«Padre, papá, papi»

«Hasta hace cosa de un siglo… el padre era la autoridad suprema —escribe el columnista colombiano Daniel Samper Pizano en el periódico El Tiempo—. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, ésta abandonaba al novio, volvía a vestir falda larga y se metía de monja. A una orden suya, los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra….

«Todo empezó a cambiar cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en el papá —continúa Samper Pizano—. El mero sustantivo era una derrota. Padre es palabra sólida, rocosa; papá es apelativo para oso de felpa o perro faldero. Demasiada confiancita…. Con el uso de “papá” el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el padre era el padre:

»—¡Pero, papá, me parece el colmo que no me prestes el carro…!

»A diferencia del padre, el papá era tolerante…. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando el televisor, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa. Y a [hablar por] teléfono sin permiso, y a sustraer billetes de la cartera de papá, y a usar sus mejores camisas. La hija, a salir con pretendientes sin chaperón y a exigirle al papá que no hiciera mala cara al insoportable novio….

»Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero bastante [menoscabada]…. Era, en fin, un tipo querido… a quien acudir en busca de consejo o plata prestada.

»Y entonces vino papi.

»… Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta o se le solicita, sino que se le notifica.

»—Papi, me llevo el carro. Dame para gasolina…

»A papi lo sacan de todo. Le ordenan que se vaya al cine con mami cuando los niños tienen fiesta y que entren en silencio por la puerta de atrás…. A papi le quitan todo: la tarjeta de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la rasuradora eléctrica, el computador, las llaves…

»Lo tutean, pero siempre en plan de regaño:

»…—¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan!

»Aquel respeto que inspiraba padre, con papá se transformó en confiancita y se ha vuelto franco abuso con papi….

»No sé qué seguirá de papi hacia abajo. Supongo que la esclavitud o el destierro. Yo estoy aterrado porque, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de hijos, mis nietas han empezado a llamarme “bebé”.»1

Con razón que Samper Pizano suene esta alarma, aunque atenuada, eso sí, con su característico tono jocoso, y aunque se sobreentienda que estas formas de dirigirse al padre y la decadencia del respeto que le muestran sus hijos no se aplican a todos los países ni mucho menos a todas las familias. Es que, antes de 1940 —comenta el periodista colombiano— los hijos obedecían el mandamiento de honrar a los padres como si fuera reglamento de la Federación de Fútbol.2 Lo cierto es que a todos nos conviene tomar a pecho ese mandamiento, respetando y valorando a los maltratados papás y papis que hay en nuestras familias. De hacerlo así, redundará no sólo en beneficio de ellos sino también en beneficio nuestro, ya que es el único mandamiento en las Sagradas Escrituras que nos promete a quienes lo obedecemos que nos irá bien y que disfrutaremos de una larga vida.3

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1Daniel Samper Pizano, «Padre, papá, papi: ¡Cómo era de bueno ser padre!», El Tiempo, Bogotá, 10 junio 2009 <http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-5406927> En línea 16 agosto 2018.
2Ibíd.
3Éx 20:12; Dt 5:16; Pr 1:8; 13:1; Mt 15:4; 19:19; Mr 7:10; 10:19; Lc 18:20; Ef 6:1-3

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