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JUDAS

Judas

Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6: 21).

TAL VEZ EL CASO MÁS NOTABLE DE CODICIA en la fe cristiana sea el ejemplo de Judas Iscariote, discípulo de Jesús, quien por causa de la codicia se convirtió en el traidor del Maestro. Al igual que los casos anteriores, también terminó en la ruina. Judas tenía un fuerte apego al dinero, y la razón por la que se unió a Jesús debió haber sido para lograr un puesto importante en el reino que, según creía, Jesús muy pronto iba a establecer.

El Señor se dio cuenta de esta inclinación de Judas, y trató por varios medios de influir sobre él para que venciera la codicia: «¡Cuán tiernamente obró el Salvador con aquel que había de entregarle! En sus enseñanzas, Jesús se espaciaba en los principios de la benevolencia que herían la misma raíz de la avaricia. Presentó a Judas el odioso carácter de la codicia, y más de una vez el discípulo se dio cuenta de que su carácter había sido pintado y su pecado señalado; pero no quería confesar ni abandonar su iniquidad» (El Deseado de todas las gentes, p. 261).

«Cuando María ungió los pies del Salvador, Judas manifestó su disposición codiciosa. Bajo el reproche de Jesús, su espíritu se transformó en hiel. El orgullo herido y el deseo de venganza quebrantaron las barreras, y la codicia durante tanto tiempo alimentada le dominó. Así sucederá a todo aquel que persista en mantener trato con el pecado. Cuando no se resisten y vencen los elementos de la depravación, responden ellos a la tentación de Satanás y el alma es llevada cautiva a su voluntad» (El Deseado de todas las gentes, p. 667). Se puede decir que la soga con la que se colgó Judas fue la soga de la codicia. Es la misma que ocasiona la ruina de muchos de los que pretenden servir al Señor.

El carácter cristiano no puede estar completo cuando hay egoísmo y codicia. Ningún codicioso podrá entrar por las puertas de la ciudad de Dios, porque la codicia es idolatría. Pero la clase de idolatría más perversa es la del yo.

Desde el origen

No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie (Hechos 20: 33).

EL PRIMER CASO DE CODICIA EN ESTE MUNDO se remonta al origen de la raza humana. El libro de Génesis nos dice qué le sucedió a nuestra madre Eva: «La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenia buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió» (Gen. 3: 6). Dios había dado instrucciones claras a nuestros primeros padres con respecto al fruto del árbol prohibido. Era una prueba de fidelidad que demostraría al universo que ellos estaban dis­puestos a creer y confiar en Dios. Pero el enemigo tentó a Eva con la codicia. Le dijo que si ella y su esposo comían de ese árbol, llegarían a ser como Dios, que lo sabe todo. Era una tentación fuerte, ya que eran estudiantes que aprendían cada día sobre el universo y de la naturaleza. Dios y los ángeles eran los maestros que los instruían. La serpiente sugirió a Eva que tendría acceso a una fuente inagotable de conocimiento, como Dios la tiene. «Esa mentira estaba de tal modo escondida bajo una apariencia de verdad, que Eva, infatuada, halagada y hechizada, no descubrió el engaño. Codició lo que Dios había prohibido; desconfió de su sabiduría. Echó a un lado la fe, la llave del conocimiento» (La educación, p. 21). La ruina de la humanidad tuvo su origen en la codicia.
Así sucedió también, siglos después, cuando la iglesia cristiana estaba en su infancia, con Ananías y Safira. Aceptaron el evangelio y se unieron a la iglesia de Jerusalén. Prometieron dar los recursos que obtendrían de la venta de una propiedad para aliviar la necesidad urgente por la que pasaban muchos miembros de la iglesia. Pero su codicia los destruyó: «Primero albergaron la codicia, luego, avergonzados de que sus hermanos supiesen que su alma egoísta lloraba lo que habían dedicado y prometido solemnemente a Dios, practicaron el engaño. […] Cuando se los convenció de su mentira, su castigo fue la muerte instantánea» (Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 542, 543).

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Agosto, 08 2010



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