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De todo corazón

 Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro
corazón. Jeremías 29:13.

Hay mucho dolor y tristeza entre las personas, por causa de
relacionamientos quebrados; son heridas que, a veces, el tiempo no logra
sanar. Personas que dicen: “Yo confié en él, o en ella, y me falló”.
El versículo de hoy muestra la salida para algunos de esos problemas.
Dios dijo que lo buscaríamos, y lo hallaríamos si lo buscamos con todo
nuestro corazón. La expresión “todo corazón” es sinónimo de
integridad, veracidad y sinceridad. La since­ridad es la virtud que nos
lleva a decir siempre la verdad y a mostrarnos, delante de las otras
personas, tales como somos interiormente.
 Pero, la sinceridad no es algo que fabricamos: es un fruto del
Espíritu Santo y un valor que debemos tener, con el fin de desarrollar
relaciones hu­manas saludables. El secreto, para ser sincero, es amar.
Pero, amar de todo corazón; no por la mitad. Amar primero a Dios y,
como resultado, al ser humano.
 Lo opuesto de la sinceridad es la hipocresía: decir lo que no es
verdad, lo que no se siente; esconder, mentir, aunque esas mentiras sean
llamadas “mentiras piadosas”.
 Para ser sincero, se necesita tener criterio. Esto significa que,
cuando es necesario decir la verdad, debes utilizar las palabras y las
expresiones co­rrectas. Las personas nunca se sienten heridas por lo
que dices, sino por la manera en que lo dices.
 La sinceridad, también, requiere valor, ya que, a la hora de decir la
ver­dad a un amigo o a una amiga, por ejemplo, la mentira, por piadosa
que te parezca, no se puede justificar por el “miedo de perder una buena
amistad”.
 La persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le
cueste; sin temor al qué dirán. Ya que ser sorprendido en la mentira
es más vergonzoso.
 Al ser sinceros, somos honestos con los demás y con nosotros mismos,
convirtiéndonos en personas dignas de confianza, por causa de nuestra
au­tenticidad.
 Haz de este un día de sinceridad. Pero recuerda: “Y me buscaréis y
me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

 DIOS TE BENDIGA,



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