, que nosotros fuimos ese acto inicial que las demás personas quería ver.

Una persona anhela una vida diferente y que usted le diga, yo tengo la repuesta, pero no soy yo, ya pronto va a ocurrir.

Porque somos el acto inicial, nosotros no somos los que vamos a transformar vida.

Nosotros no vamos a convencer a nadie.

Nosotros no vamos a edificar.

Porque si fuera  así en vano seria todo porque, simplemente nosotros perderíamos el tiempo, nos cansaríamos y diríamos “no, esta persona no la convencí, no lo logre”.

Entonces volvemos a Dios un producto que queremos vender de una  otra forma. Y cuando la otra persona no lo compra “bueno, seguiré intentado con otro cliente”. Entonces qué pasa cuando simplemente nos volvemos como la higuera. Estamos ahí estáticos, gastando tierra, gastando oxigeno, gastando agua, consumiendo espacio, perdiendo lo que otra persona podría hacer.

Por eso Jesús lo dijo en otra parábola: a otros les di 10 a otros  5 y a otro 1. Y al que le dieron 1 lo enterró y entonces ese 1 se le dio a alguien que si haría algo con él. Usted puede tener mucho o poco en este momento pero Dios le ha puesto algo en sus manos para que lo administre. Tal vez el problema es que usted está con ojos vendados y no se da cuenta que Dios ya puso muchas cosas en sus manos y que usted no las ha administrado bien. Un colegio, un trabajo, unos compañeros, una familia, un iglesia. Dios ya puso algo en sus manos. Pero si no sabemos administrar así sea, ese 1, Dios no va a darnos cosas más grandes.

Aquí lo interesante de la parábola y es que: entra la voz mediadora de Jesús y no es interesante simplemente, porque es algo importante ahí, sino porque es nuestra esperanza. Usted dice: “no lo he conseguido hasta este momento, no lo he logrado”. Pero  Jesús esta intercediendo antes Dios diciendo:     “tranquilo, dale una oportunidad que él lo va hacer, él lo va hacer, un año, -le dijo-. Un año, por la higuera, un año”

¿Cuánto tiempo le va a pedir usted a Dios para que comience dar fruto?

Yo no soy el primero que busca a Dios cada día diciendo “quiero ser mejor”. Sí, unas veces lo haré y otras no, pero, Jesús nos dio la promesa y la esperanza que él cavaria y abonaría en nosotros, él está intercediendo. Para que nosotros demos frutos, pero eso solo depende de dos cosas;

Uno: Jesús

Dos: a lo que usted decida aferrarse

Juan 15 : 5 – 7

“ 5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.” (Juan 15 : 5 – 7 NVI)

Entonces, como el pámpano que no da fruto estamos nosotros o podemos estar en este momento en nuestra vida. Y Jesús, ahí lo dice, permanecer en él para así dar fruto en abundancia, Si no, simplemente seremos echados al fuego.

Es momento de ser el acto inicial de Jesús, de preparar todo porque el acto principal va a llegar pronto.



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