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DIA SANTO

Día santo

Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo (Éxodo 20: 11).

LA TERCERA COSA QUE DIOS hizo con el séptimo día fue santificar­lo: «Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó» (Gen. 2: 3). ¿Qué significa santificar? El diccionario nos dice que santificar es hacer santo a alguien o algo; consagrar a Dios algo o alguien; reconocer al que es santo, honrar y servirle como tal. El uso bíblico sugiere que santificar es apartar a alguien o algo para un uso santo. De allí que nuestra versión sugiere la palabra con­sagrar: Dios «consagró el día de reposo» (Éxo. 20: 11).
En el santuario terrenal que construyeron los israelitas en el desierto, así como en los templos erigidos posteriormente, había muchas cosas santas, cosas consagradas a Dios. El santuario o templo era santo, los muebles, los utensilios usados, los sacerdotes, todo era santo, consagrado a Dios. Ninguna persona ordinaria podía entrar al santuario, nadie común podía manipular los muebles y utensilios, y los sacerdotes no debían ser personas comunes. La razón de ello no estaba en la naturaleza de las cosas, sino en el hecho de que habían sido santificadas o consagradas a Dios. Por introducir un fuego que no era el del santuario, Nadab y Abiú murieron en la presencia del Señor (Núm. 3:4); Uza cayó muerto, porque siendo una persona ordinaria tocó el arca del Señor (2 Sam. 6: 7); Uzías, aunque era rey, se atribuyó el derecho de oficiar en el ritual sagrado del santuario, y fue condenado a la lepra hasta su muerte (2 Cron. 20: 19-21). Lo que Dios declara santo y consagrado a él, no debe usarse con fines y propósitos comunes.
Así que resulta que esta declaración bíblica de que el día de reposo fue santificado o consagrado, nos dirige la atención al hecho de que ya no es un día común y corriente. Es un día apartado para un uso sagrado; no se lo debe usar para fines comunes. Por eso existía esta ley en Israel: «Quien haga algún trabajo en sábado será condenado a muerte» (Éxo. 31: 15).

Que Dios te bendiga,

Junio, 17 2010

Día de fidelidad

Trabajen durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, será para ustedes un día de reposo consagrado al Señor (Éxodo 35: 2).

EL SÁBADO ES UN DÍA CONSAGRADO por Dios para uso espiritual, no debe ser tratado como tiempo común. El Señor lo separó para que fuese usado para la adoración individual y corporativa. De allí la razón por la que en el sábado no debería hacerse labor habitual, es decir, el trabajo diario que hacemos para ganarnos la vida. La santidad del sábado no se debe al hecho de que es un día distinto a los otros días. No hay nada mágico en el tiempo en sí. Su santidad estriba en que fue consagrado por Dios. Los hombres no lo separaron ni le dieron ninguna dignidad especial. Fue Dios el que lo hizo después de seis días de labor creadora. Si como seres humanos, hace­mos una diferencia entre este día y otros días, lo hacemos porque él lo dijo. Por la obediencia y lealtad a Dios, el sábado llega a ser distinto.
Eso nos lleva al punto importante de que la observancia del sábado distingue a los que quieren servir a Dios de los que no lo desean. La observancia fiel de este día llega a ser una señal distintiva del que obedece a Dios, porque no hay otra razón válida para observar ese día que el hecho de que se quiera obedecer a Dios. Por eso las Escrituras hablan del sábado como una demos­tración de lealtad a Dios: «En todas las generaciones venideras, el sábado será una señal entre ustedes y yo, para que sepan que yo, el Señor, los he consagrado para que me sirvan» (Éxo. 31: 13). «También les di mis sábados como una señal entre ellos y yo, para que reconocieran que yo, el Señor, he consagrado los sábados para mí» (Eze. 20: 12). Se hace claro que cuando observamos el sábado no lo hacemos para nosotros, sino para Dios. No es un día de des­canso egoísta, sino de oportunidad para intimar con el Creador.

Que Dios te bendiga,

Junio, 18 2010



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