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¿Siempre tiene hambre?

“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el
hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

En las regiones donde los inviernos son fríos, algunos animales
hibernan; es decir, pasan el invierno durmiendo. Durante el otoño los
animales que hibernan comen más de lo habitual. De ese modo, sus
cuerpos se alimentarán de la grasa acumulada y podrán “dormir” durante
los meses invernales.
Pero los que tienen hambre y sed de justicia no hibernan. Comen el pan
de vida en primavera, en verano, en otoño y en invierno. De hecho, cada
día tienen hambre y sed de justicia. Pero tienen la promesa de que
serán saciados (Mat. 5:6). Alguien puede decir: “Cuando estoy lleno ya
no necesito más”. Es verdad, si se es un oso. Pero un cristiano solo se
alimenta de pan de vida fresco y de agua de vida que necesitan ser
renovados a diario.
Verá, así como es preciso que tengamos hambre y sed cada día porque,
de lo contrario, acabaríamos muriendo, para que nuestra vida espiritual
no muera es necesario que cada día tengamos hambre y sed de justicia. A
diferencia de los osos, que engordan para pasar el largo invierno, no
podemos acumular expe­riencia espiritual para luego echarnos a dormir.
Si no comemos, nos debilita­mos y, finalmente, morimos.
Cuando mi esposa y yo éramos misioneros en Pakistán, vivíamos en la
Escue­la Adventista de Pakistán, que se encontraba en el campo, a unos
sesenta kiló­metros de Lahore. El lugar era excelente para criar a
nuestros hijos. Teníamos un huerto y nuestro propio gallinero. Un día
vi que una de las gallinas no comía; sencillamente, estaba quieta. La
cosa continuó así durante varios días. Sabía que algo andaba mal,
porque las gallinas sanas pasan el tiempo comiendo y rascan­do el suelo
en busca de lombrices. Efectivamente, al cabo de un tiempo murió por
causas desconocidas.
¿Es a la vez un glotón y un amante de la dieta? ¿Un día tiene
hambre y sed de vivir una vida santa y al siguiente se olvida de ello?
Si no nos alimentamos espiritualmente cada día corremos el riesgo de
perder la apetencia por las cosas de Dios. Empezar el día con Jesús es
nuestro desayuno espiritual. A algunos no les gusta desayunar; pero
comenzar cada día con Dios es indispensable para el crecimiento
espiritual.
Aliméntese, sáciese. No hiberne.

Dios te bendiga,



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  1. VIVIANA YURI MEDINA

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