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¿Danzar para vivir o vivir para danzar?

JazzPicA veces mis amigos o personas que me conocen de toda la vida, me preguntan si siempre supe que quería bailar, o si siempre lo quise; lo cierto es que ni yo misma recuerdo como sucedió. Solo recuerdo que veía ballet por televisión e intentaba imitar los movimientos de las bailarinas, o cuando pasaban las películas de Barbie, mi parte favorita era “La marcha de los juguetes”, entonces comenzaba a bailar sin parar.

Feliz puedo decir que lo que más adoro hacer en la vida es bailar, precisamente porque la vida es eso, movimiento puro. Desde que comencé a bailar, tuve muy claro que si iba a hacerlo lo haría bien y en serio, todos los días, sin importar la distancia o el clima.

Sin embargo los años pasan, crecemos y entonces las cosas cambian y aunque amo la danza surgieron en mí ciertas inquietudes que no sabía cómo responderme, pensaba que era demasiado injusto pensar en la danza antes que en todo lo demás, no me gustaba no ir al boliche porque justo al otro día tenia ensayos o una presentación y debía estar descansada; no me gustaba no comer helado porque me engordaba, no me gustaba no poder ir al cine con mis amigos porque tenía clase.

A pesar de todo, siempre había algo en mi cabeza que me hacía pensar, que todo lo que no hacía o dejaba de hacer por la danza no era un sacrificio, era solo un esfuerzo. Hoy tengo diecisiete años y puedo decir que hago lo que amo y amo lo que hago.

¿Qué te hace un mejor bailarín? No solo conocer el arte, pasarte horas practicando, asistir a un millón de clases. Para mí no se trata solo de eso, existe algo de lo que los maestros se olvidan, vivir también te hace un mejor bailarín, salir con tus amigos, viajar con tu familia, estar en el cumpleaños de tu abuela, enamorarte, comer helado los sábados, todas y cada una de las experiencias que la vida misma logre darte, se verán reflejadas en tu danza y de eso se trata, no es mejor bailarín el que tiene las mejores extensiones o un súper empeine; sino quienes viven la danza y danzan la vida.

Pensar en danza 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Puede ser la opción cuando te das cuenta de que no eres o mujer o bailarina, que no tienes que elegir entre enamorarte y crecer en tu profesión; en esta vida hay tiempo para todo y yo tengo claro que no soy mujer o bailarina, soy ambas, no cambiaría mi vida en la danza por nada en el mundo, pero tampoco cambiaría mi vida como mujer por la danza. Amo, vivo, río, creo, crezco, disfruto, como, corro, lloro, sufro, caigo, sueño… ¡Danzo!

La danza no es para sufrir, nunca lo fue, pero claro que duele y para quienes dicen que hay que ser egoísta voy a responderles que no podría olvidarme de aquellos que me han apoyado en mi camino, sería el mayor acto de ingratitud, porque no llegué hasta aquí sola y prefiero danzar la vida que danzar para vivir.

Para una bailarina, la vida es un escenario y debemos brindar nuestro mejor espectáculo.



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