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CRISTO, SACERDOTE FIEL II

Cristo, sacerdote fiel II

Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos. Él fue fiel al que lo nombró (Hebreos 3: 1, 2).

EL AUTOR DE LA CARTA a los Hebreos habló del ministerio de Cristo en términos del ministerio sacerdotal del santuario. Pero para Pablo, las diferencias entre ambos sacerdocios son tan notables como los parecidos. Cristo fue tentado en todo, pero sin pecado. Este concepto de la inocencia de Jesús es realmente extraordinario. Es verdad, como ya vimos, Jesús no tenía inclinación al mal. No nació con tendencia al pecado, como nosotros, porque no vino a ocupar nuestro lugar, sino el lugar de Adán, que tampoco fue creado con tendencia al mal. Tenía, como Adán, la posibilidad de ser tentado y de ceder a la tentación, porque no fue creado impecable. Pero, a diferencia de Adán, escogió ser fiel.
Esto hace que su sacerdocio sea mejor y más excelso que el sacerdocio aarónico. Aarón no fue siempre fiel al que lo nombró. Para comenzar, al mismo pie del monte Sinaí, bajo la presión del pueblo, hizo un becerro de oro, y dijo: «Israel, ¡aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto!» (Éxo. 32: 4). De allí en adelante cometió muchos pecados, y a menudo fue infiel. Por esta razón tenía que ofrecer un becerro para su perdón y el de su familia en el Día de la Expiación (Lev. 16).
Pero Jesús no tuvo que hacer esto, porque fue intachable y fiel sumo sacerdote. Notemos: «Nos convenía tener un sumo sacerdote así: santo, irreprochable, puro, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos. A diferencia de los otros sumo sacerdotes, él no tiene que ofrecer sacrificios día tras día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo; porque él ofreció el sacrificio una sola vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo» (Heb. 7: 26, 27).

Sacerdote elegido por Dios

Se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! (Filipenses 2: 7, 8).

DIOS ELIGIÓ A AARÓN para ser sumo sacerdote y representante del pueblo delante de él. Aarón no se eligió a sí mismo, sino que Dios le confirió el cargo. La Escritura dice: «Nadie ocupa ese cargo por iniciativa propia; más bien, lo ocupa el que es llamado por Dios, como sucedió con Aarón» (Heb. 5: 4). Hubo muchos que pensaron que era injusto que Dios eligiera solo a Aarón y su familia para desempeñar esa función. La rebelión de Coré, Datan y Abiram sirve para ilustrar el asunto. Coré y otros levitas, así como otros líderes del pueblo, pensaron que había injusticia en el nombramiento exclusivo de Aarón y su familia para el cargo sacerdotal. Pero Dios, por medio de una intervención dramática, donde la tierra se abrió y tragó a los líderes rebeldes, y con el milagro del reverdecimiento de la vara de Aarón, dejó claro, de una vez y para siempre, cuál era su voluntad. Dios es soberano y elige al que quiere.
El principio fundamental de la democracia moderna, en la que el pueblo elige a sus representantes, no funciona aquí. La razón es doble: En primer lugar, Israel no tenía una democracia, sino una teocracia; en segundo lugar, no se podía nombrar a cualquiera para un cargo tan importante donde había tanto en juego. Por eso Dios ejerció su derecho de escoger al representante del pueblo.
Del mismo modo, Jesús no se eligió a sí mismo como sacerdote. Dios lo eligió: «Tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino que Dios le dijo: “Tú eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado”» (Heb. 5: 5). Y en el siguiente pasaje dice: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquísedec» (vers. 6).
Cristo, como Hijo, aceptó la comisión de su Padre de venir al mundo a representar a los seres humanos ante Dios, con todo lo que esto implicaba.

Que Dios te bendiga,

Octubre, 28 2010



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