EL DIA DE PERDON

El día de perdón

En ese día no harán ningún tipo de trabajo, porque es el día del Perdón, cuando se hace expiación por ustedes ante el Señor su Dios» (Levítico 23: 28).

EL DÍA DE LA EXPIACIÓN, que caía el día diez del séptimo mes del calendario judío, era una ocasión muy solemne. En él se realizaba la purificación del santuario y la expiación final de todo el pueblo. En esta ocasión, el sumo sacerdote entraba por lo menos dos veces al lugar santísimo. La primera para hacer expiación por sí mismo y su familia, y la segunda para hacer la purificación del santuario, que redundaba en la purificación y expiación final del pueblo. Básicamente consistía en la selección de dos machos cabríos, sobre los que se echaba suerte para saber cuál sería sacrificado y cuál quedaría vivo, a fin de colocar sobre uno todos los pecados acu­mulados en el santuario y enviarlo al desierto.
Este día debía observarse celosa y estrictamente, bajo pena de perder la identidad como miembro del pueblo de Dios. Su observancia consistía en ayunar desde la puesta del sol del día nueve hasta la del día diez. A esto se lo llamaba «afligir el alma». También la gente debía dedicarse a la oración y al análisis y reflexión personales. Cada uno debía estar seguro de que sus pecados habían sido perdonados y transferidos al santuario.
El Día de la Expiación era una representación del juicio final, cuando Dios ajustará cuentas con todos. La purificación del santuario indicaba la erradicación del pecado de la presencia de Dios. Durante todo el año, se acumulaba simbólicamente el pecado perdonado por medio de los sacrificios y del holocausto diario. Pero en el Día de la Expiación se juntaba toda esa culpa y se la expulsaba fuera del campamento. Así se enseñaba que vendría un tiempo cuando Dios erradicaría el pecado para siempre. Un día cuando no habría ningún obstáculo para la comunión plena del Señor con su pueblo.

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 22 2010



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