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El cristiano pensante

LEA:  2 Corintios 10:1-11
Derribando argumentos y… llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. —2 Corintios 10:5
La biografía que hizo David McCullough de John Adams, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y uno de sus primeros presidentes, describe a éste como «tanto un cristiano devoto como un pensador independiente y no veía conflicto alguno en ello». Esa declaración me deja pasmado, por cuanto conlleva una nota de sorpresa, sugiriendo que los cristianos son de algún modo ingenuos o poco preparados y que la idea de un «cristiano pensante» es una contradicción.

Nada podría estar más lejos de la verdad. Uno de los grandes beneficios de la salvación es que hace que la paz de Dios guarde la mente del creyente (Filipenses 4:7), lo cual puede fomentar el pensamiento claro, el discernimiento y la sabiduría. Pablo describió esto en su segunda carta a la iglesia de Corinto cuando escribió que en Cristo estamos equipados para «derriba[r] argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y lleva[r] cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5).

Pasar un argumento por el tamiz, adoptar la claridad del conocimiento de Dios y alinear nuestro pensamiento con la mente de Cristo son habilidades valiosas cuando se vive en un mundo que carece de discernimiento. Estas habilidades nos capacitan para usar nuestras mentes representando a Cristo. Todo cristiano debe ser un cristiano pensante. ¿Lo eres tú?

QUIEN ERES TU, QUE JUZGAS A TU HERMANA?

 

¿Quién eres tú, que juzgas a tu hermana?

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Santiago 4:11

El apóstol Pablo menciona otra razón por la cual es peligroso juzgar a los demás: «En lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo» (Rom. 2:1). Una razón básica para no juzgar a los demás es porque somos tan pecadores, tan malos y tan dignos de condenación como ellos. Es como si juzgar a otros fuera dos veces malo. En primer lugar, porque juzgar a otros es tomar atribuciones divinas. En segundo, porque hacemos exactamente lo mismo nosotros. Y esto es literalmente así. Hay una ley de la psicología que menciona el Dr. Arthur R. Bietz en una serie de artículos titulada Abordemos la vida de forma integral. Esa ley dice que solo notamos en los demás las faltas que nosotros mismos tenemos. Los que nos parecen intachables cometen otras faltas, tienen otros vicios y son culpables de otros pecados diferentes de los nuestros. Los que nos parecen odiosos por sus defectos lo son, sencillamente, porque tienen los mismos defectos que nosotros. Si no fuera así, no habríamos notado sus faltas.
¡Cuánta razón tiene el apóstol! ¿Quién eres tú, que juzgas a tu hermano? La respuesta tácita del apóstol es: Eres un delincuente. Eres un blasfemo, porque tomas atribuciones que solo Dios puede ejercer. Y luego se agrava el asunto porque el que juzga a su hermano, juzga a la ley de Dios, lo cual es una falta muy grave. «El que juzga parece decir que la ley no se aplica a él. Virtualmente dice que no hay ley que proteja al hermano perjudicado, ni ley que condene su espíritu de crítica». Serio, ¿verdad?
El cristiano humilde sabe perfectamente cuan limitados son su juicio, su conocimiento, su capacidad y su visión. Solo puede ver un aspecto mínimo de las razones, motivos, y actos de su hermano. No puede tener todo el conocimiento que se debe tener para pronunciar un juicio justo, porque eso solo Dios puede tenerlo. Por eso, el cristiano es humilde y nunca juzgará a nadie.
Solo el amor puede tratar a los demás justamente. Porque nunca juzga, nunca pronuncia juicio, nunca condena. Sobre todo, porque el amor «cubre multitud de pecados» (Sant. 5:20).
Demostremos siempre el amor que perdona y olvida, no importa cuál sea la evidencia que veamos de los errores de otros. El que ama siempre acierta. El que no ama siempre se equivoca.
 

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 13 2009

¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aquí!

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Oramos  por ti

Cosas que se dicen en secreto

LEA:  Efesios 4:25-32
Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia. —Eclesiastés 10:12
Algunos dicen que el anonimato es el último refugio de los cobardes. A juzgar por la correspondencia y los comentarios que se me han enviado anónimamente, estoy de acuerdo. Las personas que se esconden detrás de la pantalla del anonimato o de una identidad falsa sienten la libertad de lanzar diatribas iracundas e hirientes. El anonimato les permite ser poco amables sin tener que asumir la responsabilidad de sus palabras.

Siempre que estoy tentada a escribir algo anónimamente porque no quiero que se me identifique con mis propias palabras, me detengo y lo reconsidero. Si no quiero que mi nombre vaya unido a ello, probablemente no debo decirlo. Entonces hago una de dos: o lo tiro a la basura o lo vuelvo a escribir de una manera que sea más útil que hiriente.

Según Efesios, nuestras palabras deben edificar e impartir gracia (4:29). Si no estoy dispuesta a usar mi nombre, hay razones para creer que mi motivo es herir en vez de ayudar.

Siempre que estés tentado a decir algo en secreto —tal vez a algún familiar, un compañero de trabajo o a tu pastor— considera por qué no quieres que se identifique tu nombre con tus palabras. Después de todo, si no quieres eso, probablemente Dios tampoco lo quiere. Él es tardo para la ira y grande en misericordia (Éxodo 34:6) y nosotros debemos ser igual.

PARA BIEN O PARA MAL

Para bien o para mal

Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina. Proverbios 12:18

¡Qué actividad tan penosa e indigna es andar en chismes! No solo penosa e indigna, sino peligrosa y maligna. ¿Por qué insistir en el mal que ocasiona una persona que anda en chismes? Todos sabemos que es incalculable: siembra rencillas entre parientes y vecinos, es como un revendedor que toma el chisme de una casa y lo lleva a la otra. La persona que anda en chismes es peligrosa para el mundo y para la iglesia.
Dios estableció una legislación para detener esta peligrosa actividad entre su pueblo: «No andarás chismeando entre tu pueblo» (Lev. 19: 16). «Es decir, propagar rumores dañinos, ya sea porque no son ciertos, o porque perjudican a la persona implicada. Los rabinos enseñaban que eran tres los pecados que quitarían al hombre de este mundo y lo privarían del mundo futuro: idolatría, incesto y homicidio, pero que la calumnia era peor que estos, pues mataba a tres personas a la vez: al calumniador, al calumniado y al oyente. Es más efectiva que una espada de doble filo».
Chismorrear es cosa seria. Y no creas que solo es chismoso el que dice una mentira; también lo es quien transmite con ánimo calumnioso un caso verdadero. Y también es mentiroso y calumniador quien le hace caso y le presta oídos generosos.
El chisme implica complicidad secreta. El chismoso solo se siente cómodo cuando puede actuar encubierto. El sabio Salomón advierte al cristiano que no debe entremeterse «con el suelto de lengua», otra designación de infamia. Sobre este asunto del chisme es muy interesante lo que escribió E. Cabannau, bajo el título “Mi nombre es… ¡chisme!”: «No tengo respeto por la justicia. Mutilo, pero sin matar. Rompo corazones y arruino vidas. Soy astuto y malicioso, y gano fortaleza con la edad. Mientras más se me cita, más se me cree. Florezco en todos los ámbitos de la sociedad. Mis víctimas están indefensas. No pueden protegerse de mí, porque no tengo nombre ni cara. Seguirme es imposible, porque me oculto en la multitud y en la oscuridad. Una vez que mancho una reputación, nunca vuelve a ser como antes. Derribo gobiernos y destruyo matrimonios; arruino carreras y provoco noches de insomnio, dolores en el corazón y pena. Hago que las personas inocentes lloren en su almohada. Llego a los titulares de los diarios y provoco angustia».
Sigamos hoy el consejo y la ley de Dios.

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 13 2009

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Oramos  por ti

 

Dejar ir

LEA:  Filipenses 3:3-11
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. —Filipenses 3:7
Se ha dicho que «la basura de una persona es el tesoro de otra». Cuando David trató de ayudar a sus padres a limpiar su casa de «artículos innecesarios» antes de que se mudaran a otra menor, encontró esta tarea muy difícil. A menudo se enfadaba cuando sus padres se negaban a separarse de cosas que no habían usado durante décadas. Finalmente, el padre de David le ayudó a entender que incluso los artículos desgastados e inútiles estaban ligados a personas o vivencias importantes. Deshacerse de los cachivaches era como borrar sus propias vidas.

Nuestra renuencia a guardar los cachivaches en nuestros hogares puede ser un paralelismo espiritual con nuestra incapacidad para limpiar nuestros corazones de las actitudes que nos agobian.

Durante muchos años, Saulo de Tarso se aferró al nivel de «rectitud» que había logrado al obedecer la ley de Dios. Su linaje y desempeño eran posesiones muy preciadas hasta que tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:1-8). Cara a cara con el Salvador resucitado, renunció a su tan atesorado esfuerzo propio y más tarde escribió: «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Filipenses 3:7).

Cuando el Espíritu Santo nos insta a soltar una actitud a la que nos aferramos y que nos impide seguir a Cristo, encontramos verdadera libertad al dejarla ir.

Cuando criticar no es pecado

Y dijeron: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?» Y lo oyó Jehová. Números 12:2

María y Aarón criticaron a Moisés, «el hombre más manso de la tierra». El nombre de María está primero y el verbo hebreo está en género femenino y en singular, lo cual quiere decir que fue María la que inició la crítica. No fue ni la primera ni la última crítica que recibió el varón de Dios, pero fue la que recibió la desaprobación divina de inmediato. ¿Por qué? Porque el Señor quería que sirviera como advertencia para el pueblo de Dios. El texto sagrado dice: «¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue» (Núm. 12: 8, 9).
María fue severamente castigada por Dios: quedó «leprosa como la nieve» (Núm. 12: 10). Dios dijo que el castigo que le daba era semejante al que recibía una hija cuando era reprendida severamente por su padre. Pero el castigo de María fue más grande: Dios «se fue» (12: 9) del campamento. María fue echada del campamento y «tan solo cuando quedó desterrada del campamento volvió el símbolo del favor de Dios a posarse sobre el tabernáculo» . Todo el pueblo de Israel se detuvo siete días en el mismo lugar para esperarla. Todos supieron la causa de su castigo. «Entonces, humillado hasta el polvo el orgullo de ambos, Aarón confesó el pecado que habían cometido» .
«El que impuso a ciertos hombres la pesada carga de ser dirigentes y maestros de su pueblo, hará a este responsable de la manera en que trate a sus siervos. Hemos de honrar a quienes Dios honró, el castigo que cayó sobre María debe servir de reprensión para todos los que, cediendo a los celos, murmuren contra aquellos sobre quienes Dios impuso la pesada carga de su obra». Si crees que tu dirigente ha cometido un error, díselo. Hazlo con oración, con humildad y constructivamente; cara a cara, nunca a sus espaldas. Dilo a la persona afectada, en privado, no en público. No lo compares con otras personas. No juzgues sus intenciones. Critica los hechos reales. Si no lo comprendes todo bien, no critiques. Procura ponerte en los zapatos de la persona criticada.
Si eres tú el criticado, sigue el ejemplo de Moisés. Si tienen razón, escúchalos. Si no, deja que Dios te defienda, a su tiempo y a su modo. Él hace mejor las cosas.

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 13 2009

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Oramos  por ti

LO QUE EN REALIDAD BUSCAS

Lo que en realidad buscas

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Romanos 8: 6

Creo que Dios nos ve con infinita compasión al ver nuestros frenéticos esfuerzos por alcanzar la vida “de éxito” que tan deseable nos parece. Aunque el significado de esa esperanza varía de persona en persona, todos la asociamos con el gozo, la felicidad, la independencia financiera y la libertad de otras de las necesidades que tenemos. ¡Cuánto afán para obtener más riqueza, un estatus más alto, o conseguir mayor seguridad!
Otros buscan, con el mismo afán, y a veces con los mismos métodos, la vida “de éxito espiritual”. ¡Qué despliegue de ministerios, actividades y proyectos de servicio! Pero la raíz, es decir, la motivación, para el esfuerzo es el mismo: todos queremos una vida llena de paz.
Por desgracia, el mundo nos incita a luchar por muchas cosas, sin tomar el tiempo necesario para examinar la verdadera necesidad que tiene nuestro corazón. La necesidad innegable del corazón de todo ser humano es la paz. Debemos luchar siempre para superarnos en nuestra vida, pero debemos detenernos para reconocer lo que en realidad buscamos, pues, de lo contrario, nuestros esfuerzos nunca darán como resultado la paz que tanto anhelamos.
La falta de paz es, antes que nada, el resultado de un alejamiento de Dios, es decir, una condición pecaminosa. Cuando Adán y Eva decidieron reemplazar la voluntad de Dios por su propia voluntad, el pecado entró al mundo, y la verdadera paz se alejó de la vida del ser humano.
Nunca obtendremos paz a través de los cambios políticos. Nunca podremos comprar la paz, o crear un ambiente de paz, cambiando las cosas que nos rodean. La verdadera paz tiene su génesis en el perdón de los pecados a través de la fe en Jesucristo; y esta paz inunda cada vez más nuestro ser al someter nuestra vida al Espíritu Santo. Como dijo el salmista, «Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo» (Sal. 119:165). Y San Pablo dice lo mismo en Filipenses 4:4-7: «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». En este contexto, los pasos para la paz son: (1) regocijarnos en el Señor, (2) regocijarnos mas, (3) ser corteses o actuar con gentileza, (4) reconocer que el Señor está cerca, (5) desechar toda ansiedad, y (6) orar por todo y por todos con un corazón lleno de perdón y agradecimiento.
Jesús prometió que todos los que practican esto recibirán una paz que trasciende a todo el entendimiento de este mundo.

 Dios te bendiga; es mi deseo y oración,

Febrero, 04 2009

¡Cristo ya viene… ya viene por ti!

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Oraremos  por ti.  

ES PECADO DUDAR?

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¿Es pecado dudar?

    

Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”. Lucas 7:20
 

Cómo es posible que un hombre de la estatura espiritual de Juan el Bautista haya dudado? Si escuchó la voz de Dios confirmando que Jesús era su Hijo amado, ¿por qué tiempo después dudó de que lo fuera?
No hay excusa ni justificación para la duda de Juan el Bautista, pero sí hay una explicación: Seguramente el aislamiento y la soledad de la oscura celda abrumaron su mente y agotaron su resistencia espiritual. Además, no comprendía totalmente la misión del Salvador; por eso no comprendía su actitud. Muchas preguntas sin respuesta abrumaban su alma: ¿Por qué Jesús no se da a conocer como el Mesías? ¿Por qué no busca el apoyo de los dirigentes de la nación? ¿Por qué no ha venido a visitarme ni antes ni ahora que estoy prisionero? ¿Y si no es el Hijo de Dios? ¿Y si no es el Mesías? ¿Y si no salgo de la prisión?
Afligido y abrumado por estas preguntas sin respuesta, envió una comisión a entrevistarse con el Salvador. La pregunta que debían pedirle que contestara era muy significativa: «¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?»
La duda no es pecado, pero los cristianos no deben permitir que la duda anide en su mente, porque, aunque no sea pecado, la duda conduce al pecado. ¿Qué hace que un cristiano dude? El pecado y la culpa pueden llevarlo a pensar que Dios no está de su lado. También la influencia negativa de otras personas puede inducirlo a dudar. Los fracasos pasados y las expectativas equivocadas para el futuro conducen a la duda. Pero la razón principal por la cual muchos cristianos dudan es porque no tienen un conocimiento experimental de Dios en su Palabra.
Para vencer la duda y ser fuerte y valiente, el cristiano debe llevar grabadas en lo más profundo de su corazón y de su mente las verdades eternas de la Palabra de Dios. Eso significa mucho más que una lectura casual de la Biblia. Significa leerla, estudiarla, escudriñarla y reflexionar en su significado. Es preguntarle al Señor: «Padre, ¿qué me dices personalmente en este pasaje? Muéstrame cómo aplicar estas verdades a mi vida». No hay nada mejor para fortalecer la fe que conocer la Palabra de Dios. Ruega al Señor en oración que te ayude a vencer cualquier sombra de duda que se haya levantado en tu mente. Cree que Dios dirige tu vida y que dirige a su iglesia. Cree que al final todo saldrá bien.

Que Dios te bendiga,

Septiembre, 07 2009

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Oramos  por ti

Dejando un legado

LEA:  Deuteronomio 6:4-9
Y las repetirás a tus hijos, …estando en tu casa, y andando por el camino. —Deuteronomio 6:7
Recientemente mi nieto Álex me acompañó mientras hacía unos recados. Inesperadamente me preguntó: «Abuelo, ¿cómo recibiste a Cristo como tu Salvador?» Conmovido, le conté acerca de mi conversión cuando era un niño. Alex seguía interesado, así que describí para él cómo su bisabuelo había llegado a la fe. Esto incluyó un breve resumen de cómo sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, su resistencia inicial al Evangelio y cómo su vida cambió después de hacerse cristiano.

Posteriormente recordé nuestra conversación cuando leí un pasaje de la Biblia que hablaba acerca de la fe que se transmitía de generación en generación. En Deuteronomio, Moisés instruyó a los israelitas a que se tomaran a pecho las verdades de Dios y las compartieran con la siguiente generación como una manera de vivir: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarse, y cuando te levantes» (6:6-7).

La crianza bíblica no es garantía de que se tendrá una descendencia piadosa. Pero, cuando vemos interés espiritual en la siguiente generación, podemos cultivar conversaciones vitales acerca de la Palabra de Dios. Éste puede ser uno de los más grandes legados de un padre o un abuelo.

UN PACTO ANTI CHISME

 

Un pacto anti chisme

El que anda en chismes descubre el secreto; más el de espíritu fiel lo guarda todo. Proverbios 11:13Uno de los sujetos más peligrosos para los individuos y para la comunidad es el que anda en chismes y divulga todos los secretos que se le confían, y los rumores que escucha. No hay peste tan dañina como la de esta clase de personas. Promueven discordias y ocasionan odios entre vecinos y parientes, y son causa de los peores males. El mal que esta clase de personas puede hacer es incalculable. Encienden rencillas entre parientes y vecinos, y siembran indisposición entre hermanos en la fe, esposos, compañeros de trabajo, pastores, parientes y amigos. Según investigaciones realizadas, el chisme parece ser más poderoso que los hechos comprobados. Afecta la opinión que se tiene sobre el acusado e influye en el comportamiento social hacia la persona objeto del rumor. Se ha comprobado que se despierta un espíritu de hostilidad hacia las personas de las que escuchamos cosas negativas, y es fácil que se pierda todo sentimiento de generosidad hacia ellas.
En 1752 un grupo de metodistas, que incluía a John Wesley, firmó un acuerdo que todos colgarían sobre la pared de sus despachos y escritorios. Ese acuerdo, formulado en seis artículos, comprometía a sus signatarios a lo siguiente:

  1. No escucharemos ni preguntaremos nada a propósito de cosas malas que conciernan a otros.
  2. Si oímos algo malo de otra persona, no estaremos dispuestos a creerlo.
  3. Tan pronto como sea posible, comunicaremos lo que oímos, por escrito o de forma verbal, a la persona en cuestión.
  4. Hasta tanto lo hayamos hecho, no recibiremos ni diremos una sola sílaba de esto a nadie más.
  5. Tampoco lo mencionaremos a ninguna otra persona después de comunicarlo a la persona afectada.
  6. No haremos excepción a ninguna de estas reglas.

Con la ayuda de Dios, procuremos decir y escuchar solamente cosas buenas y positivas de los demás. Hagamos un pacto anti chismes en nuestra iglesia. En todo caso, dado que no podemos hacer nada si los demás no están dispuestos a firmarlo, firmemos nosotros el voto anti chismes de John Wesley, porque eso es lo que debe hacer toda persona cristiana.Que Dios te bendiga,Septiembre, 13 2009¡Jehová, va a cambiar, tu historia hoy aquí!Si tienes un pedido de oración envíalo a cieloestrellaazul@hotmail.com Oramos  por ti

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