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NO PODEMOS ENGANAR A DIOS

No podemos engeñar a Dios

Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmo 32: 2).

EL MÉTODO FAVORITO de Satanás para mentir es representar mal a Dios y su gobierno y tiene como blanco atacar el carácter de Dios. Sus mentiras favoritas son teológicas, porque a través de ellas obtiene los fines y propósitos que busca y hace que los seres humanos se extravíen y adquieran una imagen distorsionada del carácter de Dios, que los lleve a perder esa relación con Dios que es vital para su salvación.
Pero Satanás usa a los seres humanos como sus agentes para desfigurar el carácter de Dios y difundir sus mentiras. Cuando representamos mal su carácter ante otros, hablamos mentiras de Dios, que es la verdad: «Los cristianos que llenan su alma de amargura y tristeza, murmuraciones y quejas, están representando ante otros falsamente a Dios y la vida cristiana. Hacen creer que Dios no se complace en que sus hijos sean felices, y en esto dan falso testimonio contra nuestro Padre celestial» (El camino a Cristo, p. 117). Dios es jus­to y honesto, pero cuando nosotros que nos llamamos cristianos no lo somos, hablamos mal de él: «Los que profesan seguir a Cristo y comercian de un mo­do injusto dan un testimonio falso contra el carácter de un Dios santo, justo y misericordioso» (El Deseado de todas las gentes, p. 509).
El Señor no quiere que sus hijos sigan actitudes engañosas. En la tierra nueva no entrarán personas mentirosas: «Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino solo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero» (Apoc. 21: 27). Uno de los rasgos notables en la presentación de los 144,000 es que «no se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables» (Apoc. 14: 5). Esto es especialmente cierto de los engaños teológicos de los últimos días, de los cuales ellos estarán exentos.
Meditemos en esto: «Se pueden pasar por alto y ocultar a los ojos de los hombres el engaño, la mentira y la infidelidad, pero no a los ojos de Dios» (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 510).

Decir la verdad, pero no siempre

Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía (1 Corintios 3: 2).

ESTE ASUNTO DE OCULTAR LA VERDAD con fines de engaño, que es violación del noveno mandamiento, está relacionado con el hecho de no decir toda la verdad. ¿Se considera violación del mandamiento no decir toda la verdad en toda circunstancia? Evidentemente no. La obligación moral de decir la verdad no necesariamente implica que se debe decir toda la verdad en todo momento. Nuestro Señor dijo en una ocasión: «Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar» (Juan 16: 12). En la situación en la que sus discípulos se encontraban, no era prudente que Jesús les dijera toda la verdad. Por amor a ellos retuvo cierta información que no les haría bien en ese momento. Posteriormente, el Espíritu les revelaría toda la verdad. Es interesante que Jesús nunca se refiriera a sí mismo, en público, como el Mesías o el Hijo de David, que era otra manera de decir lo mismo. Tampoco se presentó como rey de Israel, aunque era ambas cosas. Pero puesto que esos términos se hallaban tan saturados de nacionalismo y política, los eludió en forma consciente y premeditada. Era una gran verdad, pero sus coterráneos la habrían entendido mal. Solo a pocas personas se las dijo en privado. No siempre se puede decir toda la verdad sin causar dolor y rechazo. Pero no debe confundirse con la negación de la verdad.

A los médicos y enfermeros se les dio una vez este consejo: «Tampoco se les puede decir siempre toda la verdad a aquellos cuyas dolencias son en buena parte imaginarias. […] Si a estos pacientes se les dijera la verdad respecto de sí mismos, algunos se darían por ofendidos y otros se desalentarían. Cristo dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar” (Juan 16: 12). Pero si bien la verdad no puede decirse en toda ocasión, nunca es necesario ni lícito engañar. Nunca debe el médico o el enfermero rebajarse al punto de mentir» (El ministerio de curación, p. 189).

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Agosto, 01 2010



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