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Si lo hubiera hecho

¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Sería entonces tu paz como un río, y tu justica como las ondas del mar.

Isaías 48:18

El versículo es un llamamiento, aparte de una expresión de tristeza por lo que pudo haber sido y no fue. Dios muchas veces siente un profundo dolor cuando mira lo que podríamos haber llegado a ser si no hubiéramos sido  porfiados en nuestros propios caminos.

¿Qué impide que sea nuestra paz como un río y nuestra justicia como las ondas del mar? Tal vez somos testarudos y porfiados, orgullosos y confiados en nuestra propia opinión, lo cual nos lleva a desobedecer, a no atender su voz y a elegir nuestro propio camino. Nos volvemos ciegos. Nos incapacitamos para ver nuestras propias faltas. Nos es difícil ver dentro de nosotros mismos, ya sea por orgullo o por dolor. En otros casos, nuestra condición se vuelve extremista, llegando a ver con una lente de aumento cada fallo y cada carga.

Todo lo anterior nos lleva a desconocer la paz de Dios en nuestro corazón y su justicia en nuestra vida diaria. Demasiado a menudo impedimos que el Señor complete en nosotros su designio maravilloso de arrancarnos de nuestra lastimera condición.

Jesús conoce tus deficiencias y las mías, así como nuestra frialdad o rechazo hacia lo que tiene que ver con los caminos del Señor para nosotros. Dios conoce cuán orgullosos y sabios somos según nuestra propia opinión en incontables ocasiones. El sabe cuán porfiados y soberbios nos vuelve el pecado. Sabe, cuando no es su Palabra la que nos guía, ni la oración la que nos conduce, cuán equivocados son nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras acciones y nuestras decisiones.

Lo más maravilloso es que el Señor sabe qué hacer con todos esos defectos y deficiencias cuya mera enumeración bastaría para llenar paginas y paginas. Si los escribieses con tinta indeleble, ni rastro quedará de ellos, pues el borrará cada letra.

La epístola a los Filipenses nos recuerda que, así como Dios empezó su obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. ¡El sabe que hacer conmigo! Ese milagro es el que me dará paz y tranquilidad como la del río, y es paz de la presencia del Espíritu Santo en mi vida dará frutos de justicia.

Devocional extraído de la página DevocionalesCristianos



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