CAMBIO DE ORDEN SACERDOTAL

Cambio de orden sacerdotal

Dios lo nombró sumo sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 5: 10)

AUNQUE EL SACERDOCIO AARÓNICO, y especialmente el sumo sacerdocio del santuario, era un símbolo del Mesías venidero, de acuerdo al autor de Hebreos hay una gran diferencia entre aquel sacerdocio y el de Cristo. En cierto sentido, el sacerdocio espiritual de Cristo no es modelado por el sacerdocio aarónico, sino por el de Melquisedec. Veamos: «Y en otro pasaje dice: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”» (Heb. 5: 6).
La razón de este cambio se debió a que, de acuerdo a la Escritura, el Mesías sería descendiente de David, y David pertenecía a la tribu de Judá, no a la de Leví, que era la tribu a la que pertenecía Aarón. Si el Mesías iba a venir del linaje de David, entonces no podría ser sacerdote, ya que solo los descendientes de Aarón podían serlo, de acuerdo a la estipulación divina. El argumento del autor de Hebreos de que Cristo era el sacerdote tipificado por el sacerdocio levítico, quedaba sin efecto, ya que se podría argumentar que Cristo no era descendiente de Aarón. Pero nuestro autor dice, citando el Salmo 110, que Cristo fue sumo sacerdote de acuerdo a otro orden sacerdotal, el de Melquisedec. Este fue un giro de interpretación muy importante, que Pablo hizo para mantener de manera consistente el sacerdocio de Cristo, ya que las funciones de sumo sacerdote y de rey se consideraban distintas y separadas por decreto divino. Los descendientes de Aarón no debían ser reyes, ni los reyes debían ejercer el sacerdocio. Esto lo reconoce el autor de Hebreos: «En efecto, Jesús, de quien se dicen estas cosas, era de otra tribu, de la cual nadie se ha dedicado al servicio del altar. Es evidente que nuestro Señor procedía de la tribu de Judá, respecto a la cual nada dijo Moisés con relación al sacerdocio» (Heb. 7: 13, 14). El sacerdocio de Cristo es, entonces, un sacerdocio diferente, un sacerdocio espiritual.

Sacerdote para siempre

Tú eres sacerdote para siempre (Salmo 110:4).

DE ACUERDO A LA LEY del sacerdocio aarónico, los sacerdotes no podían ser reyes, ni los reyes podían ser sacerdotes. Dios lo estableció así. Durante la época hasmonea, los macabeos, que eran sacerdotes, se declararon también reyes, y hubo un gran conflicto entre los judíos, ya que muchos creían que eso estaba en contra de la voluntad de Dios. Sin duda, había personas que recordaban que el rey Uzías, que fue un rey muy poderoso, trató también de ejercer las funciones sacerdotales, y fue castigado severamente por Dios.
Pero el orden sacerdotal al que pertenecía Melquisedec era diferente. Para comenzar, él, además de sacerdote, era rey de Salen. Es decir, juntaba en su persona el reinado y el sacerdocio. Justamente como sucede con la persona de Cristo. Él, como Mesías y descendiente de David, es el rey de Israel, pero por decreto divino es sacerdote espiritual de su pueblo, tal como era Melquisedec. Por eso, Cristo fue declarado sacerdote según un orden distinto, porque el orden terreno no alcanzaba para explicar su sacerdocio espiritual.
El orden sacerdotal de Melquisedec se presta mejor para hablar del sacerdocio de Cristo. Los sacerdotes aarónicos morían y tenían que ser sustituidos por sus hijos, a fin de que su servicio tuviera continuidad. Pero el sacerdocio de Melquisedec es distinto: «No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre» (Heb. 7: 3). Como en el registro bíblico, la figura de Melquisedec surge de repente, sin algún antecedente ni información posterior, quedando, por así decirlo, suspendido en el tiempo. Esto lo asemeja al Hijo de Dios, quien tiene un sacerdocio eterno, porque vive para siempre.
Esta es otra característica que hace que el orden sacerdotal de Melquisedec sea superior al sacerdocio levítico: «Y lo que hemos dicho resulta aún más evidente si, a semejanza de Melquisedec, surge otro sacerdote que ha llegado a serlo, no conforme a un requisito legal respecto a linaje humano, sino conforme al poder de una vida indestructible» (Heb. 7: 15, 16).

Que Dios te bendiga,

Octubre, 30 2010



Ultimos comentarios
  1. aida naranjo

Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recibe las nuevas
reflexiones en tu correo!

Escribe tu dirección de email: