Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

ELIAS VENIDERO

Elías venidero

Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible. Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total (Malaquías 4: 5, 6).

LOS SERVICIOS y el ritual del santuario eran una ilustración del plan de la salvación. Tenía sus imperfecciones propias de la naturaleza humana, pero era la manera que Dios escogió para comunicar sus verdades salvadoras al ser humano, en las circunstancias en las que se vivía en esa época. Obviamente, no pretendían ser permanentes, sino ilustraciones transitorias que llevaran a la gente en el futuro a un conocimiento mayor. Como dice el apóstol: «Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto. No se trata más que de reglas externas relacionadas con alimentos, bebidas y diversas ceremonias de purificación, válidas solo hasta el tiempo señalado para reformarlo todo» (Heb. 9: 9,10). Cuando el Mesías viniera, entonces se revelaría el propósito de estas ceremonias, y se revelaría la realidad de la salvación.
Antes de que el Mesías apareciera, el profeta Malaquías había profetizado que Dios enviaría a Elías, para hacer una reforma y preparar el camino para la venida del prometido Libertador. Basados en esta promesa, los rabinos habían elaborado una teología particular sobre Elías. Algunos pensaban que antes de la venida del Mesías, aparecería Elías en persona. El Nuevo Testamento menciona esa creencia en varias circunstancias. Reflejando esta idea, los discípulos le preguntaron en una ocasión a Jesús: « ¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero?» (Mat. 17: 10). Evidentemente, los escribas aludidos en este pasaje confrontaron a los discípulos con el argumento de que Jesús no podía ser el Mesías, porque, según ellos, Elías todavía no había venido. Jesús les dijo que «Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron […]. Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista» (Mat. 17: 12, 13).

Tiempos de agitación

Él irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías (Lucas 1: 17).

CUANDO JUAN EL BAUTISTA PREDICABA por la ribera del Jordán, en territorio de Judea, la gente pensaba que era un profeta de Dios. Desde los tiempos de Malaquías, habían pasado ya como cuatro siglos, y la gente nunca había visto a un profeta de Dios en acción. Algunos pensaban que Dios se había olvidado de su pueblo. Otros, que el don de profecía había sido cancelado, porque la ley y los escritos proféticos eran suficientes. Las condiciones políticas, sociales y económicas anunciaban tiempos de revolución. Había una efervescencia y agitación social que presagiaba que algo grande estaba por suceder. Los que hacían cálculos cronológicos, según las 70 semanas de Daniel, creían que el Mesías estaba a punto de aparecer.
De hecho, ya habían aparecido varios pretendidos mesías. Gamaliel men­cionó a dos: «Hace algún tiempo surgió Teudas, jactándose de ser alguien, y se le unieron unos cuatrocientos hombres. Pero lo mataron y todos sus se­guidores se dispersaron y allí se acabó todo. Después de él surgió Judas el galüco, en los días del censo, y logró que la gente lo siguiera. A él también lo mataron, y todos sus secuaces se dispersaron» (Hech. 5: 36, 37). El tribuno romano que rescató a Pablo sugirió otro nombre cuando le preguntó a Pablo: «¿No eres el egipcio que hace algún tiempo provocó una rebelión y llevó al desierto a cuatro mil guerrilleros?» (Hech. 21: 38). El Talmud identifica a este pretendido mesías con el nombre de Ben Stada. Flavio Josefo, el historiador judío, dice que este falso mesías engañó a una turba con la promesa de que las murallas de Jerusalén caerían a su palabra, y expulsarían a los odiados romanos de su tierra.
Cuspio Fado, el procurador romano, envió una caballería que mató a muchos, pero el líder escapó, y nadie supo más de él. Entonces apareció Juan, diciendo que tenía un mensaje de la Divinidad para el pueblo. Llamaba a la gente al arrepentimiento y a la conversión a Dios, y decía que después de él vendría el Mesías prometido.

Que Dios te bendiga,

Noviembre, 03 2010



Dejar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recibe las nuevas
reflexiones en tu correo!

Escribe tu dirección de email: