INICIO |  ARTISTAS |  CANCIONES |  VIDEOS |  MIEMBROS |  FOTOS |  BLOGS |  RADIO |  EVENTOS |  RESEÑAS | ESTADISTICAS |  TIENDA |  NOTICIAS |  FORO |  DIRECTORIO | AYUDA

Invitación abierta

LEA:  Efesios 2:14-22
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. —Hebreos 4:16
En 1682, Luis XIV hizo de Versalles la capital de Francia y siguió siéndolo (excepto por un corto periodo de tiempo) hasta 1789, cuando París volvió a ser la capital. El bello palacio de Versalles incluía una opulenta Sala de los Espejos de casi 75 metros de largo. Cuando un visitante se acercaba al rey, ¡tenía que hacer una reverencia cada cinco pasos mientras cubría toda la distancia hasta llegar al rey, quien estaba sentado en su deslumbrante trono de plata!

Los emisarios extranjeros que llegaban a Francia se sometían a ese humillante ritual para cortejar el favor del monarca francés hacia su propio país. En contraste, nuestro Dios, el Rey de reyes, invita a Su pueblo a acercarse libremente a Su trono. Podemos venir a Él en cualquier momento —¡no se requiere de audiencias por anticipado ni de reverencias!

¡Cuán agradecidos debemos estar de que nuestro Padre celestial sea muchísimo más abierto! «Porque por medio de [Cristo]… tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:18). Debido a esto, el autor de Hebreos nos insta a «acer[carnos], pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16).

¿Has respondido a la invitación abierta de Dios? Ven con respeto reverencial y gratitud, por cuanto el Dios de este universo está dispuesto a escuchar tus peticiones en cualquier momento.

Los hermanos tentados

LEA:  Génesis 39:1-12
¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? —Génesis 39:9
Dos hermanos, ambos lejos de casa, enfrentaron tentaciones similares. Uno de ellos, que trabajaba lejos de la familia, cayó ante los ardides de una mujer más joven. Su pecado le llevó a la vergüenza y al caos familiar. El otro, separado de sus seres amados debido al caos familiar, resistió los ataques de una mujer mayor. Su fidelidad llevó al rescate y la renovación de la familia.

¿Quiénes son estos hermanos? Judá, quien cayó ante los ardides desesperados de su nuera Tamar, a la que había dejado en el abandono (Génesis 38). Y José, quien huyó de los brazos de la esposa de Potifar (Génesis 39). En un capítulo, se cuenta una fea historia de irresponsabilidad y engaño; y en el otro, una bella historia de fidelidad.

Las historias de Judá y José, las cuales se presentan de manera consecutiva en medio de «la historia de la familia de Jacob» (37:2), nos muestran que la tentación en sí no es el problema. Todos enfrentamos la tentación, incluso Jesús la enfrentó (Mateo 4:1-11). Pero, ¿cómo la enfrentamos nosotros? ¿Demostramos que la fe en Dios puede ser el escudo que nos protege de ceder al pecado?

José nos dio una vía de escape: Reconocer el pecado como una afrenta contra Dios y huir de él. Jesús nos dio otra: Responder a la tentación con la verdad de la Palabra de Dios.

¿Estás enfrentando alguna tentación? Considéralo como una oportunidad para hacer que Dios y Su Palabra sean una realidad en tu vida. Luego, ¡huye!

Consejo para el novio

LEA:  Proverbios 1:1-9
Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre. —Proverbios 1:8
Las habituales despedidas de soltero antes de una boda a menudo se caracterizan por las borracheras y la juerga. La actitud fiestera parece impulsada por la creencia de que el novio pronto se casará y tendrá que adaptarse a una vida de aburrimiento doméstico.

Uno de mis sobrinos se casó hace poco. El padrino planeó una reunión para Joel, pero con una refrescante diferencia. A los invitados se les pidió que se preparasen para compartir algunos pensamientos que le ayudasen en este nuevo capítulo de su vida.

Cuando llegué al desayuno informal, encontré un alegre espíritu de camaradería. Padres, tíos, hermanos y amigos se encontraban animados en una vivaz conversación. Al padre de la novia y al padre del novio se les pidió que compartieran su consejo de lo que habían aprendido en sus propios matrimonios cristianos. Sus pensamientos fueron personales, realistas y bíblicos.

El libro de Proverbios refleja este tipo de consejo proveniente de un mentor al enfrentar los desafíos y las recompensas de la vida. «Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre,… porque adorno de gracia será [ ] a tu cabeza» (Proverbios 1:8-9).

El Señor recibiría mucha más honra si más parejas comenzaran su matrimonio con una actitud que prestara atención a la sabiduría de aquellos que ya llevan más tiempo en el camino de la experiencia.

Nuestro legado

LEA:  Salmo 127
He aquí, herencia de Jehová son los hijos. —Salmo 127:3
Un amigo mío escribió recientemente: «Si muriéramos mañana, la compañía para la que trabajamos podría reemplazarnos fácilmente en cuestión de días. Pero la familia que queda atrás sentiría la pérdida durante el resto de sus vidas. ¿Por qué entonces invertimos tanto en nuestro trabajo y tan poquito en las vidas de nuestros hijos?»

¿Por qué algunas veces nos agotamos levantándonos temprano y yéndonos tarde a descansar, «com[iendo] pan de dolores» (Salmo 127:1-2), atareándonos en dejar nuestra marca en este mundo y pasando por alto la inversión que es más importante que todo lo demás, nuestros hijos?

Salomón declaró: «Herencia de Jehová son los hijos», un legado invalorable que Él nos ha entregado. «Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud» (v. 4) es su asombroso símil. Nada es más digno de nuestra energía y tiempo.

Salomón proclamó que no hay necesidad de «pan de dolores», trabajando noche y día, por cuanto el Señor cuida de nosotros (Salmo 127:2). Podemos darnos el tiempo para nuestros hijos y confiar en que el Señor proveerá para todas nuestras necesidades físicas. Ya sea que se trate de nuestros propios hijos o de los hijos de otros a quienes discipulamos, ellos son nuestro legado perdurable —una inversión que jamás lamentaremos.

Mis dos centavos

Recientemente en nuestro hogar tuvimos que cambiar nuestro proveedor de Internet. Nuestro antiguo proveedor prometió mandarnos lo necesario para que le devolviéramos su módem. Esperamos. No llegó nada. Llamé por teléfono. No llegaba nada, ¡pero sí recibimos una factura del equipo!

Como quería resolver esto, decidí devolver el equipo de mi propio bolsillo. Envié varios faxes preguntando si lo habían recibido, pero no obtuve respuesta. ¡Luego recibí un cheque de reembolso por dos centavos de dólar por el equipo devuelto! Algo así puede ser frustrante. Una transacción simple se complicó por una mala comunicación.

Es triste decirlo, pero tal vez algunas personas en nuestras iglesias encuentren una respuesta impersonal a sus necesidades. Sea que busquen asesoría matrimonial, cuidado infantil, guía para algún adolescente con problemas, o una comunidad amable, les parece que nadie se preocupa por ellos.

La iglesia del primer siglo no era perfecta, pero era fiel al ayudar a los demás. La iglesia en Jerusalén repartía «[sus propiedades y sus bienes] a todos según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:45).

La buena comunicación es el punto de partida para saber las necesidades de los demás. Esto nos permite poder dar ayuda personal y práctica a las personas cuando la necesitan. Los recursos, tanto materiales como espirituales, pueden dirigirse a cada persona como el objeto del amor personal de Dios..

Aliento continuo

El día del Padre se celebra en muchos países alrededor del mundo. Aunque los orígenes, las actividades y el día de observancia en sí difieren ampliamente, todos comparten el hilo común de honrar a los padres por su papel como las personas a cargo de la crianza de sus hijos.

Para el día del Padre de este año, he decidido hacer algo diferente. En vez de esperar a recibir una tarjeta o una llamada telefónica de mis hijos, voy a enviarles palabras de aprecio a ellos y a mi esposa. Después de todo, sin ellos no hubiera llegado a ser un papá.

Pablo instruyó a los padres a ser una parte positiva del desarrollo de sus hijos más que una fuente de ira y desaliento. Escribió. «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4). «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten» (Colosenses 3:21). Estos dos versículos están incrustados en pasajes que tratan acerca de amarse y honrarse unos a otros en las relaciones familiares.

A medida que los hijos crecen, el papel de un padre cambia, pero no termina. La alabanza y el aliento son bienvenidos, ya sea que un hijo tenga cuatro o cuarenta años de edad. La oración siempre es poderosa. Y nunca es demasiado pronto para restaurar una relación rota con algún hijo o hija.

Padres, ahora es un buen momento para decirles a sus hijos cuánto les amáis y les apreciáis.

A la venta: Un alma

Uno pensaría que vender su alma, tal y como Fausto le ofreció la suya al diablo en la obra Fausto de Goethe, es sólo un fragmento de ficción literaria. Sin embargo, con todo lo medieval que parezca, se han dado varios casos de ventas de almas.

La revista Wired informó que un profesor universitario de 29 años logró vender su alma inmortal por 1.325 dólares. Dijo: «En los Estados Unidos, uno puede vender su alma, tanto metafórica como literalmente, y recibir una recompensa por ello». La pregunta ahora es cómo pretende el comprador recoger su adquisición.

No podemos vender nuestra alma literalmente, pero podemos perderla por ganar otra cosa. Tenemos que meditar en la pregunta de Jesús: «¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:26). Nuestras respuestas hoy sólo diferirían de las que se hubieran dado en los días de Jesús en cuanto a aspectos específicos: el mundo, la carne y el diablo. Los deseos que nos cautivan y el hambre desenfrenado de placer, éxito, venganza o cosas materiales ciertamente han asumido muchísima mayor importancia para muchas personas que cualquier consideración de la eternidad.

Nada en la tierra se compara a los regalos de Dios del amor y el perdón. Si los placeres de este mundo te impiden confiar en Jesucristo, por favor, reconsidéralo. No valen el costo de tu alma eterna.

La tierra de la eterna primavera

El ex-presidente del Seminario Bíblico Columbia Bible College en Carolina del Sur, J. Robertson McQuilkin, señaló que Dios tiene un propósito sabio al dejar que envejezcamos y nos debilitemos:

«Creo que Dios ha planificado que la fuerza y la belleza de la juventud sean físicas. Pero la fuerza y la belleza de la vejez son espirituales. Gradualmente perdemos la fuerza y la belleza que son temporales para asegurarnos de que nos concentraremos en aquellas que son para siempre. Y así estaremos ansiosos por dejar la parte de nosotros que es temporal y que se deteriora, y sentiremos verdadera nostalgia de nuestro hogar eterno. Si nos mantuviéramos jóvenes, fuertes y bellos, es probable que jamás quiséramos irnos».

Cuando somos jóvenes y estamos felizmente ocupados con todas nuestras relaciones y actividades, puede que no anhelemos nuestro hogar celestial. Pero, a medida que pasa el tiempo, puede que nos encontremos sin familiares ni amigos, afligidos por una vista deficiente y dificultades auditivas, incapaces ya de saborear la comida, o atribulados por la falta de sueño.

He aquí el consejo que me doy a mí mismo: Sé agradecido de que, tal y como el apóstol Pablo lo escribió en 1 Timoteo 6:17, «Dios… nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» tanto en el verano como en el otoño de la vida. Y regocíjate también de que, con la llegada del invierno de la vida, podemos prever que pronto estaremos viviendo en la tierra de la eterna primavera. —

Riesgo

Cuando nuestros hijos eran pequeños, Risk era uno de nuestros juegos de mesa favoritos. El objetivo era la conquista del mundo. Cada jugador movilizaba sus tropas para tomar posesión de países y continentes. Siempre me divertía ver que la persona que inicialmente lideraba el juego rara vez ganaba. La razón es obvia. Cuando los demás jugadores percibían el orgullo cada vez mayor del líder, se unían contra él.

Ya sea consciente o subconscientemente, es fácil que no nos gusten las personas poderosas con apariencia orgullosa. Su propio semblante parece animar a los demás a lanzarles obstáculos en el camino o ser opositores silenciosos.

En la lectura bíblica de hoy, se nos dice que son siete las cosas que Dios odia. De forma reveladora, la primera es el orgullo. Cuando alguien se sobrevalora a sí mismo infravalorando a los demás, inevitablemente lo revela con su apariencia orgullosa. Hinchado de auto-presunción, también puede crear maldad y sembrar discordia. No es de extrañar que Dios aborrezca las apariencias orgullosas.

Puede que la gente orgullosa y poderosa piense que tiene que preocuparse con lo que piensen los demás, pero no puede ignorar la oposición de Dios. Pedro nos recuerda que no confiemos en nosotros mismos sino en Aquel que nos exaltará «cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6). Al someternos a Él, evitamos el riesgo que el orgullo representa para nuestro carácter, y nos convertimos en siervos de Dios agradecidos y humildes.

Una vida recordada

«Papi, ayúdame». Esas fueron las últimas palabras que Dianne y Gary Cronin le escucharon decir a su hija mientras ésta luchaba por respirar. Kristin, de 14 años, murió repentinamente, justo dos días después de decir que no se sentía bien. Una infección de estreptococo atacó su cuerpo el jueves. Para el sábado, estaba rogando a su padre que la ayudara.

Antes de que Kristin muriera, tenía programado hablar en la iglesia de su familia en Soldotna, Alaska. En el tiempo de Dios, estuve ante la congregación el día después del funeral de la niña.

Kristin era una de esas vivaces adolescentes que amaba a Jesús y vivía para Él —y cuya súbita muerte nos deja con un millón de preguntas.

Debido a que yo había pasado por algo similar al perder a mi propia hija adolescente hacía unos cuantos años, pude ofrecer algo de consejo a esta iglesia asombrada y acongojada. Primero, dije, debemos reconocer la soberanía de Dios. Salmo 139:16 nos recuerda que la vida de Kristin duró el tiempo exacto que Dios quiso. Segundo, le pedí a la iglesia que jamás olvidara a la familia de la muchacha. Sea que pasen dos meses o cinco años, la familia jamás «superará» la pérdida de Kristin. Jamás dejará de necesitar a cristianos que se preocupen y que se acuerden de ella.

En momentos como éste, no olvides que Dios tiene el control y que Él quiere que seamos un consuelo para los demás.

Pages (62): « First ... « 29 30 31 [32] 33 34 35 » ... Last »