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UNA MANO SOBRE MI HOMBRO

“UNA MANO SOBRE MI HOMBRO”

Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Mateo 1:5.

¿Has tenido alguna vez un mal día o una mala semana? Benjamín tuvo dos malas semanas cuando tenía 16 años. Tuvo una dificultad tras otra, y todo llegó al colmo cuando estrelló el viejo automóvil de su padre. No quería ir a su casa ni tampoco encontrarse con ninguno de los miembros de la iglesia, quienes ya habían estado hablando acerca de las travesuras del “hijo del predicador”.

Benjamín tomó la decisión de no asistir a la iglesia, y se dijo: “Les aseguro que ni 25 caballos podrán arrastrarme para ir a la iglesia el sábado”. Pero su mamá tenía una idea mejor. Era una mujer firme, y con una tierna sonrisa persistió hasta que Benjamín comenzó a asistir a la iglesia de uno de nuestros colegios. Benjamín nos cuenta su experiencia:

“Caminar a lo largo del corredor que conducía al templo fue algo difícil para mí. No miraba a nadie ni conversaba con nadie. Pero cuando llegué a la puerta principal sentí una mano sobre mi hombro: era la del anciano de la iglesia. Me habló con palabras que nunca olvidaré: ‘Benjamín –me dijo-, he pensado mucho en ti; en realidad, creo que algún día llegarás a ser un buen… predicador’. Esto restauró mi dignidad; me dio valor y esperanza. Aun puedo sentir aquella mano sobre mi hombro”.

Las palabras del anciano se cumplieron, porque Benjamín E. Leach ha sido un predicador y un dirigente de la iglesia. Los jóvenes, y también los ancianos, nunca olvidan la forma como se los trata cuando están en dificultades. Las palabras generosas de aquel anciano marcaron el punto de retorno de Benjamín, aunque él desconocía el futuro de este joven.

Nadie conoce el verdadero valor de un joven que juega o trabaja, que ríe o se ocupa en cosas sin importancia; nadie sabe el verdadero valor de un joven hasta que pasa el tiempo y se ven todas las cosas. Los hombres que ahora ocupan grandes posiciones fueron muchas veces jóvenes aparentemente sin importancia. Ayudemos a todos los jóvenes dirigiéndoles palabras de ánimo, de confianza y de amor.

¿No te gustaría que hoy te trataran así? Si ellos lo hacen, entonces tú puedes ser como Benjamín.

Que Dios te bendiga

Cielo



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