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RESPETO POR AMOR

Respeto por amor

Hijos, obedezcan en el Señor a sus padre, porque esto es justo (Efesios 6:1)

A causa de que el respeto a la autoridad es lo que está en la base del quinto mandamiento, no es sorprendente que la antigua ley de honrar a los padres fuese muy estricta, ya que era la base de la autoridad social. El hogar es el fundamento de la sociedad y de la nación. Lo que le pase al hogar, le pasará eventualmente a la sociedad y la nación. Cuando los hogares se destruyen, la sociedad se desmorona. Por eso las leyes complementarias del quinto mandamiento tenían penas muy severas: “Maldito sea quien deshonre a su padre o a su madre” (Deut. 27:16). “El que mate a su padre o a su madre será condenado a muerte” (Exo. 21:15). “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte” (vers. 17). El proverbista decía: “Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagará en la más densa oscuridad” (Prov. 20:20).

El quinto mandamiento ordena que honremos a nuestros padres. Pero, ¿Qué significa? Evidentemente, significa respetarlos. La ley levítica decía: “Respeten todos ustedes a su madre y a su padre” (Lev. 19:3). Lo que entraña el respeto es la obediencia. El apóstol entendió muy bien esta idea cuando dijo que los hijos debieran obedecer en el Señor a sus padres. Obediencia significa sumisión a sus instrucciones y correcciones. Por eso, el proverbista decía: “Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar” (Prov. 1:8,9). Obediencia significa disposición a seguir sus consejos y orientaciones: “Hijo Mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre” (Prov. 6:20). Meditemos en esto: “En esta era de rebelión, los hijos no han recibido la debida instrucción y disciplina y tienen poca conciencia de sus obligaciones hacia sus padres. Sucede a menudo que cuanto más hacen sus padres por ellos, tanto más ingratos son, menos los respetan” (El hogar cristiano, p. 266).

Que Dios te bendiga,

Julio, 05 2010



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