«¡Viva la justicia!»

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Imagen por Pavel “KoraxDC” Kazachkov

(Aniversario del Grito de Lares)

«Mariana, la Capitana de la noche del 23 [de septiembre], se había vestido de falda larga y ancha. A la cintura llevaba pistola, que muy bien la distinguía de las demás, montada en su jaca que no necesitaba espuelas para brincar un profundo zanjón.

»Mariana… fue a su caballo atado a un árbol en la misma plaza, sacó la bandera, uniestrellada con cruz blanca, la acomodó al asta, y en marcha triunfante se dirigió a la iglesia. Las mujeres y los hombres allí presentes formaron columna de tres detrás de ella. Invadidos por la emoción, empezaron a gritar:

»—¡Viva Puerto Rico! ¡Abajo los impuestos!

»—¡Viva la justicia! ¡Viva doña Mariana!…

»Nadie respiraba… un silencio celestial se impuso en la nave de la iglesia. Todos habían quedado mudos y quietos, como si rindieran tributo a la más grande y gloriosa mujer boricua…. Bandera y Mariana se fundieron en una sola unidad….

»Subió un escalón, dobló sus rodillas ante el Redentor crucificado, dio una vuelta de frente al público y, con ambas manos, levantó la bandera muy en alto y gritó:

»—¡Viva!…

»La paz y la victoria reinaban en Lares la mañana del día 24 de septiembre de 1868…. La Patrona de aquella noche: Mariana [Bracetti].

»Mariana, después de tanta humillación en las cárceles de Arecibo, fue dejada en libertad….

»Más adelante, como testigo ante un tribunal colonial, contestó: “He tenido la gloria de ser condenada por defender la libertad de mi patria.”

»La historiadora Ángela Negrón Muñoz, en su libro Mujeres de Puerto Rico, nos describe a Mariana como “brava entre los bravos, inteligente y noble como el que más”…. Jamás se arrepintió de su sacrificio.” Fue una mujer, una mujer boricua de montaña adentro, la que cargó la antorcha de justicia y amor que hoy todos predicamos….

»Sin duda, a todos aquellos que hemos tratado de conocer a esta insigne y heroica mujer nos sorprende su valentía y dedicación al servicio de la justicia y su amor al prójimo. No sólo estableció pautas para la liberación femenina, sino también iluminó senderos para que los hombres rompieran las cadenas de la opresión y cantaran con ella la canción de la libertad.»1

Mediante este conmovedor relato histórico el doctor José Morales Dorta, en su obra titulada Galería de héroes de Puerto Rico, le rinde homenaje a su compatriota Mariana Bracetti. Y bien merecido lo tiene doña Mariana, quien con su arrojo, su consagración a la causa de la libertad y su amor al prójimo se comporta como una verdadera seguidora de Jesucristo. Al igual que Cristo, ella sufre la humillación y la pena de la condenación a manos de sus enemigos, y no se arrepiente de su sacrificio; sólo que, a diferencia de Cristo, ella no tiene que hacer el sacrificio de dar la vida por la causa.

Gracias a Dios, fue por los méritos de ese sacrificio supremo de su Hijo Jesucristo que surgió el cristianismo como una arrolladora fuerza moral y espiritual que estableció los principios de igualdad y justicia para todo el género humano. Y fueron esos principios bíblicos los que iluminaron la senda de aquella patriota puertorriqueña en el siglo diecinueve, e iluminan la nuestra en el siglo veintiuno, para que rompamos las cadenas de la opresión del pecado y cantemos con Cristo la canción de la libertad del alma.

Carlos Rey
Un Mensaje a la Conciencia
www.conciencia.net


1José Morales Dorta, Galería de héroes de Puerto Rico (San Juan: Plaza Mayor, Inc., 1997), pp. 212-21.

Un Mensaje a la Conciencia

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