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ULTIMO PERO PRIMERO

Último pero primero

En el desierto cedieron a sus propios deseos; en los páramos pusieron a prueba a Dios (Salmo 106: 14).

EL DÉCIMO MANDAMIENTO va a la raíz del pecado en la vida humana, porque regula los motivos y los pensamientos que llevan al acto pecaminoso. Dios pudo incluirlo en el Decálogo porque él puede leer los pensamientos, y, por lo tanto, puede saber quiénes violan ese mandamiento. Recordemos lo que Dios dijo a Samuel: «No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón» (1 Sam. 16: 7).

Este mandamiento enseña que no solo somos responsables delante de Dios por nuestros actos sino también por nuestros motivos y pensamientos. Dios sabe que el deseo pecaminoso lleva a la acción mala y nos previene. Santiago escribió: «Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte» (Sant. 1: 14, 15).

Pero, ¿qué produce un deseo enfermizo por las propiedades de los otros? Obviamente, la codicia se nutre de la insatisfacción personal, del no estar contento con lo que se tiene. Como cristianos debemos aprender a estar satisfechos y contentos con lo que Dios nos ha dado. San Pablo decía: «No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil. 4: 11-13). Aquí está el secreto para evitar la codicia: Aprender a vivir contentos con lo que tenemos.

Cuando nos concentramos en lo que otros tienen que nosotros no, podemos caer presas del deseo y la codicia.

Que Dios te bendiga,

Pedidos de oración al cielo77014@hotmail.com

Agosto, 04 2010



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