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Ministrar al Señor – Segunda parte

Quiero ser muy franco. Hasta que no sepamos lo que es acercarse al Señor estrechamente, no sabemos lo que es servirle. Es imposible estar lejos y ministrarle. No podemos servir al Señor desde la Distancia. Existe solamente un lugar en el cual es el LUGAR SANTO. En el atrio exterior las personas se aproximan al pueblo. En el Lugar Santo las personas se aproximan al Señor.

El pasaje que hemos citado hace énfasis sobre la necesidad de acercarse muy estrechamente a Dios si vamos a ministrar. Este pasaje también habla de permanecer delante de El  para ministrar. Me parece que hoy en día estamos siempre deseando movernos. No podemos estar permanentemente en un ir y venir.

No podemos detenernos por un momento. Pero una persona espiritual conoce cómo permanecer quieta.
Esa persona puede permanecer delante de Dios hasta que Dios le haga conocer Su Voluntad: Esa persona puede  permanecer delante de El y espera ordenes.
(Salmo 46. 10)

Deseo dirigirme especialmente a mis  compañeros de trabajo. Les pregunto: No está acaso su trabajo organizado en forma definida y se lleva a cabo bajo un estricto programa? Y no tiene que ser desarrollado con gran prisa? Puede persuadir de hacer un alto y no moverse por un poco de tiempo? A eso es a lo que me estoy refiriendo aquí, a “detenerse y ministrar al Señor”.

No existe un ministro verdadero del Señor que no entienda el significado de la palabra “MINISTRAR”, “ellos se acercarán estrechamente a Mi y Me ministrarán”, “ellos permanecerán delante de Mí para ministrarme”.

Hermanos, no piensan que cualquier siervo debería esperar las órdenes del Señor antes de buscar cómo servir a El.

Existen solamente dos tipos de pecado delante de Dios. Uno es el pecado de rebelión contra  sus mandamientos, por ejemplo, rehusar obedecerle cuando El envía sus órdenes. El otro es el pecado de obra cuando el Señor no ha dado órdenes. El uno es rebelión y la otra presunción.

El uno consiste en no hacer lo que el Señor nos señala, y el otro es hacer lo que el Señor no nos ha pedido que hagamos. El permanecer delante del Señor tiene relación con el pecado de hacer lo que el Señor no nos ha pedido que hagamos.

Hermanos y hermanas, qué cantidad del trabajo que han efectuado se ha basado en el claro mandamiento de Señor? Que cantidad de obra han ejecutado sobre la base de sus claros mandamientos? Y qué cantidad de obra ha sido hecha tan sólo sobre el terreno de que las cosas que han hecho son buenas cosas para llevar a cabo?

Se piensa de esta manera: esto no debe ser malo, o esto es lo mejor que pude llevar a cabo. Y así, la persona sigue adelante, ejecutándo cosas sin detenerse  preguntar si esas “cosas buenas” corresponde a la voluntad de Señor.

OH! Los que somos hijos del Señor todo lo que sabemos es que no debemos hacer nada malo. Pero pensamos que si sólo nuestra conciencia es la que nos impide llevar a cabo alguna cosa. O  si alguna cosa nos parece en sí misma como algo positivamente bueno, esa es una razón suficiente para llevarla a cabo y ejercitarla.

Aquella cosa cuya relación toma en cuenta, puede ser muy buena, pero se postran delante del Señor esperando su mandamiento en relación con ella?
“Ellos deben permanecer delante de su presencia, y rehúsa moverse hasta tanto que el Señor emita sus Órdenes. Ministrar al Señor significa eso.”

En el atrio exterior yace la necesidad humana que nos gobierna. Tan sólo permitan que alguien llegué a sacrificar un becerro o un cordero, y ahí habrá trabajado para ustedes. Pero en el lugar Santísimo hay profunda soledad. Ninguna alma llega allí. Ningún hermano o hermana nos gobierna allí, ni comité alguno determina en ese lugar nuestras actividades. En el Lugar Santísimo existe solamente una autoridad, la autoridad del Señor! Si el Señor me señala una tarea, la hago. Si no me señala tarea alguna, nada hago.

Pero algo se requiere de nosotros mientras permanecemos delante del Señor “la grosura y la sangre”. Las sangres responde las demandas de su Santidad y Justicia; la grosura significa los requerimientos de su Gloria. La sangre se relaciona con la cuestión de nuestro pecado. La grosura con el asunto de su satisfacción. La sangre renueve todo lo que pertenece a la vieja creación. La grosura atrae la nueva. Y esto es mucho mas que doctrina espiritual.

Nuestra vida del  alma fue comprometida en el derramamiento de Su Alma hasta la muerte. Cuando el señor derramó Su eterna sangre incorruptible, no sólo estaba derramando Su propia vida sino que El  estaba haciendo fluir su totalidad  de la vida que el hombre obtiene por el nacimiento natural. Y el Señor no solamente murió. Sino que el se levantó de la muerte, y “la vida que El vive la vive EN DIOS”.

El vive para la satisfacción de Dios. El ofrece la “grosura y la sangre”· Nosotros también. Los que deseamos ministrar al Señor debemos ofrecer la grosura y la sangre. Y esa cuestión imposible por nosotros mismos, se hace posible mediante lo que el Señor ha hecho por nosotros.

Pero tal ministerio está confinado en un cierto lugar. “Ellos entrarán en MI santuario, y ellos mantendrán MI ordenamiento.”

Ministrar de esta manera significa “HACIA MI”, en el lugar interior del santuario, el lugar escondido, no en el atrio exterior expuesto a la vista del público. La gente puede pensar que no estamos haciendo nada, aunque el Servicio a Dios dentro del lugar Santo trasciende hasta muy lejos en el Servicio al pueblo del atrio exterior.

Hermanos y hermanas, aprendamos lo que significa permanecer delante del señor en espera de sus órdenes, sirviéndole únicamente según su mandamiento, y siendo gobernados por ninguna otra consideración que la de su propia voluntad.



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  1. Kenny Leon

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