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Entendimiento

Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón.
Salmo 119:34.

¿Crees que, para ser libre y feliz, debes quebrar todos los tabúes? Depende de lo que llames tabú. Lindomar, por ejemplo, piensa que llegar virgen al matrimonio es un tabú; que eso funcionaba en el siglo pasado, pero que ahora el mundo ha cambiado, y “todos lo hacen”. Pero, la pureza está entre los diez principios eternos, establecidos por Dios para la felicidad del ser humano. Y, si el propósito de esos principios es la felicidad, es impo­sible ser feliz quebrándolos o echándolos a un lado, como si fuesen algo sin importancia.

El texto de hoy expresa el clamor del salmista en busca de entendimiento. La Palabra “entendimiento” puede ser traducida también como sabiduría. Sabiduría es diferente de conocimiento: el conocimiento es solo el almace­namiento de conceptos y datos, pero la sabiduría es el empleo adecuado de estos. Existe mucha gente que sabe mucho, pero ignora la manera de usar ese conocimiento provechosamente.

El versículo de hoy enseña que la manera sabia de vivir es respetando y practicando los consejos divinos, expresados en los principios eternos de su Palabra. Seguir esos principios no siempre es fácil, porque vivimos en un tiem­po en que Dios no pasa de ser un simple detalle; un ser despersonalizado, una energía creadora y nada más. El hombre moderno toma los principios divinos y racionaliza en torno de ellos; filosofa, los interpreta a su manera, discute, argumenta… en fin, hace cualquier cosa, menos obedecerlos.

El resultado es el desvarío loco y alucinado de su corazón. Corre de un lado para otro en busca de sosiego, y no lo encuentra; se hunde en las pro­fundidades más oscuras de sus instintos, en busca de un sentido para la vida, y solo encuentra confusión y soledad. Pero, se resiste a volver los ojos a Dios y a los eternos principios de su Palabra.

Haz de este día un día de sabiduría. Nadie perdió jamás por oír los conse­jos divinos. Nunca alguna persona terminó en caminos de muerte y de locu­ra por andar en la senda mostrada por el Señor. Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos, y serás sabio y feliz.

No salgas a enfrentar los desafíos de hoy sin recordar la oración del sal­mista: “Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón”



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