Inútilmente

A veces da tristeza ver cómo gente que ha recibido al Señor llegan a la iglesia y no pasa absolutamente nada con ellos. Pasa el tiempo y se acostumbran a recibir Palabra, a asistir al culto, pero lo que ha sido sembrado en ellos no produce fruto. Y lo peor es que, se acostumbran a ese estado, dando por hecho la salvación, cuando el verdadero llamado nos exhorta a dar fruto, a crecer y a reproducirnos. No sé si has visto este tipo de personas en la iglesia; hay muchos de ellos, y no es que yo quiera criticarlos, no, para nada, esa no es mi posición, lo que pretendo es mostrarles a la luz de la Palabra lo que pasará con ellos de continuar haciendo lo mismo.

Mira lo que dice la Palabra: Así que le dijo al hombre que cuidaba el viñedo: “Mira, por tres años seguidos he venido a esta higuera en busca de fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala, pues; ¿para qué ha de ocupar terreno inútilmente?” (Lucas 13:7 DHH). Lo primero que me llama poderosamente la atención es el tiempo por el cual el dueño del viñedo había venido a ver si la higuera ya había dado fruto: tres años y nada. Y esa era la condición en la que se hallaban muchos en el pueblo de Israel en ese momento. Hoy hay muchos en esa condición, ocupando terreno inútilmente porque no dan frutos de ninguna especie. Muchas veces estas personas invalidan la Palabra y reciben, reciben, reciben, pero no producen ninguna clase de frutos en sus vidas. Juan 15:5 DHH dice, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto”, entonces si esto es así, ¿por qué no tienen frutos? 

Lo otro que me impacta es lo que el dueño del viñedo decide hacer al ver que la higuera no producía fruto: la cortar, pues ocupaba terreno inútilmente; es decir, el sembrador la siembra esperando que ella produzca fruto y si no lo hace, decide quitarla. Lo mismo sucederá con aquellas personas que, después de un tiempo, de andar en el evangelio no produzcan frutos. Así que no es suficiente ni basta solo con llegar a los pies de Jesús, es necesario hacer algo y ese algo se refiere a dar frutos. En la parábola de los talentos, al siervo que se le dio un talento y lo escondió debajo de la tierra, su señor lo llama siervo inútil y creo que así el señor del viñedo llamaría a la higuera, pues en tres años no produjo nada. Como creyentes tenemos una gran responsabilidad y es dar frutos, crecer y reproducirnos, porque esa es la obra a la cual hemos sido llamados con nombre propio desde antes de la formación del mundo. Espero que esta Palabra haya hablado a tu vida, así que no olvides ser de bendición y compartirla con otras personas más. Dios te bendiga sobreabundantemente.

Bajo la guía del Espíritu Santo,

Sergio Meza Padilla



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