Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

EL UNICO PODER QUE PUEDE

El único poder que puede

Echa tu ansiedad sobre mí, pues voy a cuidar de ti (1 Pedro 5:7).

Mi hermano, mi hermana: no tenemos otra alternativa, para una vida Cristiana replete de poder y con visión de eternidad, a no ser que busquemos al Señor Dios cada día, como si fuese el último de nuestras vidas. Búscalo en Isaías, en Juan, en Jesús, en Jesús o en cualquier punto de la Biblia; todos te dirán que la comunión y el conocimiento del Señor es lo que le da sentido a la vida.

La lucha por el control de nuestro corazón entre Cristo y su enemigo es más intensa de lo que imaginamos. La Cruz nos otorga la dimensión del sacrificio de nuestro Salvador y de la tiranía del enemigo en esta disputa. El León de la tribu de Judá y el león que ruge, en 1 Pedro 5:8, están en lucha permanente por el domino de nuestra vida. Pero, gracias a Cristo, el enemigo ya está vencido. Pero no desiste de luchar por derrotarnos y lanzar sobre nosotros dolor, angustia y ansiedad.

No obstante, el Cristo vencedor estará con nosotros en cada paso del camino.

Cuando en la lucha tengas ansiedad, Cristo te dice: Echa tu ansiedad sobre mí, pues voy a cuidar de ti (1 Pedro 5:7).

Cuando te falte la fe, él ordena: Resiste firme hasta el fin; yo voy a ayudarte.

Cuando te sientas desprotegido, escucha su voz diciéndote: Mi ángel va a protegerte.

Cuando sientas que la sombra de la muerte se aproxima y tengas miedo de que te parezca insoportable, él te dice: Aunque pases por la sombra de la muerte, no tengas miedo, yo estoy contigo.

Cuando sientas que las últimas fuerzas están agotándose y el cansancio te peque sin piedad, te dice: No te desanimes, persevera; yo estaré contigo hasta el fin.

La falta de discernimiento espiritual es una de las características de nuestros días, por causa del materialismo, el secularismo y la incredulidad que corren desenfrenadamente.

Una de las consecuencias más devastadoras de esta realidad es la incomprensión de la naturaleza del gran conflicto entre las fuerzas del bien y del mal por el control de nuestras vidas. No es solamente una lucha carnal, con teorías y armas humanas. Es mucho más que eso. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efe. 6:12).

Ninguna teoría o poder humano, de cualquier naturaleza, puede dar a hombre alguno una salida satisfactoria para su condición actual. El único poder capaz de cambiar esta triste situación es el poder que viene de la comunión con el Salvador.

“La condición en que el pecado nos ha colocado es antinatural, y el poder que nos restaure debe ser sobrenatural, o no tiene valor alguno. No hay poder que pueda quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino el poder de Dios en Jesucristo. Solo mediante la sangre del Crucificado hay purificación del pecado. Solo la gracia de Cristo puede habilitarnos para resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída”.

Conclusión

“La comunión con Dios es la vida del alma. No es algo que no podamos entender, o que podamos adornar con hermosas palabras, sino algo que nos da la genuina experiencia que le otorga a nuestras palabras el valor real. La comunión con Dios nos brinda una experiencia diaria que en verdad hace que nuestro gozo sea completo.

Que Dios te bendiga



Ultimos comentarios
  1. joe frio
  2. guina
  3. letty
  4. Sandra Patricia Espitia Vda. de Olmedo

Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recibe las nuevas
reflexiones en tu correo!

Escribe tu dirección de email: