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LIBRES AL FIN

Libres al fin

Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundo la gracia (Romanos 5:20)

Unas de las primeras cosas que trae a nuestra vida la relación con Cristo, es un cambio de perspectiva. Cuando hemos recibido la declaración de imputación de la justicia de Cristo, comenzamos a experimentar un nuevo enfoque de nuestra vida. Dice el apóstol: “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿Cómo podemos seguir viviendo en él? ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom. 6 2-4). Es claro que cuando una persona acepta a Cristo, lo acepta para que gobierne su vida. Así que lo primero que Cristo hace por el justificado, es inducirlo a vivir una vida distinta. Una vida guiada por Dios, libre de la esclavitud de nuestra vida pasada.

Sigue diciendo el apóstol: “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado” (ver. 6). Se abre delante de nosotros una nueva perspectiva de vida, ya no tenemos que ser esclavos de nuestros vicios y pasiones. No tenemos que obedecer a nuestras inclinaciones. Ese yugo ha sido roto. Las cadenas del pecado han sido destruidas. Hemos sido emancipados por Cristo para vivir una vida distinta a la que vivíamos antes. La razón básica que sustenta esta nueva manera de ver las cosas, es que Cristo nos ha librado de las garras del mal.

Es como si hubiésemos muerto al pecado: “De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ver. 11). Lo interesante de esto es que cuando Cristo nos libera de las garras del mal, nos da una nueva perspectiva de las cosas; tenemos una nueva cosmovisión. Abre delante de nosotros un nuevo camino. El panorama de nuestra vida se transforma. Estamos en contacto con un Cristo viviente que influye sobre nuestra vida para bien.

Que Dios te bendiga, oramos por ti!

Marzo, 28 2010



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