La lucha de la fe

He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4.

Has estado últimamente luchando con Dios tratando de comprender sus caminos? ¿Te ha sido difícil penetrar en la voluntad de Dios para tu vida? Ciertamente, no siempre es fácil aceptar lo que él ha dispuesto para nuestra vida.

Habacuc fue un hombre cuya vida se centró en esa lucha. Su nombre significa para algunos “abrasador” o “abrazo”, pero para otros significa “luchador”. Me inclino por el segundo, porque, al observar su libro, puedo ver a un  hombre que ha tenido que luchar con Dios, quizás abrazándose a él sin soltarlo en ocasiones, tratando de entrar en ese mar desconocido llamado la voluntad de Dios.

El problema de Habacuc era tratar de entender los caminos de Dios y la justicia Divina. Habacuc llega a cuestionar a Dios por las consecuencias que tiene que afrentar Judá debido a su constante iniquidad y, finalmente, demanda una respuesta por parte de Dios. ¡Cuán comprensivo es Dios con la pequeñez del ser humano! Dios le explica pacientemente al profeta que su problema  y el mío no es juzgar a Dios y evaluarlo para ver si lo que hace esta bien o es justo. El gran problema del ser humano es que no luchamos, no sentimos “agonía” por  penetrar en el plan que Dios tiene diseñado para nosotros, aunque no lo entendamos. Imagino a Dios diciéndole: “Mira, Habacuc, mi luchador. Has estado agonizante queriendo entender mis caminos.

Eso esta muy bien. Lo que aquí realmente importa es que el justo, el que me ha aceptado como su Dios, se aferre a mí por fe mas allá de las bendiciones o las cosas buenas que puedan ocurrir en su vida. Solo así la fe del hombre puede crecer pues confiara que si esta dentro de la voluntad de Dios, todo estará bien”. ¿Y que pasa ahora contigo y conmigo? ¿Quieres luchar para entender que es lo que tiene Dios dispuesto para ti y para mí? ¿O quieres seguir perdiendo el tiempo cuestionando si Dios ha hecho lo correcto contigo o con el mundo?  Aférrate a él. No a lo que Dios pueda darte o quitarte.

Lucha por estar en el centro de su voluntad. Amado Señor, ayudarnos a aferrarnos a ti, no a lo que puedas quitarnos o darnos.



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