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Cheque

No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho
a la casa de Israel; todo se cumplió. Josué 21:45.

Estela mira la correspondencia encima de la mesa, con desgano: hoy
tam­poco la abrirá. ¿Para qué? Solo vienen cuentas y propaganda
indeseada. Las deudas la tienen asfixiada.
Esta noche, solo piensa entrar debajo de la ducha y sentir el agua que
resbale por su cuerpo, hasta adormecerla. Mañana será otro día y, tal
vez, las deudas le duelan menos. Quién sabe, tal vez encuentre la
salida inesperada, en fin… Hoy solo quiere dormir y olvidarse de las
dificultades que enfrenta.

Lo que ella no percibe es que el ritual se repite a diario: siempre
cansada, endeudada y esperando un día mejor. ¿Hace cuánto tiempo que
espera? No sabe definirlo; solo sabe que vive triste, sola, y que sus
amigos no imaginan el drama que vive la chica extrovertida que hace
reír a todo el mundo.
Incoherencias de la vida; unos ríen y otros lloran. Los que ríen,
lloran cuando están solos, y los que lloran quisieran alguna vez reír.
Estela llora sin motivo: entre la correspondencia que ella no abre, hace
un buen tiempo que hay un cheque que un amigo le envió. Estela llora;
el motivo de sus lágrimas son las deudas, ella cree. La verdad es otra:
ella llora por no abrir la corres­pondencia; si lo hiciera, no habría
más motivo para lágrimas.

Hay mucha gente como Estela: desespera porque no conoce las promesas
divinas. El texto de hoy afirma que Dios jamás deja de cumplir sus
promesas; puedes descansar, confiando, en ellas. Pero, ¿cómo hacerlo,
si no las conoces? Este es el motivo porque el ser humano necesita
conocer la Palabra de Dios. La Biblia no es un libro lleno de órdenes y
de prohibiciones, sino una carta de amor llena de promesas; cheques en
blanco, para completar y cobrar de acuerdo con la fe.

¿Cuál es el drama que enfrentas hoy? ¿Por qué te escondes? ¿Por
qué te­mes? ¿No has sabido, no has conocido que Dios se preocupa por
ti, como el padre se preocupa por el hijo pequeño? Haz de este un día
de realizaciones, a pesar de las piedras que puedas encontrar en el
camino.

Los obstáculos no tienen, como propósito, desanimarte, sino probar
cuán resistente es tu fe. ¿Cómo sabrás que confías en Dios, si
nunca tuviste que enfrentar los vientos contrarios?
No salgas, esta mañana, sin abrir la correspondencia divina: el cheque
está allí, listo para ser cobrado, porque “no faltó palabra de todas
las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo
se cumplió”.



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