July 10th, 2009 |
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LEA: Efesios 2:1-10
…somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. —Efesios 2:10
El Museo de Arte de Grand Rapids tiene más de 5000 obras, que incluyen 3500 impresiones, dibujos y fotografías; 1000 obras de diseño; y 700 pinturas y esculturas. Al leer acerca del nuevo museo y proyectar visitarlo, no pude evitar pensar en el «museo» de Dios.
Dios es un artista y Su creación es magnífica más allá de todo calificativo. ¡Pero esta no es Su obra más grandiosa! La obra maestra de Dios es habernos redimido. Cuando aún estábamos muertos en nuestros pecados, Él nos dio vida por medio de Su Hijo Jesucristo (Efesios 2:1,5). Pablo les recordó a los efesios que ellos eran «hechura» o poiema de Dios (v.10), término griego que significa «poema» u «obra de arte». El museo de arte de Dios es la Iglesia, llena de millones de obras maravillosas: Su pueblo.
Pablo dijo que ser la obra de arte de Dios debe generar algo en nosotros. La idea es que no nos quedemos inmóviles y en silencio en el museo de la comunión, sino más bien, que mostremos el amor de Dios en forma práctica por medio de las buenas obras. Jesús dijo que estas buenas obras glorifican a nuestro Padre celestial (Mateo 5:16).
Dios no nos creó de nuevo en Su Hijo para que fuéramos piezas de museo. Nos redimió para que nuestras buenas obras exhibieran el fulgor de Su redención y gracia, y llevaran a un mundo en tinieblas hacia la luz de Su amor.
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July 9th, 2009 |
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LEA: 1 Juan 3:16-23
…andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros. —Efesios 5:1-2
Un comentario que leí en uno de mis blogs favoritos captó mi atención. Era la mañana de su noveno aniversario de bodas. Como no tenía mucho dinero, el autor salió corriendo para traerle a su esposa, Heidi, su pastel francés favorito —pain au chocolat (pan de chocolate). Después de haber corrido por varios kilómetros, llegó a casa, exhausto, sólo para encontrarla a ella en la cocina justo cuando estaba sacando una hogaza de pan crujiente relleno de chocolate del horno. Era un pain au chocolat.
Ese esposo, Jeff, comparó su vida con Heidi con las vidas de las personas en la historia corta de O. Henry Gift of the Magi (El regalo de los magos). Cuenta acerca de un hombre que vendió su única posesión de valor —un reloj de bolsillo— para comprarle una peineta a su esposa, quien a su vez vendió su bella y larga cabellera para comprar una cadena de oro para el reloj de su esposo.
Sería genial no tener problemas de dinero, pero es más importante darnos cuenta del inmensurable valor de las personas por las que nos preocupamos. Algunas veces necesitamos que nos recuerden que adquirir «cosas» no es tan importante como apreciar a las personas que Dios ha colocado en nuestras vidas. Cuando colocamos los intereses de los demás por encima de los nuestros (Filipenses 2:3), aprendemos lo que significa amar, servir y sacrificarse. De hecho, así es como imitamos a Cristo en nuestras relaciones (Efesios 5:1-2).
La vida, el amor y el chocolate saben mejor cuando se comparten con los demás.
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July 8th, 2009 |
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LEA: Apocalipsis 22:1-5
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, …son las que Dios ha preparado para los que le aman. —1 Corintios 2:9
¿Cuál será uno de los gozos supremos del cielo?
Joni Eareckson Tada, quien quedó discapacitada siendo una adolescente en un accidente al zambullirse en un lago, ha sido parapléjica por más de 40 años. Podríamos pensar que su mayor anhelo sería poder caminar, incluso correr, libre del confinamiento de su silla de ruedas.
Pero Joni nos dice que su mayor deseo es ofrecer una «alabanza que sea pura». Ella explica: «No quedaré inválida a causa de las distracciones, ni quedaré discapacitada por la falta de sinceridad. No quedaré impedida por un corazón tibio y aburrido. Mi corazón se unirá al tuyo y rebosará con efervescente adoración. Finalmente podremos tener comunión plena con el Padre y el Hijo. Para mí, ésta será la mejor parte del cielo».
¡Cuánto le habla eso a mi corazón dividido, y cómo cautiva a mi espíritu carente de visión! ¡Qué bendición ofrecer «una alabanza que es pura» sin pensamientos divagantes, sin pedidos egocéntricos, sin la incapacidad de poder remontarme sobre mi lenguaje limitado a la tierra!
En el cielo, «no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3). Que la perspectiva del cielo nos haga capaces de experimentar, incluso aquí y ahora, un adelanto de esa adoración glorificadora a Dios.
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July 7th, 2009 |
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LEA: Juan 6:25-33
Nuestra competencia proviene de Dios. —2 Corintios 3:5
Cuando era pastor solía tener una pesadilla una y otra vez. Me levantaba para predicar el domingo por la mañana, miraba a mi congregación… ¡y veía que no había nadie en los bancos!
No hace falta un Daniel (Daniel 2:1, 19) o un terapeuta en sueños para interpretar la visión. Ésta salía de mi creencia de que todo dependía de mí. Erróneamente creía que, si no predicaba con poder y persuasión, la congregación disminuiría y la iglesia se vendría abajo. Pensaba que yo era el responsable de los resultados de la obra de Dios.
En los Evangelios leemos que algunas personas Le preguntaron a Jesús, «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» (Juan 6:28). ¡Qué audacia! ¡Sólo Dios puede hacer las obras de Dios!
La respuesta de Jesús nos instruye a todos: «Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (v.29). Entonces, sea lo que sea que tengamos que hacer, ya sea enseñar en una clase de escuela dominical, liderar un grupo pequeño, contarle la historia del Evangelio a nuestro vecino, o predicar a miles, debemos hacerlo por fe. No hay otra manera de «poner en práctica las obras de Dios».
Nuestra responsabilidad es servir a Dios fielmente, donde sea que Él nos haya colocado. Luego, hemos de dejarle los resultados al Señor. Tal y como Jesús les recordó a Sus discípulos en Juan 15:5: «Separados de mí nada podéis hacer».
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July 6th, 2009 |
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LEA: 2 Corintios 4:8-18
No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. —2 Corintios 4:18
Atascado en una larga fila en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá, ¡Joel Schoon Tanis tenía que hacer algo para aliviar su mal humor! Buscó sus botellas que contenían una mezcla que hacía burbujas, salió del automóvil y comenzó a soplar. Les dio también botellas a otros conductores y dice que «pronto había burbujas por todas partes… Es asombroso lo que las burbujas hacen por las personas». La fila no avanzó ni un ápice más rápido, pero, «de repente todos estaban felices», dice Joel.
«Lo que vemos depende principalmente de lo que buscamos», dijo el estadista británico John Lubbock (1834–1913). Una buena actitud y el enfoque correcto nos ayudan a manejar la vida con gozo, aun cuando no hacen que las circunstancias a nuestro alrededor cambien en absoluto.
Pablo alentó a los corintios en sus pruebas: «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18).
Entonces, ¿qué es lo invisible y eterno que podemos ver? El carácter de Dios es un excelente lugar donde enfocarnos. Él es bueno (Salmo 25:8), es justo (Isaías 30:18), es perdonador (1 Juan 1:9), y es fiel (Deuteronomio 7:9).
Meditar en el carácter de Dios nos puede dar gozo en medio de nuestras luchas.
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July 3rd, 2009 |
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LEA: Filipenses 4:10-13
¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? —Job 2:10
Cuando mi esposa aceptó el cargo de directora de educación especial en un distrito escolar a varios kilómetros de casa, eso implicó que viajara muchos kilómetros todos los días. Sería tolerable a corto plazo, pero todos sabíamos que no podría seguir así indefinidamente. Entonces, decidimos mudarnos a una ciudad a mitad de camino de nuestros empleos.
El agente inmobiliario no creía que nuestra casa se vendería de inmediato. Las tendencias del mercado mostraban muchas casas en venta y pocos compradores. Después de mucha oración y una agotadora limpieza, finalmente la pusimos en venta. Para nuestra sorpresa, ¡la vendimos en menos de tres semanas!
A veces me siento culpable de recibir bendiciones materiales. En un mundo tan necesitado, ¿por qué debía yo esperar la intervención divina para vender una casa? Pero entonces, recuerdo la respuesta de Job a su esposa: «¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (Job 2:10).
Este versículo se suele aplicar para aceptar las decepciones, pero el principio también vale para agradecer por las bendiciones. El apóstol Pablo aprendió a regocijarse en la abundancia y en la necesidad (Filipenses 4:10-13). Dios desea enseñarnos el contentamiento mediante las ganancias y también las pérdidas. Agradecer a Dios en todo implica reconocer Su soberanía y fomentar una vida de fe.
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July 2nd, 2009 |
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LEA: Génesis 2:16-17; 3:1-8
De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. —Génesis 2:16-17
Observaba cómo una joven madre trataba de hacer que su hijito de dos años se decidiera. «Puedes escoger pescado o pollo», le dijo. Ella limitó la elección a dos cosas porque el niño era demasiado pequeño para entender más allá de ello. A menudo, la elección ofrece una mayor variedad de opciones, y también debe permitirle a la persona rechazar las alternativas.
Adán y Eva se encontraban en el mejor de los ambientes posibles. Dios les había dado la libertad de comer de todos los árboles en el Edén. ¡Él sólo puso límites alrededor de un árbol! Ellos podían elegir, y no hacía falta ser muy inteligente para escoger sabiamente. Pero su elección fue trágica.
Algunos culpan a Dios por lo que consideran son Sus restricciones. Incluso puede que LE acusen de tratar de controlar sus vidas. Pero Dios nos da a elegir, así como lo hizo con Adán y Eva.
Sí, Dios establece límites, pero son para nuestra protección. David lo entendió. Escribió, «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos… más que todos mis enseñadores he entendido… porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra» (Salmo 119:98-101).
Dios se preocupa tanto por nosotros que nos pone límites para que elijamos lo que es correcto.
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July 1st, 2009 |
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LEA: Lucas 2:25-35
Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá. —Isaías 40:5
La habitación era un desastre: muebles que no combinaban, pintura descolorida, conexiones eléctricas horrorosas, cachivaches amontonados por todas partes. Los dueños de la casa intentaron mejorar algunas cosas, pero se veía cada vez peor.
Así comienza un programa de televisión sobre cómo reformar una casa. Después de entrevistar a los dueños, el diseñador elabora un plan para aprovechar al máximo el cuarto. Los productores del programa crean un clima de suspenso que va en aumento hasta llegar a lo que se denomina «la revelación». Los televidentes observan los progresos, junto con los «uh» y los «ah» de los propietarios al ver la nueva habitación.
Con el tiempo, el mundo se ha convertido en una especie de habitación descuidada. La gente lo satura de objetos que no corresponden; prioriza cosas que entorpecen su potencial. La vida se torna oscura, abarrotada e ineficaz. Los proyectos de autoayuda traen muy pocos beneficios.
La Biblia es el diseño divino que muestra la mejor manera de vivir. Dios genera suspenso a lo largo del Antiguo Testamento. Luego, en el momento indicado, llega la gran revelación: ¡Jesús! Al verle, Simón exclamó: «Porque han visto mis ojos tu salvación… luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:30-32).
Llegamos a ser parte de la gran «revelación» de Dios cuando seguimos Su diseño y el ejemplo de Cristo.
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June 30th, 2009 |
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LEA: Lucas 19:1-10
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido. —Lucas 19:10
Casi cada semana vemos noticias acerca de alguna misión de búsqueda y rescate. Puede que se trate de algún niño que se alejó durante un almuerzo campestre familiar y se extravió, o un excursionista que se quedó aislado en alguna montaña, o personas atrapadas bajo los escombros luego de un terremoto. En cada caso, las personas en riesgo son incapaces de ayudarse a sí mismas. Por lo general, los que fueron encontrados y salvados muestran una gratitud perdurable por aquellos que se unieron a la búsqueda y les rescataron.
El relato de Zaqueo en Lucas 19:1-10 es una historia de búsqueda y rescate. Puede que a primera vista parezca una serie de casualidades. Jesús estaba pasando por Jericó y un rico publicano trepó a un árbol para echarle un vistazo al Maestro obrador de milagros. Pero este encuentro con Jesús no fue una coincidencia. Al final del relato, Lucas deliberadamente incluyó las palabras de Jesús a Zaqueo. «Hoy ha venido la salvación a esta casa… Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». (vv. 9-10).
Jesús comenzó Su operación de búsqueda y rescate en la tierra por medio de Su vida, muerte y resurrección. Él sigue realizándola hoy por medio del poder del Espíritu Santo y nos invita con Su gracia a participar con Él amando a aquellos que están perdidos.
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June 29th, 2009 |
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LEA: Isaías 6:1-8
Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: heme aquí, envíame a mí. —Isaías 6:8
Macauley Rivera, uno de mis amigos más queridos del seminario bíblico, tenía pasión por el Salvador. El deseo de su corazón era graduarse, casarse con su novia, Sharon, regresar a los suburbios de la ciudad de Washington, D.C., y establecer una iglesia para alcanzar a sus amigos y familiares para Cristo.
Sin embargo, ese sueño terminó cuando Mac y Sharon murieron trágicamente en un accidente, dejando a todos los estudiantes atónitos ante la pérdida. En el servicio religioso en memoria de Mac, se lanzó el desafío: «Mac se ha ido. ¿Quién servirá en su lugar?» En señal del evidente impacto del ejemplo de Mac, más de 200 estudiantes se pusieron de pie para coger el manto del siervo caído de Cristo.
La respuesta de esos estudiantes resuena en el compromiso de Isaías. En un momento de temor e inseguridad, el profeta fue llamado a la sala del trono de Dios, donde Le escuchó decir: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» Isaías respondió: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8).
Dios todavía llama a hombres y mujeres para que sean Sus embajadores hoy en día. Les desafía a que Le sirvan, a veces cerca de sus hogares, otras veces en tierras distantes. La pregunta para nosotros es: ¿Cómo responderemos a Su llamado? Que Dios nos dé el valor para decir: «Aquí estoy; envíame».
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