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LA VIDA DEL ESPIRITU

La vida del Espíritu

Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán (Romanos 8: 12, 13).

EL CREYENTE es una persona nueva, liberada por Cristo para vivir una vida diferente, es legítimo que se pregunte ¿Cómo debe ser la vida de la persona redimida? ¿Cómo debe vivir el que es un hijo de Dios? ¿Cómo, una persona que ha sido controlada por el mal puede vivir una vida nueva, en total oposición a la vida antigua que llevaba? ¿Cómo es eso posible? De acuerdo al apóstol Pablo, el creyente vive la vida del Espíritu. ¿Qué es la vida del Espíritu? Es una vida caracterizada por la presencia del Espíritu Santo y controlada por él. Notemos «Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu» (Rom. 8: 3. 4). «Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza: en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu» (vers 5) «Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios» (vers 8) «Ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes» (vers 9) «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (vers 14).
Dios envía su Espíritu no solo para iniciar proceso de la salvación en las personas, sino también con el propósito de capacitarlas para vivir una vida en armonía con el carácter de Cristo. Fijémonos en estas interesantes palabras «Por el Espíritu llega a ser el creyente participe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal. Hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia» (El Deseado de todas las gentes, p 625)

Que Dios te bendiga, oramos por ti!

Abril, 03 2010



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