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Renunciando a todo

solo
Para llevar una vida agradable para Dios hay que dejar muchas cosas viejas atrás. Cuando regresé a los caminos del Señor sabía que debía renunciar a mucho si quería agradarle. Y es que por Jesús hay que enterrar al viejo hombre, dejarlo atrás y estar dispuesto a empezar una nueva vida en Él y justamente eso es lo que mucha gente no logra entender. Te dicen, ahora que eres “aleluya” no bailas, ya no tomas, no rumbeas, eres todo aguacatado, en fin, no logran comprender que nuestro gozo ahora es diferente y esas cosas que hacíamos antes en el mundo, ya no llenan nuestra vida.
Mira lo que lo nos enseña la Palabra:
“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discipulo” (Lucas 14:33 – RVR1960).
Tremenda estas cosas que nos dice el Señor Jesús, y se refiere a “vosotros”, es decir todos nosotros. El Señor nos exhorta a abandonar aquello o aquellas cosas que nos ata(n) a este mundo y nos impide(n) seguirle en obediencia y fidelidad. Quizá para muchos este pasaje se refiera a todas las riquezas, a las cosas materiales, pero en el plano espiritual hay que considerar otras cosas más.
Ser considerado un discípulo de Cristo tiene un precio. Si analizamos lo que hicieron los doce apóstoles con detenimiento, nos damos cuenta que lo dejaron absolutamente TODO por seguir a Jesús; dejaron familia, posesiones, inclusive sus propias vidas con el objetivo de ponerlo al servicio de Cristo y bajo Su dirección. Gálatas 2:20 – RVR1960 dice, “ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí”. Eso mismo pasó con los doce, vivían por y para Cristo. Para seguir a Cristo hay que tomar decisiones radicales que quizá nos cuesten al principio, pero con tiempo nos damos cuenta que valen la pena.
No sé cuáles cosas aún no estás dispuesto a dejar para seguir a Cristo fielmente. Probablemente tu familia sea ese obstáculo que te impida ver esa bendición que significa tener a Jesús en tu corazón. Las tradiciones y las religiones son un gran velo, un gran impedimento para que Dios realice Su propósito en ti. Quizá tengas una relación con una persona inconversa, pero le amas y no quieres dejarlo porque te duele. A lo mejor te gustan las cervezas y no ves la lógica en dejar los tragos del fin de semana para congregarte en la iglesia. De pronto es el cigarrillo y te preguntas cómo es posible que el cigarrillo dañe mi relación con Dios, ¿verdad? Probablemente, la rumba de los fines de semana con los “amigos” son muy difíciles de dejar, y te dices no vale la pena. Créeme, la decisión más importante de tu vida la tomas cuando decides dejar todo por seguir a Jesús. Desconozco el impedimento que atrase el plan de Dios para tu vida, mas lo único que puedo decirte es que ya es hora que tomes una decisión radical y le permitas morar en ti.
El Señor Jesús en Lucas 18 cuando habla del joven rico le dice a los doce en los verso 29 y 30 lo siguiente: “de cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado su casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos por el reino de los cielos que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna”. Seguir a Cristo tiene un alto precio, no obstante, la recompensa es mucho mayor. En el tiempo presente el Señor te promete recibir mucho más de lo que dejaste, pero después viene la vida eterna.
Debes decidir qué vas a hacer, la decisión que vas a tomar es la más importante de tu vida. Si decides vivir para Cristo tendrás su respaldo y Él será tu fortaleza (Filipenses 4: 13 – RVR1960). Recuerda que Cristo desea hacer cosas nuevas en ti todos los días, tal cual lo dice La Palabra también en 2 Corintios 5:17 – RVR1960“de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Si en ti hay un llamado, es tiempo de escuchar la voz de tu Pastor y renunciar a todo de una buena vez, decídete porque vivir por Cristo sí que vale la pena.
Dios te bendiga poderosamente en este día. No olvides compartir y ser de bendición para otras personas. Feliz y bendecido fin de semana.
Bajo la guía del Espíritu Santo,
Sergio Meza Padilla.


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