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No es como los mortales

Creo que casi todos hemos sido víctimas de amigos que, algún día, prometieron y no cumplieron. Peor aún, no fue una sola vez y a más de uno, incluyendome en la lista, nos defraudaron un par de veces. Esto como resultado, trajo a nuestras vidas la desconfianza y la falta de creer. Entonces, en nuestra propia naturaleza de hombres dejamos de creer en las personas y, como consecuencia, nos cuesta mucho creerle a Dios y a Sus promesas, pues le comparamos con aquellas personas que un día nos fallaron, aún cuando sabemos que Él está por encima de cualquier orden o especie, porque Dios no es hombre como tal. Mira lo que la Biblia dice al respecto: “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando Él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple” (Números 23:19 DHH).

Hay dos cosas que nos deben quedar bien claras después de leer este pasaje bíblico. Número uno, Dios no es un hombre y tampoco miente. Muchas personas podrán mentirte en la vida, Dios jamás haría tal cosa. El hecho que una promesa no se haya visto cumplida en tu vida no significa que Dios ya te defraudó. En un devocional anteriormente les enseñaba que la razón por la que Dios no nos da algo inmediatamente es porque no estamos preparados y necesita forjar cosas de las que carecemos y que son indispensables para recibir esas promesas. Pensemos en José, por ejemplo. ¿Qué hubiera sido de José si Dios no lo lleva a casa de Potifar y luego a la cárcel? ¿Hubiera aprendido los principios de mayordomía que luego le llevaron a ser el administrador de Egipto? La verdad no lo creo. Dios tiene el control de todo y hasta en detalles adversos como este, sabemos que existe un propósito. Así que si Dios no te ha dado algo, no quiere decir que Él te ha mentido, tampoco que ya cambió de opinión y no te lo dará, pues Él no es como nosotros los mortales que cambiamos de padecer según sean las circunstancias.

Número dos, Dios cumple lo que promete. Si hay algo que nos debe quedar bien claro en este día es que Dios sí cumple. “Todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en Él no hay variaciones” (Santiago 1:17 DHH). Aunque difícil sea de entender, en Dios no hay razones para cambiar de padecer, lo que sí debemos entender es que debemos ser pacientes y esperar en Su tiempo el cumplimiento de las promesas. Uno de los casos que quizá demuestra que Dios no tarde, sino que llega en el momento indicado es el nacimiento de Isaac. Abram tuvo que esperar 23 años aproximadamente la llegada de ese hijo de la promesa, no obstante, había una promesa aún más grande para él: en ti serán benditas todas las familias de la tierra. Dios le cumplió a Abram y le dio más de lo que pidió. Hoy quiero recordarte que has creído en un Dios de imposibles, has depositado tu confianza en un Dios que cumple sus promesas en el que no hay sombra de variación, porque Él no es como los mortales. Espero que este mensaje haya sido de gran bendición para tu vida. No olvides compartir y ser de bendición para otros.

Bajo la guía del Espíritu Santo,

Sergio Meza Padilla



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