Cristo es la meta y el premio

Filipenses 3:13-14 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya asido; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta para alcanzar el premio del llamamiento a lo alto, que Dios hace en Cristo Jesús.
Efesios 3:8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.
Pablo había experimentado a Cristo y ganado de Él en gran manera; con todo y eso, no consideraba que hubiese experimentado a Cristo en plenitud o que lo hubiese ganado cabalmente. Esta era la razón por la que proseguía con todas sus fuerzas hacia la meta, que consistía en ganar a Cristo al máximo grado. En el versículo 13 Pablo habla de olvidar lo que queda atrás. A fin de ganar a Cristo a lo sumo, el apóstol Pablo no sólo había olvidado las experiencias que había tenido en el judaísmo, sino que también se negaba a estancarse en sus antiguas experiencias de Cristo. Estancarnos en nuestras experiencias pasadas, por muy genuinas que éstas hayan sido, estorba nuestra búsqueda de Cristo.
En el versículo 13, Pablo dice que se extiende a lo que está delante. Él sabía que Cristo era insondablemente rico y que Sus riquezas eran un vasto territorio aún por poseer. Por tanto, él se extendía para ver si podía llegar a los confines de dicho territorio. El apóstol proseguía a la meta para alcanzar el premio. Cristo es la meta y también el premio. La meta es el pleno disfrute de Cristo y el hecho de ganarlo a Él; mientras que el premio es el máximo disfrute de Cristo en el reino milenario como recompensa para los corredores que obtengan la victoria en la carrera neotestamentaria. Para llegar a la meta y alcanzar el premio, Pablo continuamente olvidaba lo que quedaba atrás y se extendía a lo que estaba delante. Esto es lo que significa ganar a Cristo siguiéndole.
Pablo era un creyente maduro y un apóstol con mucha experiencia, y aun así declaró que todavía no lo había alcanzado, ni había sido plenamente perfeccionado. Él no consideró ya haber obtenido el deleite pleno de Cristo, ni la plena madurez en vida. Por supuesto que había recibido la salvación común, por medio de la fe común (1 Ti. 1:14-16), pero todavía seguía a Cristo con miras a ganarlo. Al igual que Pablo, nosotros también fuimos regenerados, pero aún no hemos sido perfeccionados ni hemos llegado a la plena madurez en la vida divina. Cuando nos convertimos, fuimos ganados por Cristo para ganarlo a Él. Pero como todavía no hemos sido plenamente perfeccionados, seguimos en pos de Cristo.
(c) 2011 Living Stream Ministry.

Filipenses 3:13-14 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya asido; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta para alcanzar el premio del llamamiento a lo alto, que Dios hace en Cristo Jesús.

Efesios 3:8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.

Pablo había experimentado a Cristo y ganado de Él en gran manera; con todo y eso, no consideraba que hubiese experimentado a Cristo en plenitud o que lo hubiese ganado cabalmente. Esta era la razón por la que proseguía con todas sus fuerzas hacia la meta, que consistía en ganar a Cristo al máximo grado. En el versículo 13 Pablo habla de olvidar lo que queda atrás. A fin de ganar a Cristo a lo sumo, el apóstol Pablo no sólo había olvidado las experiencias que había tenido en el judaísmo, sino que también se negaba a estancarse en sus antiguas experiencias de Cristo. Estancarnos en nuestras experiencias pasadas, por muy genuinas que éstas hayan sido, estorba nuestra búsqueda de Cristo.

En el versículo 13, Pablo dice que se extiende a lo que está delante. Él sabía que Cristo era insondablemente rico y que Sus riquezas eran un vasto territorio aún por poseer. Por tanto, él se extendía para ver si podía llegar a los confines de dicho territorio. El apóstol proseguía a la meta para alcanzar el premio. Cristo es la meta y también el premio. La meta es el pleno disfrute de Cristo y el hecho de ganarlo a Él; mientras que el premio es el máximo disfrute de Cristo en el reino milenario como recompensa para los corredores que obtengan la victoria en la carrera neotestamentaria. Para llegar a la meta y alcanzar el premio, Pablo continuamente olvidaba lo que quedaba atrás y se extendía a lo que estaba delante. Esto es lo que significa ganar a Cristo siguiéndole.

Pablo era un creyente maduro y un apóstol con mucha experiencia, y aun así declaró que todavía no lo había alcanzado, ni había sido plenamente perfeccionado. Él no consideró ya haber obtenido el deleite pleno de Cristo, ni la plena madurez en vida. Por supuesto que había recibido la salvación común, por medio de la fe común (1 Ti. 1:14-16), pero todavía seguía a Cristo con miras a ganarlo. Al igual que Pablo, nosotros también fuimos regenerados, pero aún no hemos sido perfeccionados ni hemos llegado a la plena madurez en la vida divina. Cuando nos convertimos, fuimos ganados por Cristo para ganarlo a Él. Pero como todavía no hemos sido plenamente perfeccionados, seguimos en pos de Cristo.

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