La voluntad de Dios y de los pueblos

(Antevíspera de la Proclama de Independencia del Perú)

Tan pronto como ocupó Lima, el General en Jefe del Ejército Libertador del Perú, don José de San Martín, reunió a Cabildo Abierto. Los notables de la ciudad allí presentes suscribieron el Acta de la Independencia del Perú que, en resumen, decía: «En la Ciudad de los Reyes, el quince de julio de mil ochocientos veintiuno… Todos los señores concurrentes, por sí y satisfechos de la opinión de los habitantes de la capital, dijeron: Que la voluntad general está decidida por la independencia del Perú de la dominación española y de cualquiera otra extranjera….»

Trece días después, el 28 de julio de 1821, convocado el pueblo peruano [aquí] en la Plaza Mayor de Lima, que desde aquel entonces se conoce también como la Plaza de Armas, don José de San Martín pronunció las siguientes palabras con las que proclamó la independencia del Perú: «El Perú es, desde este momento, libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa, que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!»

El 6 de agosto, un patriota argentino que llegó al grado de brigadier, amigo y paisano de San Martín, reseñó los acontecimientos de ese histórico día. En una carta a su esposa Pilar Spano, don Tomás Guido escribió:

«El 28 del mes anterior se juró en esta capital la Independencia del Perú. No he visto en América un concurso ni más lucido ni más numeroso. Las aclamaciones eran un eco continuado de todo el pueblo…. Yo fui uno de los que pasearon ese día el estandarte del Perú independiente…. Jamás podría premio alguno ser más lisonjero para mí, que ver enarbolado el estandarte de la libertad en el centro de la ciudad más importante de esta parte de América, cumpliendo el objeto de nuestros trabajos en la campaña….»

Según el historiador peruano Jorge Basadre, el objetivo de la campaña por la independencia al que se refiere Guido se resume en las palabras simbólicas de San Martín, palabras que marcan un hito histórico, pues anuncian el principio de «la voluntad de los pueblos».1

San Martín, el libertador que luchó por nuestra libertad física temporal, tenía toda la razón: los pueblos, en general, quieren ser libres. Y Dios defiende la justicia de esa causa porque nos creó con libre albedrío. Pero eso quiere decir que podemos optar por rechazar la independencia del dominio del pecado que ganó para nosotros su Hijo Jesucristo, el Libertador que luchó por nuestra libertad espiritual eterna. Más vale que, por los méritos de Cristo, hagamos nuestra esa victoria, de modo que podamos proclamar con la misma convicción que tenía San Martín al proclamar la independencia peruana: «Yo, desde este momento, soy libre espiritualmente por mi propia voluntad y por la voluntad de Dios. ¡Viva la independencia del dominio del pecado! ¡Viva la libertad espiritual! ¡Viva la patria celestial!»

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1ADONDE.COM: BUSCADOR PERUANO, «San Martín y la independencia del Perú», 30 octubre 2003 <http://www.adonde.com/historia/1821_independencia.htm>; Francisco Loyúdice, «Influencia italiana en la sociedad argentina» <http://www.rotaryba.org.ar/reunion060202.htm> En línea 30 oct 2003.

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