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EL CONOCIMIENTO DE DIOS

El conocimiento de Dios

La ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo (Juan 1:17).

PORQUE CRISTO HA VENIDO A ESTE MUNDO, y él es la vida, la vida está a la disposición de quienes lo aceptan. El dijo: “Yo soy el pan de vida”, y el que come de ese pan vivirá para siempre. Pero esta vida eterna que Cristo trae, se obtiene por medio del conocimiento de Dios. Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero (Juan 17:3).

El Antiguo Testamento, el conocimiento de Dios era una bendición de la era venidera. Pertenecía al tiempo del fin de esta era. En la presente no se conoce a Dios. Desde el punto de vista de la mentalidad hebrea, el conocimiento implica una relación personal e intima, por lo que el conocimiento de Dios no es posible para el ser humano a causa de la existencia del mal. Los seres humanos pueden intimar entre ellos, como es el caso de nuestros primeros padres, de quienes se dice: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín” (Gen. 4:1; (RV95). Puesto que los seres humanos no pueden tener comunicación personal con Dios, esa relación debía ser mediada. Por eso estableció el sistema ritual del santuario. Primeramente, Moisés fue el intercesor, luego, Dios se relacionó con sus hijos mediante el servicio sacerdotal. También medió su relación con su pueblo mediante los profetas, que eran sus representantes (Deut. 18:15).

Pero por Cristo podemos tener intimidad con Dios. Antes, esto no era posible. En primer lugar, porque él y la humanidad están estrechamente unidos en Cristo. En segundo lugar, porque él tiene un conocimiento tan intimo del Padre, que puede transmitir ese conocimiento a sus discípulos. En Jesús, el conocimiento de Dios es posible (Juan 14:7).

Meditemos en esto: “En Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado”(Deseado de todas las gentes, p. 17).

La visión de Dios

“El que cree en mi – clamó Jesús con voz fuerte -, cree no solo en mi sino en el que me envió. Y el que me ve a mí, ve al que me envió” (Juan 12: 44,45).

OTRA DE LAS BENDICIONES QUE CRISTO TRAJO, y que se pueden gozar en esta nueva era inaugurada por su presencia, es la visión de Dios.

El conocimiento inmediato de Dios era imposible para la mentalidad del Antiguo Testamento. También la visión. Era una experiencia reservada para la era venidera, o para el momento de la muerte. De hecho, el concepto de conocer y el de ver están íntimamente relacionados. Desde el punto de vista práctico, solo por medio de la vista se puede tener un conocimiento verdadero. Pero Dios no podía ser visto, por la misma razón por la que no podía ser conocido: el pecado separa al hombre de Dios. Cuando Dios se reveló a los seres humanos, lo hizo mediante representaciones, apareciendo en forma humana, como en el caso de Abraham (Gen. 18:1,2), o representado por su ángel, que también asumía la personalidad humana (Gen. 19). A pesar de que Dios habló con Moisés cara a cara, lo hizo en medio de la oscuridad de una nube (Exo. 19:9). Para la fe judía era una profunda verdad que “a Dios nadie lo ha visto nunca” (Juan 1:18; 1 Juan 4:12).

Pero en esta nueva era que Cristo ha inaugurado, la visión de Dios es posible. El Señor dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida – le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto”, (Juan 14:6,7). Felipe no entendió bien lo que Jesús quiso decirles, y dijo: “Señor –dijo Felipe-, muéstranos al Padre y con eso nos basta. “ ¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”(vers. 8,9).

Así como Cristo trajo el conocimiento inmediato de Dios, también inauguró la posibilidad de su visión.

Que Dios te bendiga,

Noviembre, 23 2010



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