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Volviendo en sí

Muchas veces tomamos malas decisiones que nos cuestan muchísimo y nos duelen demasiado, porque al tomarlas, somos guiados por razones incorrectas. En la gran mayoría de veces cuando tomamos esas malas decisiones nos separamos de Dios. Adán y Eva tomaron una muy mala decisión, Génesis 2:17 NBLH dice “pero del árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal no comerás”; y comieron del fruto y sufrieron las consecuencias de su mala decisión, pero también, como efecto colateral, se separaron del Señor. Y es que cuando tomamos decisiones que no se alinean a los propósitos de Dios para con nosotros, el resultado siempre será el mismo: nos apartaremos de Él. El Apóstol Pedro en su discurso en el pórtico de Salomón dijo: arrepentíos y convertíos. Pero, ¿qué quiso decir esto? ¿A qué se refería? ¿Qué implica el arrepentirse y el convertirse?

La parábola del hijo pródigo sirve para ilustrar la respuesta a estas preguntas. Dice la Palabra en Lucas 15:17-18 RVR1960, “y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. En estos dos versos, el hijo pródigo experimenta estas dos cosas: el arrepentimiento y el regresar a los brazos de Papá, lo cual hace referencia al convertirse, es decir regresar al estado original, pero para poder hacer todo esto tuvo que volver en sí como primera medida. Podemos entender entonces que mientras esta persona tomó la decisión de reclamar su heredad y malgastarla viviendo desenfrenadamente, no estaba “en sus cabales” para haber tomado esa decisión. Cuando vuelve en sí, este joven analiza la forma cómo los jornaleros de su padre vivían y cómo eran tratados; su mala decisión de reclamar su herencia le llevó a experimentar cosas terribles, pero lo más importante es que él entendió en su espíritu que había obrado mal y que era necesario arrepentirse de lo que había hecho, número uno, luego tomar la decisión de regresar a casa y, finalmente, confesar al padre que había pecado y allí está el secreto: confesar de corazón nuestros pecados a Dios Padre para hallar el perdón y restablecer nuestra comunión.

¿Cuántos de nosotros tomamos malas decisiones no estando en nuestros cabales y estamos viviendo las consecuencias de ello? La idea no es ni señalar ni juzgar, sino traer una Palabra de convencimiento. A veces el mismo Dios utiliza esas circunstancias para hacernos volver en sí y, de esta forma, arrepentirnos de nuestros malos caminos para enderezar nuestras sendas (Proverbios 3:6 NBLH). Difícilmente un creyente que no vuelva en sí podrá ver cuán equivocado está. No basta solamente con arrepentirse, hay que volver a casa y confesar nuestros pecados, la Palabra nos enseña en Proverbios 28:13 NBD que, “quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”. Hoy es día de apartarse para hallar perdón y misericordia, necesitas volver en sí. Dios te bendiga sobrenaturalmente hoy y siempre. No olvides ser de bendición para otros, comparte este mensaje.

Bajo la guía del Espíritu Santo,

Sergio Meza Padilla



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