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Frutos Limpios

destacados cuentos para reflexionar , pensamientos cristianos, oraciones cristianas, mensajes cristianos para jovenes, devocionales cristianosPorque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los
muchos serán constituidos justos. Romanos 5:19

El enojo en sus ojos era atemorizante. Mirando fijamente al horizonte,
trataba de encontrar palabras que no lo lastimasen tanto, pero no las
hallaba.
-Yo… yo soy así. ¿Qué puedo hacer? ¡Es mi naturaleza, mi destino,
mi suerte; y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo!
Mucha gente piensa que jamás podrá cambiar de vida, y justifica sus
errores, con la idea de apagar la voz de la conciencia. ¿Tienen ellos
la razón? Hoy, tal vez, te levantaste con el sabor de la derrota en tus
labios; te duele la cabeza intensamente; tu cuerpo siente la resaca de
ayer. Y, mirándote al espejo, te sentencias: Soy así, ¿qué puedo
hacer?
La Biblia habla acerca de la naturaleza pecaminosa del ser humano.
Des­de que venimos al mundo, traemos la inclinación hacia el mal. El
versículo de hoy menciona la desobediencia de Adán como puerta de
entrada del mal a la vida de todos. El árbol de la humanidad fue
contaminado en su raíz, y los frutos son malos.
La vida del ser humano es una incansable lucha en contra de la
natura­leza pecaminosa. Creo que nadie, en sana conciencia, desea hacer
el mal; a nadie le gusta tropezar y caer a cada rato. No le hace bien a
nadie prometer y prometer, sin nunca cumplir.
El texto de hoy presenta un contraste entre Dios y el hombre: si, por
un lado, el pecado atacó la raíz de la humanidad y contaminó todos
los frutos, por el otro, Cristo venció el pecado, y trajo solución y
cura.
Al comenzar un nuevo día de tu historia, recuerda que todos tenemos una
naturaleza mala, pecaminosa, que se deleita en vivir lejos de Cristo y
que prefiere vivir ajeno a la voluntad de Dios. El Señor Jesús, con el
suave pañuelo de su justicia, nos limpia con cariño; nos limpia de
todo y nos llama justos.
Cuando por algún motivo te sientas indigno; en las horas de mayor
an­gustia, en los momentos de total desánimo; cuando el martilleo de
la culpa te golpee sin cesar, recuerda: “Porque así como por la
desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores,
así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos
justos”.



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