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Todos podemos tener éxito

 

 Cada vez que los príncipes de los filisteos salían en batalla, David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por lo que su nombre llegó a ser muy estimado.

1 Samuel 18:30

David tuvo más éxito que todos sus hermanos. Daniel tuvo mis éxito que todos sus compañeros, Pablo tuvo más éxito que todos los demás apóstoles. ¿Por qué? ¿Qué tipo de éxito? Por otra parte, Haydn murió enfermo en Viena cuando los franceses tomaron la ciudad; Beethoven murió en tristes condiciones; Mozart bajó al sepulcro acompañado únicamente por el empresario de pompas fúnebres; Schubert, desilusionado, murió a los 31 años de edad. Pero todos tuvieron éxito.
Hay un tipo de éxito que es espiritual mente malsano. Es el que se alcanza pisoteando a otros para sobresalir; el que sacrifica la salud física y mental y a los seres queridos; el que cede a la avaricia, la envidia y la soberbia; el que convierte al hombre en admirador de si mismo y buscador del aplauso de los demás. Un padre dio una vez el siguiente sabio consejo a su hijo: “Estoy muy interesado en la profesión que vas a elegir. No me gusta influir sobre ti demasiado. Solo asegúrate de lo siguiente: que cualquiera sea tu decisión, poco importa, si solo sigues nuestra gran vocación común, el servicio de Cristo”. ¡Qué diferencia con las palabras de Adolf Hitler en su libro Mem Kampf (Mi lucha): «El éxito es el único juez terrenal entre el bien y el mal”!
«Dios no ve a las personas de éxito como nosotros las vemos. Nosotros vemos el éxito en forma exterior. Dios ve el éxito en forma interior. El verdadero éxito brota de ciertas cualidades de carácter: la sencillez, la cortesía, la obediencia, la devoción a una causa digna. Puede ser acompañado por la prosperidad material o no; puede conducir a dignificar una posición o no; puede llevar hasta la fama entre los hombres o no; pero será éxito a la vista de Dios” (Gerald L. Minchin, Los portales del reino, p. 116).
El éxito de David era éxito a la vista de Dios. Durante muchos años vivió como ungido de Dios para ocupar el trono de Israel, pero no lo dijo a nadie. Nunca se jactó. Nunca alardeó. Resistió la tentación de hacer valer sus derechos al trono durante siete años mientras Saúl lo perseguía. Solo accedió al trono cuando Dios se lo señaló. Cuando las circunstancias aconsejaron el importante paso, no hizo nada hasta consultar con Dios:
“¿Subiré a algunas de las ciudades de Judá?” Y Dios le dio indicaciones.
Sé humilde, sincero, dedicado, fiel, esforzado y prudente, y tendrás éxito según Dios.

Que Dios te bendiga,

Octubre, 03 2009

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