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La personalidad se desarrolla por medio de las adversidades

La personalidad se desarrolla por medio de las adversidades
Por el doctor James Dobson

Nuestra hija de quince años está recibiendo un trato áspero por algunos de sus compañeros. No fue invitada a una fiesta que daba otra jovencita que había sido su mejor amiga, y esa noche se quedó dormida llorando. Me está destrozando verla sufrir así. ¿Le van a quedar cicatrices en la mente durante toda la vida?

Todo es cuestión de intensidad. La mayoría de los adolescentes experimentan cierta cantidad de rechazo como el que su hija está experimentando. Lo típico es que asimilen los golpes y terminen por superar la incomodidad. Sin embargo, hay otros que quedan heridos para toda la vida por los rechazos sufridos en esas experiencias de adolescentes. Le sugiero que le dé a su hija mucho apoyo emocional, se mantenga hablando con ella y haga cuanto pueda para ayudarla a superar la situación. Pienso que recuperará la estabilidad una vez que haya pasado la presión de estos años.

Permítame dirigir mi atención a la cuestión más importante que tenemos aquí. Cuando vemos a nuestros hijos luchando con las experiencias de su adolescencia o con otras frustraciones, es natural que deseemos poder quitar de su camino todos los problemas y obstáculos. Algunas veces necesitamos recordar que la personalidad se desarrolla por medio de las adversidades. “No hay ganancia sin trabajo”, como se suele decir. Los que han superado sus problemas están más firmes que los que nunca los han enfrentado.

Yo aprendí por experiencia propia lo que valen los tiempos difíciles. Durante el séptimo y el octavo grado, pasé por los años más dolorosos de mi vida. Me encontré en un fuego cruzado social que hizo brotar en mí intensos sentimientos de inferioridad y duda. Sin embargo, esos dos años han contribuido con más cualidades positivas a mi personalidad adulta, que ningún otro momento de mi vida. Lo que aprendí por medio de esa experiencia me sigue siendo útil hoy.

Aunque le sea difícil aceptarlo ahora, su hija necesita los pequeños reveses y desilusiones con los que se va encontrando. ¿Cómo puede aprender a superar los problemas y las frustraciones, si entre sus experiencias de la juventud no hay ningún tipo de prueba? La naturaleza nos dice que esto es cierto. Un árbol que crece en una selva nunca se ve obligado a echar raíces profundas en busca de agua; por lo tanto, no está bien afianzado, y hasta una pequeña tormenta lo puede derribar. En cambio, un árbol de mezquite que crece en la aridez de un desierto está amenazado por su ambiente hostil. Sólo puede sobrevivir echando sus raíces a más de diez metros de profundidad, en busca de agua fresca. Por medio de esta adaptación a una tierra árida, el árbol, bien arraigado, se hace fuerte y permanece firme contra todo cuanto lo ataque.

En cierto sentido, nuestros hijos son como estos dos árboles. Los que han aprendido a vencer sus problemas están mejor arraigados que los que nunca los han enfrentado.

Entonces, nuestra tarea como padres no consiste en eliminar todos los obstáculos que se les presenten a nuestros hijos, sino servir de firmes aliados a favor suyo, animándolos cuando se sientan angustiados, interviniendo cuando las amenazas sean abrumadoras y, sobre todo, dándoles las herramientas que necesiten para superar las dificultades.



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  1. olga

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