«Su primer nido»

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Imagen por ZEROZLIN

(Día Internacional del Refugiado)

En el año 1916, en medio de la Primera Guerra Mundial, Juan Ramón Jiménez viajó por tierra y mar desde Madrid hasta Nueva York para casarse con la escritora y lingüista Zenobia Camprubí Aymar, que provenía de una acomodada familia catalano-puertorriqueña. La crónica de su viaje transatlántico la plasma en un diario íntimo que llega a ser una de sus obras más reconocidas por su audacia literaria, titulada: Diario de un poeta recién casado. Se divide en seis partes, en las que el autor documenta sus impresiones cotidianas al viajar desde Madrid hasta su pueblo natal de Moguer en la provincia de Huelva, y luego a Cádiz; desde Cádiz hasta Nueva York (donde se casa el 2 de marzo, y donde pasa buena parte de su residencia en los Estados Unidos entre enero y julio); y luego desde Nueva York de regreso a Madrid vía Cádiz y Moguer.

El 20 de junio Juan Ramón y Zenobia desembarcan en Cádiz, donde comienza la quinta parte del diario, titulada «España». «¡Patria y alma! —exclama el poeta—. / Una abriga a la otra… / de la cuna a la muerte. / … Ahora que el cuerpo entró en su patria, / el alma se le entra. / ¡Así, bien lleno! ¡Así, todo completo! / ¡Con mi alma, en mi patria!»

Los recién casados visitan el colegio de San Luis Gonzaga en el Puerto de Santa María donde estudió Juan Ramón, y luego van a Moguer. Como es de esperar, allí la familia los recibe con cariño y con regalos de bodas. El 30 de junio, durante el retorno a Sevilla con destino a Madrid, el poeta le dedica a su madre los siguientes versos:

¡Qué bien le viene al corazón
su primer nido!
¡Con qué alegre ilusión
torna siempre volando a él; con qué descuido
se echa en su fresca ramazón,
rodeado de fe, de paz, de olvido!
… ¡Y con qué desazón
vuelve a dejarlo, pobre y desvalido!
¡Parece que, en un trueque de pasión,
el corazón se trae, roto, el nido,
[y] se queda en el nido, roto, el corazón!1

Veinte años después, celebrado ya su Aniversario de Porcelana, la guerra civil de 1936 sorprendió a Juan Ramón y a Zenobia en Madrid, desde donde lograron volver a marcharse a América. Exiliado voluntario, en 1958 el poeta, ahora Premio Nobel español, murió en la isla de Puerto Rico sin haber querido volver a su patria, también roto el corazón por el fallecimiento de su esposa un año y medio antes que él.2

Quiera Dios que quienes añoramos nuestra patria desde lejos, al recordar nuestro primer nido determinemos más bien ocupar para siempre el glorioso nido que Jesucristo fue a preparar para los que nos hagamos ciudadanos de la patria celestial. Así podremos decir junto con los salmistas de Israel:

¡Cuán hermosas son tus moradas,
Señor Todopoderoso!
Anhelo con el alma los atrios del Señor;
casi agonizo por estar en ellos.
Con el corazón, con todo el cuerpo,
canto alegre al Dios de la vida.

Mi Dios y rey,
Dios del universo,
cerca de tu altar
gorriones y golondrinas
hallan lugar para sus nidos
y allí ponen a sus polluelos.

Felices quienes moran en tu casa
y te alaban sin cesar.3

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado (1916) (Madrid: Casa Editorial Calleja, 1917), pp. 220, 233; Enrique González Duro, Biografía interior de Juan Ramón Jiménez (Madrid: Ediciones Libertarias, 2002), p. 116; Wikipedia, s.v. «Zenobia Camprubí» <https://es.wikipedia.org/wiki/Zenobia_Camprub%C3%AD> En línea 18 diciembre 2018.
2Diego Marín, Literatura española, Tomo 2: Época moderna (New York: Holt, Rinehart and Winston, 1968), p. 308.
3Sal 84:1-2 (NVI), 3 (TLA), 5 (BLPH)

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