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SOMOS REDIMIDOS

Somos redimidos

En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios nos dio (Efesios 1: 7, 8).

OTRA DE LAS BENDICIONES MARAVILLOSAS que se disfrutan en Cristo es la redención. El término redención, o su correspondiente verbo redimir, es casi exclusivamente usado en la vida moderna en un sentido teológico. La palabra redención no la oímos en la televisión, ni la escuchamos en la radio, ni la leemos en los periódicos. Preferimos las palabras rescate y rescatar.
Sin embargo, en tiempos del apóstol Pablo era una palabra bastante común. Se usaba cuando alguien quería rescatar algo empeñado, redimir a un esclavo, rescatar a un prisionero de guerra o a un secuestrado. El sentido de la palabra recaía en un tercero, es decir, que siempre era el otro el que podía redimir. Nunca uno podía redimirse a sí mismo. Tenía que ser por alguien. Alguien tenía que pagar el rescate. Esta es la idea que el apóstol quiere transmitir cuando usa este término.
Estábamos en una condición tan deplorable, que no podíamos ayudarnos a nosotros mismos. Pero gracias a Dios que Cristo vino a redimirnos de nuestra triste condición. En él tenemos redención. La Escritura dice: «Pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó» (Rom. 3: 24). «Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados» (Col. 1: 13, 14). En esto se centraba la esperanza de Israel en relación con la venida del Mesías, como lo dice el cántico de Zacarías: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a redimir a su pueblo» (Luc. 1: 68).
Qué bendición tan grande es la de sentirse redimido. Pero para poder sentir esto como una bendición que produzca felicidad y dicha, primero tenemos que sentirnos perdidos. Quizá se produzca la razón por la que este término no sea común en nuestros días.

Perdón obtenido por sangre

La ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón (Hebreos 9:22).

LA REDENCIÓN ES EL PERDÓN DE NUESTROS pecados: «En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados» (Efe. 1: 7). Nuestra deuda era tan grande, que no había manera que pudiéramos pagarla. Dios, entonces, nos perdonó. Pero no parecía a simple vista que fuera la manera justa de redimir al ser humano. Cuando el Señor prometió el perdón de los pecados al hombre caído, Satanás estuvo listo para atacar al gobierno divino como injusto. Luego, Dios reveló su plan más ampliamente: el perdón se concedería en base a la muerte de su Hijo.
Pablo dice que «tenemos la redención mediante su sangre» (Efe. 1: 7). La redención de prisioneros, esclavos y secuestrados costaba dinero. Se lograba mediante el pago de plata y oro. La redención del género humano de las garras del mal se logró mediante el derramamiento de la sangre de Cristo. La sangre es sinónimo de vida. Jesús entregó su vida para redimirnos del mal. Dios es el dueño de todo el universo, pero el rescate del ser humano costó la vida de su Hijo, lo que quiere decir que le costó su propia vida. Sangre derramada es vida entregada. Esta proveyó nuestra expiación: «Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre» (Rom. 3: 25). Nos dio justificación: «Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!» (Rom. 5: 9). Nos acercó a Dios: «Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo» (Efe. 2: 13). Nos reconcilió y trajo la paz con Dios: «Y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz» (Col. 1: 20).

Que Dios te bendiga,

Diciembre, 03 2010



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