Avergonzado

No entiendo por qué a algunos ‘creyentes’ les avergüenza el hecho de reconocer que son cristianos evangélicos. Algunas de sus reacciones son, esconder la Biblia debajo del brazo cuando van para el culto, no hablar de Cristo en conversaciones cotidianas y si les preguntan si son evangélicos, sencillamente no saben qué responder en público y es como si se abochornaran de lo que son. Yo en algún momento recién convertido sentí vergüenza, pero la vencí. Eso mismo le sucedió a Pedro cuando el Señor Jesús fue entregado y le negó tres veces (Lucas 22:54-62). Esa es la reacción que tienen muchos creyentes frente a sus amigos, pero ¿qué nos enseña la Palabra de Dios al respecto?

“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación, los judíos en primer lugar, pero también los que no lo son” (Romanos 1:16 DHH). Lo que la Palabra nos enseña primeramente es a no sentir vergüenza. El Apóstol Pablo, autor de la epístola a los romanos, tenía muchos fundamentos para sentir vergüenza, pues él era perseguidor de la iglesia y creía que lo que hacía estaba bien; no obstante venció esa condición cuando tuvo su encuentro sobrenatural con Jesús y se arrepintió y le reconoció como el verdadero Hijo de Dios para luego empezar un ministerio que lo llevaría a fundar cualquier cantidad de iglesias por todo el mundo, tener muchos discípulos y escribir 14 de los 27 libros que componen el nuevo testamento, es decir casi la mitad del NT fue escrito por este personaje. La condición de vergüenza, en ocasiones, la sentimos porque somos diferentes a los demás, no nos comportamos como la gente ‘del mundo’ y tampoco participamos de las cosas ‘del mundo’.

Cuando el Señor Jesús fue a dar cumplimiento de la profecía al ser crucificado, no creo que haya sentido vergüenza de hacerlo por ti, dice la Palabra que, “Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca” (Isaías 53:7 RVA2015) y entregó su propia vida en rescate por muchos, entre ellos tú, que lees este mensaje, y yo. Ese sentimiento de vergüenza es el que el enemigo quiere que sientas para que no se pueda cumplir la promesa de ser reconocido delante de Dios Padre. ¿Qué pasará con aquellos ‘creyentes’ que se avergüenzan del Señor Jesús? Esta es la respuesta: “porque cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:38 NBLH). Si te avergüenzas de Cristo aquí en la tierra, Él también se avergonzará de ti, pero en el Reino de los Cielos, ¿vale la pena arriesgar tu salvación por ello?

Entonces, más bien la pregunta es ¿por qué no sentir vergüenza del evangelio? Porque es salvación para el que cree, lo cual nos enseña que por vergüenza puedes ponerla en peligro. No sé si has sentido este sentimiento recientemente o desde hace un tiempo ya te has sentido así. La Palabra de Dios dice que ella misma es “útil para enseñar, para reprender, para corregir” (2 Timoteo 3:16 LBLA), no hay argumentos ni razonamientos humanos en esta reflexión, todo lo que en ella hay tiene una base bíblica; no hay necesidad de sentirse avergonzado por el regalo que has recibido ni por lo que Jesús hizo por ti en el madero. Cierro con este verso, dice el Señor Jesús, “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13 RVR1960), así es como te ve el Maestro, como su amigo, qué hermoso. Deseo que este devocional haya hablado a tu vida tremendamente, así que no olvides compartir, pues otros también lo recibirán alegremente, sé de bendición hoy y siempre.

Bajo la guía del Espíritu Santo,

Sergio Meza Padilla



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