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LIBRES DEL TEMOR A LA MUERTE

Libres del temor a la muerte

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida (Hebreos 2: 14, 15).

OTRO DE LOS TEMORES QUE EL MENSAJE de la justificación por la fe elimina de la vida del creyente, es el temor a la muerte. Los seres humanos instintivamente le tenemos temor a la muerte. Por más que se hayan inventado teorías sobre el estado de los muertos, a nadie le gusta morir. Quisiéramos vivir para siempre. Salvo los que se encuentran en tal grado de sufrimiento que prefieren morir, normalmente el ser humano prefiere vivir.
La Biblia enseña que la muerte es el resultado del pecado. San Pablo dice: «Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muere; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron» (Rom. 5: 12). Como seres pecadores cosechamos la muerte. El pecado tiene su propio castigo: La separación de Dios, que es la aniquilación. El Señor es la norma del universo, la norma del orden. Lo que está contra Dios introduce desorden y caos. Donde reina el pecado, reina la confusión. Estas cosas no pueden existir para siempre delante de él. Es decir, no pueden coexistir con Dios, porque es Todopoderoso y tiende a destruir lo que se le opone. El pecado, que es oposición a Dios, tiene asegurado su fin. Cuando el pecado termine, acabará la muerte.
Cuando Dios justifica al pecador, soluciona el problema del pecado en la vida humana, y no estamos más en oposición a Dios. Estamos en armonía con él. Por lo tanto, no cosechamos la muerte sino la vida. Por su muerte. Cristo ganó el derecho de dar vida a sus seguidores. Al estar con Cristo, no tenemos miedo a morir, porque con Cristo no hay muerte, sino vida.

Que Dios te bendiga, oramos por ti!

Abril, 25 2010

La certeza de la vida

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida (1 Juan 5: 12).

OTRA DE LAS CONSECUENCIAS DE HABER sido justificados por la fe es que tenemos la seguridad de la vida eterna Pablo nos dice: «Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna- (Rom. 6: 22). La vida eterna es el propósito último de la justificación, ya que nos brinda la oportunidad de convivir con Dios. Así que no solo no tenemos miedo a la muerte, sino que tenemos la certeza de la vida eterna. Vida que se mide al lado de Jesucristo.
El hijo de Dios tiene tal certeza de obtener la vida eterna, que en labios del Señor. Se empieza a vivir aquí y ahora. Notemos sus palabras «Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna- (Juan 6: 47) «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi vivirá, aunque muera; y todo el que vivey cree en mi no morirá jamás* (Juan 11: 25, 26). El apóstol Juan tenía ese convencimiento: «Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida» (Juan 20: 31). «Les enseño estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna» (l Juan 5; 13).
Por cierto, la vida que Cristo nos da comienza en el momento de aceptarlo, aquí, ahora. La resurrección garantizará esta vida por la eternidad. Cuando una persona acepta a Cristo como salvador personal, empieza a gozar por anticipado la vida futura, porque es Dios que le promete, y él no miente. Por lo tanto, hay seguridad y confianza. El cristiano empieza a saborear la vida eterna desde ahora, mientras vive en este mundo. La garantía viene a través de su fe en Cristo.

Que Dios te bendiga, oramos por ti!

Abril, 26 2010



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  1. JUAN CAMILO

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