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EL SEXTO MANDAMIENTO

El sexto mandamiento

No mates (Éxodo 20: 13).

ESTE MANDAMIENTO TIENE EL PROPÓSITO básico de resaltar la santidad de la vida humana y preservarla. La vida es un don de Dios, y por lo tanto debe ser cuidada y protegida. Una de las primeras reglamentaciones que tienen que ver con la preservación de la vida, la hallamos en el libro de Génesis. Es la instrucción que Dios dio a Noé, después del Diluvio: «Por cierto, de la sangre de ustedes yo habré de pedirles cuentas. A todos los animales y a todos los seres humanos les pediré cuentas de la vida de sus semejantes. Si alguien derrama la sangre de un ser humano, otro ser humano derramará la suya, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios mismo» (Gén. 9: 5, 6).

Como la vida humana es sagrada, Dios estableció una reglamentación estricta para preservarla. El asesinato con premeditación se castigaba con la maldición y la muerte: «Maldito sea quien mate a traición a su prójimo» (Deut. 27: 24). «El que hiera a otro y lo mate será condenado a muerte» (Éxo. 21: 12). Pero no solo se sancionaba el homicidio directo, sino también el indirecto: «Si el toro tiene la costumbre de cornear, se le matará a pedradas si llega a matar a un hombre o a una mujer. Si su dueño sabía de la costumbre del toro, pero no lo mantuvo sujeto, también será condenado a muerte» (Éxo. 21: 29). Sin embargo, la defensa propia y los homicidios accidentales no se consideraban dignos de muerte. Las personas que cometían esos actos eran absueltas, y se proveía un medio para escapar de la venganza personal mediante las ciudades de refugio (Núm. 35: 25). Tampoco se condenaba a los que aplicaban la pena de muerte, ni a las personas que mataban a otras en tiempo de guerra, ya que se consideraba defensa personal. Pero se condenaba quitar la vida en las guerras de conquista. Todo era el esfuerzo divino para destacar la santidad de la vida humana, en una época de barbarie y de criminalidad.

Que Dios te bendiga,

Julio, 07 2010



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  1. miriam acostaa

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