Sellados

En la antigüedad, los pastores del pueblo de Israel ungían sus ovejas con el propósito de apartarlas y evitar así que los depredadores las atacaran. El aceite que les untaban las protegía, además, de los insectos, los cuales pueden llegar a ser bastante fastidiosos. Pero si te das cuenta, en ambos casos hablamos de protección. Ahora bien, piensa por un momento en el mundo espiritual, ¿sabías que el creyente es sellado con el Espíritu santo de Dios? Mira lo que dice la Palabra: “en Él también vosotros, habiendo oido la Palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13 RVR1960). Con este sello particular, en el mundo espiritual somos apartados y tenemos una protección especial.

Infortunadamente, muchos creyentes terminan por menospreciar este sello y apagan al Espíritu Santo con el que fueron sellados al momento de su conversión. Y, ¿de qué manera lo hacen? Porque no cultivan una vida de búsqueda constante, se apartan de la lectura de la Palabra día tras día y porque, además, dejan de tener intimidad con Él. La Biblia nos exhorta en 1 Tesalonicenses 5:19 RVR1960, “no apaguéis al Espíritu Santo”. Si te fijas bien, esto es una orden y lo que Dios desea es que cultivemos una relación diaria con el Espíritu Santo. ¿Sabías que a través del Espíritu Santo podemos lograr hacer milagros, señales y prodigios? Cuando la mujer del flujo de sangre se acercó a Jesús y tocó el borde de su manto, el Señor Jesús sintió algo distinto y es que supo que poder había salido de sí, lo que quiere decir que en la llenura del Espíritu Santo tendremos el poder suficiente para hacer las cosas mayores de las que habló el Señor Jesús. Lleno del Espíritu Santo eres imparable y te conviertes en una tremenda amenaza en el mundo espiritual.

Si este mandamiento está en la Palabra es porque Dios sabe exactamente que esto puede llegar a suceder. No caigamos en la monotonía ministerial, cultivemos una vida de intimidad con el Padre, el hijo y el Espíritu Santo, eso es una vida equilibrada y balanceada. La gente de la antigüedad no tenían el privilegio que tú y yo tenemos en este momento. Para ellos, el Espíritu Santo solo venía por ocasiones, hacía la obra y luego se iba. Miremos por un momento el caso de Sansón, el hombre más fuerte que haya caminado sobre la tierra. Jueces 14:6 RVR1960, “y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito”. La fuerza de Sansón no provenía de sus cabellos sino de la visita del Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu que dio a Sansón una fuerza sobrenatural es el mismo Espíritu con el que fuiste sellado y apartado, ese mismo Espíritu mora en ti porque eres Su templo. No lo entristezcas, cultiva una vida de devoción que lo incluya a Él también. Espero que esta corta reflexión haya sido de gran bendición para tu vida. No olvides compartir, sé de bendición hoy y siempre.

Bajo la guía del Espíritu Santo,

Sergio Meza Padilla



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