DOS TIPOS DE TERQUEDAD

Dos tipos de terquedad

Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo majados con el pisón, no se apartará de él su necedad. Proverbios 27:22
La terquedad es un grave defecto. Una persona terca es la que no quiere aprender, la que es inflexible, la que se aferra firmemente a su propia opinión sin dar cabida alguna a las opiniones de los demás. Una persona terca es incorregible. Puede ser que nunca crezca ni se desarrolle porque cree que todo lo sabe y que no hay nada nuevo que aprender. También es una persona que nunca admite sus errores, y no hay manera de inducirla a cambiar su forma de pensar. Quizá en más de alguna de estas descripciones describo tu personalidad, o la mía. Probablemente, sin que tú y yo lo sepamos, haya personas que nos conozcan y que piensen que somos tercos en un sentido u otro. Y también deberíamos preocuparnos por ello, porque si dos o más personas han pensado eso de nosotros, lo más probable es que tengan razón.
Quizá en cierto sentido podríamos decir que hay dos tipos de terquedad: la terquedad que fluye del Espíritu Santo y la que fluye de la carne, o la necedad, como dice el sabio Salomón. En palabras sencillas, hay un tipo de terquedad buena y una mala. ¿No podríamos llamar, en sentido figurado, “terquedad” a la firmeza de convicciones que el Espíritu Santo pone en la mente del cristiano convertido y fiel? Cuando el Espíritu Santo ha convencido al cristiano de algo, muchos pueden creer que está dominado por la terquedad. Pero no tienen razón. El cristiano que se aferra con todo su ser a una convicción de principios no es terco.
¿Será que como seres humanos procuramos aferramos a convicciones egoístas cuyo único objetivo es probar que uno siempre tiene razón, inasequible a la equivocación? Si es así, entonces nos estamos aferrando a nuestro orgullo personal. La persona que tiene un gran ego tiene una inseguridad tan grande como su propio ego.
Dios permita que hoy sea para nosotros un día decisivo en el que podamos hacer un cambio radical, un día para pedir a Dios que nos saque del pozo de la terquedad y nos sitúe en la roca sólida de los principios. Después de eso, que digan los demás lo que quieran. Nosotros nos aferraremos a nuestras convicciones grabadas en la tabla de nuestro corazón por el Espíritu Santo.
No seamos necios, sino firmes en nuestras convicciones, para que cuando Dios nos vea diga que somos hombres y mujeres conforme a su corazón.
Dios te bendiga,

Octubre 31

Aprende de los demás

Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. 1 Corintios 10:11
Hace algún tiempo leí acerca del empleado de una empresa que estaba muy molesto porque no recibía ningún ascenso. Llevaba muchos años en el mismo puesto y con el mismo salario. Se dirigió al despacho de su jefe y le dijo: «Tengo veinticinco años de experiencia. Sin embargo, la empresa no lo ha tenido en cuenta». El jefe respondió: «No, Roberto. Usted tiene un año de experiencia repetido una y otra vez a lo largo de los últimos veinticinco años».
Repetir la misma lección, la misma experiencia, año tras año significa que uno está estancado, que no aprende lo suficiente. Es imprescindible avanzar e ir más allá en el aprendizaje. No permitamos que el egoísmo cierre nuestra mente y ciegue nuestros ojos para no ver y aprender del ejemplo de otras personas. Pensar que ya lo sabemos todo y que somos mejores que los demás es ser orgullosos y detener nuestro progreso. Seamos humildes. Estudiemos a aquellos que han tenido éxito, donde deseamos tenerlo nosotros, con el propósito de descubrir qué hacen y qué no hacen.
Ben Feldman dijo: «Solamente un insensato aprende de su propia experiencia». Y el apóstol Pablo enseña que lo que les sucede a los demás constituye un ejemplo para nosotros. Se trata de lecciones que debemos aprender para no cometer sus mismos errores.
Los personajes bíblicos tienen mucho que enseñar. Selecciona a algunos de ellos y aprende, para tu propio bien, en cuanto a su conducta, su actitud, su respuesta ante Dios, la forma en que reaccionaron en diferentes circunstancias, y las situaciones que la vida les presentó. Si enfrentas una tentación que se repite vez tras vez, fíjate en José. Si quieres saber cuál es el precio de ser leal a Dios, entonces estudia la vida de Daniel. Si quieres conocer el resultado de murmurar contra los siervos de Dios, contempla el caso de María y de su hermano Aarón. Si quieres saber lo que significa golpear la piedra cuando Dios dice que te limites a hablarle, entonces pregúntale a Moisés. Si deseas superar tu complejo de inferioridad, acude a Gedeón. Para levantarte del fracaso, dirígete a Pedro. Para la asunción de riesgos, vete a la reina Ester.
Hoy sé honesto y abierto. Debes estar dispuesto a aprender. Acércate a la Palabra de Dios y enriquece tu vida. Todo lo que les sucede a otras personas es también un ejemplo para ti.
Que Dios te bendiga,

Noviembre 01

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