October 1st, 2009 |
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LEA: Mateo 7:7-11
Si […] sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? —Mateo 7:11
Con un puñado de copos de cereal crucé de puntillas la terraza en mi patio de atrás tratando de acercarme sigilosamente a los peces de la laguna. Tal vez fue mi sombra sobre el agua, o quizá no fui tan sigilosa como creí. Al acercarme a la verja, quince enormes peces dorados nadaron a toda velocidad hacia mí abriendo y cerrando frenéticamente sus grandes bocas, anticipando ansiosamente el esperado festín.
Entonces, ¿por qué los peces agitaron las aletas con tanta furia? Porque mi sola presencia desencadenó una respuesta condicionada en sus diminutos cerebritos de pez, que les dijo que tenía algo especial para darles.
Ojalá tuviéramos siempre una respuesta así para Dios y Su deseo de darnos buenas dádivas; una respuesta basada en nuestra experiencia pasada con Él que fluyese de un conocimiento profundamente arraigado de Su carácter.
El misionero William Carey declaró: «Espera grandes cosas de parte de Dios. Intenta grandes cosas para Dios». Dios desea equiparnos de manera perfecta para lo que Él quiere que hagamos, y nos invita a «entrar confiadamente» para encontrar misericordia y gracia en tiempo de necesidad (Hebreos 4:16).
Cuando, como hijos de Dios, estamos viviendo con fe, podemos tener una expectación emocionante y una tranquila confianza en que Dios nos dará exactamente lo que nos haga falta, cuando lo necesitemos (Mateo 7:8-11).
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September 30th, 2009 |
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Rendir cuentas

A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.
1 Pedro 4:4,5
¿Sabías que Jesús siempre rendía cuentas a su Padre? Aunque era el Hijo de Dios, siempre se dejó llevar por los designios de su Padre, y rendía cuentas de todo cuanto hacía. Para ilustrar esto, el apóstol Pablo uso una frase en Romanos 15:3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo. En toda circunstancia, Jesús siempre buscaba la aprobación divina y se dejaba guiar por la instrucción del Espíritu Santo. Las palabras clave de su vida eran: • No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Es preciso que reconozcamos que Jesús hacía todas estas cosas porque, aunque era Dios, rendía cuenta de todo cuanto realizaba para demostrar una filosofía de vida que desea que adopte cada uno de sus hijos. Además, Dios quiere que entendamos que no solamente hemos de rendir cuentas ante Dios, sino también ante nuestros semejantes.
En algunos versículos, que algunos prefieren evitar,encontramos que la Biblia es muy directa cuando habla de rendir cuentas. Jesús nos recuerda que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (Mat. 12: 36).
Cuando aceptes verdaderamente este concepto de rendir cuentas, te prometo que sucederá algo: Tú cambiarás. Hacer de esto parte de nuestra filosofía de vida cambiará muchísimo la forma en que vivimos.
Si verdaderamente creemos que hay un Dios que observa nuestras acciones y ante el cual un día no muy lejano tendremos que rendir cuentas, debemos genuinamentc cambiar nuestra conducta, nuestra actitud y nuestras palabras.
El creer que toda la Escritura es inspirada divinamente nos exhorta a tomar en serio los versículos que nos recuerdan que hay un Dios que observa cada cosa que hacen sus hijos. Sin embargo, lo cierto es que a muchos de los hijos de Dios no les gusta aceptar que esto sea una realidad. Quizás quisiéramos que este tipo de versículos no estuviera en la Biblia, pero la aceptación de que es así forma parte de humillarnos ante Dios y tomar su Palabra en serio.
Rendir cuentas era una de las maneras en que Jesús obtenía su gozo. Me pregunto si hemos aprendido el gozo de agradar a Dios en todo cuanto hacemos. Quiera Dios que sus hijos vivan hoy una vida que traiga gozo al corazón de nuestro Padre celestial.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 30 2009
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September 29th, 2009 |
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LEA: Colosenses 4:1-12
Siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. —Colosenses 4:12
Antes de que John Ashcroft juramentara como senador, se reunió con familiares y amigos para orar juntos. Mientras todos se colocaban alrededor de Ashcroft, éste vio a su padre intentando levantarse del sofá donde estaba sentado. Como su padre estaba delicado de salud, le dijo: «Está bien, papá. No tienes que levantarte para orar por mí». Su padre respondió, «No estoy luchando por levantarme. Estoy luchando por arrodillarme».
Su esfuerzo me recuerda al que a veces demanda interceder por un compañero creyente. En Colosenses, Pablo se refiere a Epafras como un siervo que estaba «siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Colosenses 4:12). «Rogando encarecidamente» es la traducción de una palabra griega de la que obtenemos nuestra palabra «agonía». Se usaba para describir a los luchadores, que en los juegos de gimnasia griega es esforzaban mucho por vencer a sus oponentes.
Epafras pedía que otros creyentes llegaran a la madurez en su caminar con el Salvador. Nuestra concentración y disciplina debe ser la de pedirle a Dios que venza los obstáculos para el crecimiento espiritual en las vidas de los demás. ¿Estamos dispuestos a rogar «encarecidamente» en oración para que Dios satisfaga las necesidades de nuestros seres queridos?
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September 29th, 2009 |
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Hijos adoptivos de Dios

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!» Romanos 8:15
El texto de hoy tiene un mensaje para todos nosotros. Los cristianos no deben tener «espíritu de esclavitud», es decir, una disposición de ánimo, un hábito o un estado sentimental de temor, tristeza, soledad y desamparo. Los que viven así tienen una sensación de servidumbre. Ese espíritu de esclavitud es el espíritu de servidumbre que en toda la epístola se contrasta con la libertad de los hijos de Dios (6: 6,16,17).
La persona que todavía está bajo la ley y en la servidumbre del pecado está acosada por presentimientos, temores e inseguridades por causa del pecado no perdonado. Pero cuando se recibe el Espíritu Santo termina esa condición desesperada. El Espíritu trae vida y amor y libertad del temor. Tenemos la seguridad de que somos hijos y herederos, no esclavos. Por eso no se admite que el cristiano viva en esclavitud y en temor, porque hemos recibido el espíritu de adopción. Es decir, ahora somos hijos de Dios. Gozamos de los privilegios y garantías de la condición de hijos.
¿Cómo puede un hijo de Dios vivir en temor y en inseguridad? No es posible. Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos. Todos los derechos de los hijos de Dios nos pertenecen. Tenemos un Hermano mayor en quien podemos confiar: nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién no se siente bien y con un santo orgullo al tener un Padre y un Hermano de esa categoría? En nuestra adoración debemos ver a Dios como un verdadero Padre. Como un Padre bueno, comprensivo, amante, paciente y bondadoso.Jesús siempre se refería a Dios como su Padre. Es normal, pues son de la misma esencia; tienen los mismos “genes”; ambos son Dios en la más elevada expresión de ese término. Con reverencia y prudencia, nosotros también podemos decir que tenemos los “genes” espirituales de Dios, porque es nuestro Padre, en el más amplio sentido del término. Gracias a Jesús y su sacrificio supremo en la cruz, podemos disfrutar de este privilegio. ¡Alabado sea Jesús! Porque la creencia en él no deja huérfanos en este mundo. Somos hijos del Altísimo, y seguros herederos de la promesa.
Como padre, uno de mis objetivos es que mis hijos nunca duden del incondicional amor que tengo por ellos. De igual manera, el Padre celestial quiere que te convenzas hoy del amor incondicional que siente por ti. Por eso, no podemos caminar en este mundo como seres humanos derrotados y desamparados, sino como hijos que claman: «Abba, Padre», con profundo sentimiento filial.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 28 2009
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September 28th, 2009 |
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LEA: Colosenses 2:9-17
[Jesús] os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. —Colosenses 2:13
Fue un culto conmovedor en la iglesia. Nuestro pastor habló acerca de cómo Jesús cargó sobre Sí nuestros pecados y murió en lugar de nosotros para recibir nuestro castigo. Preguntó si alguien todavía sentía culpa por pecados confesados y por lo tanto no estaba disfrutando del perdón de Dios.
Habíamos de escribir el (los) pecado(s) en una hoja de papel, caminar hacia el frente de la iglesia y clavarla a la cruz que estaba colocada allí. Muchos avanzaron y durante varios minutos se pudo escuchar el aporreo contra los clavos. Por supuesto que este acto no nos dio perdón, pero fue un recordatorio físico de que Jesús ya había cargado sobre sí esos pecados al ser colgado a la cruz y morir.
Eso es lo que el apóstol Pablo enseñó a la iglesia en Colosas. Las personas se estaban viendo influenciadas por falsos maestros que presentaban a Cristo como si fuera insuficiente para sus necesidades. Pero Pablo explicó que Jesús pagó el precio por nuestros pecados. Dijo: «Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, …quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14).
Si confesamos nuestro pecado a Dios, buscando Su limpieza, Él perdonará (1 Juan 1:9). No tenemos que seguir aferrados a la culpa. Nuestros pecados han sido clavados en la cruz; han sido quitados. Jesús los perdonó todos.
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September 28th, 2009 |
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¿Hay un Saúl en tu vida?

Y dijo Samuel: «¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría». Jehová respondió: «Toma contigo una becerra de la vacada, y di: “A ofrecer sacrificio a Jehová he venido”». 1 Sam. 16: 2
Samuel se había retirado a su casa en Rama, resuelto a no involucrarse más en los asuntos públicos. Quería dedicarse por completo a instruir a los hijos de los profetas. No en vano había sido él el fundador de lo que ha dado en llamarse “escuela de los profetas”.
Sin embargo, Dios envió al viejo profeta a Belén para ungir a uno de los hijos de Isaí, a una persona probablemente desconocida para él. Samuel expresa el peligro que supone el cumplimiento de ese encargo. Preocupado, señaló: «Si Saúl lo supiera, me mataría» (1 Sam. 16:2).
Se puede ver perfectamente que Saúl se había vuelto muy violento y malvado tras anunciársele su deposición; de lo contrario, Samuel no se habría expresado de esa manera.
Al frente del gobierno del país, Saúl representaba una amenaza. Se había tornado en una molestia constante para Samuel, y era para este causa de irritación y de aflicción. La abierta rebelión del rey y su desobediencia a la voluntad de Dios laceraba hasta lo más profundo el corazón del profeta.
Samuel había puesto tanto sus ojos en ese problema llamado Saúl, que la maldad del rey lo tenía aterrorizado hasta el extremo de no fijar sus ojos en Dios y sentirse confiado. Como era de esperar en tales circunstancias, la fe de Samuel se había debilitado; no era tan fuerte como debería haber sido; de lo contrario, no habría temido el furor de Saúl. Dios le ordenó que encubriera su objetivo con un sacrificio: «Di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido» (1 Sam. 16: 2). Y el Señor añade: «Yo te enseñaré lo que hay que hacer» (1 Sam. 16: 3)
A propósito, ¿tienes un Saúl en tu vida? ¿Hay alguien que te irrite constantemente? ¿Un Saúl que procura tu mal? ¿Alguien te pone asechanzas o acecha tu vida? ¿Alguna persona te vigila constante y que te persigue para causarte toda clase de daños?
Como a Samuel, también a ti te dice el Señor: «Yo te enseñaré lo que has de hacer». Los que están haciendo la obra de Dios y andan en sus caminos serán dirigidos paso a paso por el brazo del Todopoderoso y no tendrán nada que temer.
Deja de obsesionarte con tu Saúl. No pienses en hacer justicia por tu propia mano. Vete donde el Señor te indique; haz lo que él te ordene y serás triunfador sobre tus enemigos. No dejes que tu fe se debilite, aunque haya un Saúl en tu vida.
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 27 2009
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September 27th, 2009 |
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Con él no hay fracaso

Añadió David: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo». Y dijo Saúl a David: «Ve, y Jehová esté contigo».
1 Samuel 17:37
Desde muy jovencito, David experimentó, de la manera más profunda, el poder de Dios. En el cumplimiento de su deber como pastor, había arriesgado la vida muchas veces para salvar a sus ovejas. Él mismo dijo que «cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba» (1 Sam. 17: 34,35).
Si estas palabras no las hubiera pronunciado un hombre como David, en momentos tan solemnes, uno diría que aquello no era más que jactancia. Hasta donde sepamos, no hay en nuestros días un solo hombre vivo que pueda hacerle frente a un león con las manos desnudas y matarlo. Para hacer eso se necesitan, por lo menos, dos cosas: valor en toda regla, y fortaleza sobrehumana. ¿Cómo se puede agarrar un león por la mandíbula y desquijararlo? ¿Cómo se puede agarrar a un león por la quijada sin ser alcanzado primero por las garras de cinco centímetros de largo? Con el poder, el valor y la protección que solo Dios puede dar.
Esa experiencia y esa confianza las adquirió David viviendo cada día por fe. No fue una inspiración momentánea. No se sintió capaz por fe en el instante en que vio a Goliat. Cuando llegó el momento de crisis, su experiencia con Dios le dio la seguridad y el valor para decir: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo».
David creía y sabía que Dios, no él, había vencido a los leones y a los osos. Por eso salió a pelear con Goliat con solo cinco piedras y una honda. Sabía que Dios saldría a pelear en su favor. Son emocionantes las palabras que le dirigió al filisteo: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré».
Solo un hombre lleno de fe y carente totalmente de temor puede articular palabras tan bien dichas en la hora de lo que podía haber sido una muerte fulminante. Vivamos como David para poder vencer al “gigante”. Podemos, porque «Jehová lo entregará en nuestras manos».
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 26 2009
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September 25th, 2009 |
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No te quedes en la orilla. ¡Mójate las sandalias!
Y Josué dijo al pueblo:«Santifícaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros». Josué 3:5
Cuando Moisés murió, Dios estableció a Josué como su sucesor. Es emocionante y significativa la ceremonia en que, por orden de Dios, le traspasó el mando: «Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; y puso sobre él las manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado» (Núm. 27: 22, 23).
Debido a la transmisión del liderazgo, el pueblo de Israel necesitaba una señal de que Josué contaba con la aprobación y guía divina para obtener la victoria en la conquista de Canaán. Dios sabía que el pueblo necesitaba una señal y decidió manifestarse en la vida de Josué al cruzar el río Jordán. «Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que, como estuve con Moisés, así estaré contigo» (Jos. 3:7).
Dios ordenó a Josué que los sacerdotes llevaran el arca a la orilla de! río, el cual se había desbordado debido a los deshielos que ocurren cada primavera en el Líbano, donde están las fuentes del Jordán. El pueblo de Israel observó con gran emoción mientras los sacerdotes tomaban el arca y marchaban firmes hacia las turbulentas aguas. ¿Ocurriría lo que Dios había prometido? Sus palabras fueron: «Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón» (Jos. 3: 13).
El río no detuvo su caudal mientras los sacerdotes iban marchando cerca de la orilla. Las aguas solo se detuvieron cuando los sacerdotes mojaron sus sandalias en el agua. Dios esperó hasta que ellos dieran el primer paso. Esperó hasta que mojaran sus sandalias en el agua para revelar su mano poderosa. Dios siempre nos enseña a confiar en él. Nos guía por un camino que parece imposible de transitar; nos lleva a través de circunstancias que no entendemos. Después de todo, si supiéramos exactamente el resultado del camino por el cual Dios nos está guiando, no necesitaríamos fe.
Confiemos en su dirección. Dios espera que des el primer paso de fe. Quiere que te mojes las sandalias para poder mostrarte la grandeza de su poderosa intervención: Avanza por fe en las promesas de Dios y él hará grandes cosas por ti. ¡Mójate las sandalias!
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 25 2009
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September 25th, 2009 |
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LEA: Mateo 6:24-34
Ninguno puede servir a dos señores. —Mateo 6:24
Una apasionante fotografía mostrando a una anciana sentada sobre una pila de basura me hizo reflexionar. Ella estaba sonriendo mientras comía un paquete que había sacado de la basura. Muy poco le hacía falta a aquella mujer para quedar satisfecha.
Se habla mucho acerca de una economía en lucha y el costo de vida más elevado. Y muchos se angustian cada vez más con respecto a su sustento. ¿Será posible prestar atención a la enseñanza de nuestro Señor Jesús en Mateo 6:25: «No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir»?
Nuestro Señor no estaba diciendo que no necesitemos trabajar, o comer, o que no debemos preocuparnos por cómo nos vestimos. Él estaba advirtiendo contra aquellas cosas que se hacen tan importantes que nos convierten en esclavos del dinero para conseguirlas en vez de confiar en Él. «Ninguno puede servir a dos señores», dijo (v.24).
Buscar primero «el reino de Dios y Su justicia» (v.33) es reconocer que no importa cuánto esfuerzo realicemos para lograr una vida mejor para nosotros y nuestras familias; al final es el Señor quien cuida de nuestras necesidades. Y ya que Dios es nuestro Padre celestial, siempre tendremos suficiente.
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September 25th, 2009 |
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Deja que Dios lo sea en tu vida

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
Salmo 46:10
Todos tenemos diversas necesidades que esperamos sean satisfechas, circunstancias que anhelamos cambiar con todo el corazón, peligros de los que necesitamos librarnos. La vida es una constante lucha, y cada uno tiene su versión particular del conflicto de los siglos. Ser cristiano es vivir en combate continuo.
No obstante, ¿sabes cuál es uno de nuestros mayores problemas? ¿Sabes cuál es uno de los errores más comunes que cometemos los cristianos? El error de no dejar que Dios sea el Dios de nuestras vidas. Por alguna razón, tenemos la tendencia irrefrenable a defendernos nosotros mismos, a librarnos nosotros mismos, y a salvarnos nosotros mismos, funciones todas que le corresponden a nuestro Dios. Simplemente, no le permitimos que cumpla sus funciones oficiales: salvarnos de los problemas humanos y sobrehumanos, terrenales y celestiales, presentes y eternos.
¿Cuál es tu primera reacción cuando tienes un problema? ¿Buscar soluciones? ¿Cuál es tu primera reacción cuando afrontas un peligro? ¿Defenderte? ¿Luchar? Es la reacción natural del ser humano. Y, tristemente, la reacción natural también de muchos de nosotros como cristianos. Fue lo que hizo Jacob cuando luchó con el ángel de Jehová. Había orado pidiendo ayuda y liberación. Dios le envió la ayuda y la liberación que había solicitado, pero, cuando sintió la presencia de Dios, lo tomó por enemigo y comenzó a luchar con desesperación. ¿Por qué no discernió que era Dios el que había llegado y no un enemigo? Porque actuó humanamente.
¡Cuánta desesperación y cuántas lágrimas le costaron no permitirle a Dios que fuera el Dios de su vida! Las instrucciones de Dios eran:««Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra» (Salmo 46:10). ¿Por qué no siguió Jacob las instrucciones de Dios? Por la misma razón que no las seguimos nosotros: porque no tenemos toda la confianza que deberíamos tener en nuestro Señor.
¿Tienes problemas para los que esperas una solución? Como el pueblo de Israel frente al Mar Rojo, ¿necesitas urgentemente una salida? Arrodíllate hoy y di: «Señor, confío en ti. Yo sé que mis intereses son los que más importan a tu corazón. Mis penas, mis enfermedades, mis luchas, son tu prioridad. Ayúdame a estar quieto, y esperar confiadamente tu intervención. Aunque las cosas no salgan como yo espero, mantendré mi mente abierta y mi corazón confiado en que tú sigues dirigiendo mis pasos. Ayúdame a confiar implícitamente en ti».
Que Dios te bendiga,
Septiembre, 24 2009
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